Capítulo 85
VACÍO
A l estómago de Jake no dejaban de rugirle las tripas.
Esta era solo su segunda vigilancia y no había previsto el hambre que llegaría a pasar.
De hecho, ni siquiera había previsto cuánto tiempo se vería obligado a esperar el regreso de Liam.
El hombre se había comportado como un fantasma durante todo el día.
No estaba con sus amigos, ni con su familia, ni en ninguno de sus lugares habituales.
Jake incluso se había pasado por el pub y, aun así, no había tenido suerte en su búsqueda.
Hasta ahora.
Jake observó con avidez cómo Liam y la reportera de BBC News, Tanya Smile, entraban en el bloque de pisos de Liam.
Él estaba sentado a unos cuarenta metros, en el aparcamiento frente al edificio, oculto a la sombra de un árbol que se cernía sobre él.
Entre las manos sostenía una de las cámaras profesionales de Elizabeth, equipada con el objetivo que le había comprado después del nacimiento de Ellie.
Era el que ella había utilizado en la universidad para ayudarse a obtener su matrícula de honor.
Tenía instrucciones estrictas de no dañarla; si lo hacía, tendría que reponérsela, un gasto que, desde luego, no podía permitirse.
Jake apuntó con el objetivo a los dos perfiles, hizo zum y disparó.
—Te cacé —susurró para sí mientras apartaba la cámara de su rostro—. Ahora ya sabemos quién ha estado vendiendo nuestros secretos a los lobos hambrientos.
En cuanto desaparecieron de la vista, Jake saltó de su vehículo y cruzó el aparcamiento sigilosamente, caminando con ligereza y manteniendo el cuerpo agachado.
Menos de una hora antes, Charlotte le había dado luz verde para acceder a los coches de Liam y Drew por cualquier medio necesario.
Junto al maletero del coche de Liam, se puso un par de guantes desechables, sacó del bolsillo un juego de ganzúas y herramientas de apertura y empezó a forzarlo.
Bajo el látex, sus dedos manipularon la cerradura hasta que finalmente cedió y el portón se abrió. Había entrado, y le había llevado menos tiempo de lo esperado; mientras esperaba, había practicado con su propio maletero y, con la escasa luz, le había costado varios minutos.
Una pequeña luz roja incandescente se encendió dentro del maletero, iluminando todo su contenido.
Allí vio una bolsa reutilizable de Tesco, llena de botellas de agua con gas, una barra antirrobo para el volante y un mapa de carreteras de la AA.
Escondida bajo el mapa asomaba la esquina de otra bolsa de plástico.
Levantó el mapa y descubrió los dos cigarrillos que había divisado antes, guardados dentro de dos bolsas de pruebas.
En las esquinas superiores de las bolsas había etiquetas adhesivas.
Cada una había sido marcada, firmada y fechada por el propio Liam.
Jake dejó de respirar por un momento mientras encajaba las piezas de lo que todo aquello significaba.
Ahora se confirmaba que Drew y Liam habían sido cómplices en el accidente de Garrison.
Los cigarrillos eran las pruebas que Charlotte y él necesitaban.
Pero ¿por qué estaban precintados en bolsas de pruebas y preparados para que pareciera que se habían encontrado en la escena del crimen para ser presentados como pruebas del caso?
La respuesta no tardó en formarse en la mente de Jake.
Era un seguro de vida para Liam. Por si acaso necesitaba usarlos contra Drew. Por el motivo que fuera.
Jake cerró el maletero en silencio, se dirigió a la parte delantera del coche, forzó la cerradura y se sentó en el asiento del conductor.
Echó un vistazo rápido al contenido de la consola central.
No había nada allí, salvo una botella de Pepsi a medio beber y una bolsa de sándwich vacía.
Tras considerarlo despejado, se inclinó hacia la guantera.
Antes de abrirla, tragó saliva, temiendo lo que pudiera haber al otro lado.
La abrió y luego suspiró profundamente.
Vacía.
Una parte de él se sintió aliviada, aunque la otra había esperado que hubiera algo dentro que pudieran utilizar para acumular pruebas contra él. Quizá un arma, o un paquete de droga, o un fajo de dinero en efectivo; tal vez incluso un teléfono prepago que contuviera toda su actividad ilícita.
Un sonido a lo lejos le distrajo: una rama cayendo al suelo o rompiéndose bajo los pies de alguien. Asustado, con el pulso acelerado, cerró la guantera, salió del coche y volvió a cerrarlo con llave. Luego regresó apresuradamente a su propio vehículo y puso rumbo a la comisaría.