Capítulo 42
CONECTADOS
J ake no se había molestado en avisar antes de emprender el viaje de noventa minutos a Guildford. No tenía sentido. Quería hablar con ella en persona. Cara a cara. Y si ella sabía que él iba de camino, podría asustarse y desaparecer del mapa como había hecho el día anterior.
Las nubes se tragaron el cielo y un ligero repiqueteo de lluvia había empezado a caer sobre el sur de Inglaterra. Estaba sentado en su coche, frente a la casa de Danika, observando con fervor el ventanal. A pesar de la lluvia, vio movimiento.
Jake hizo una llamada. Danika respondió al segundo tono.
—¿Tanner? —Su voz sonaba sibilante, como si estuviera resfriada—. ¿Eres tú?
—Sí, soy yo. ¿Tienes un momento para hablar?
—Euh... Sí. ¿Qué pasa?
—Necesito hablar contigo en privado.
—¿Cómo de privado?
—Privado nivel Danny Cipriano.
Hubo un momento de silencio.
—Sí, no hay problema. Podemos hablar de ello ahora si quieres.
Jake mantuvo los ojos clavados con fijeza en la casa.
—No, no pasa nada. Me pasaré por allí.
Colgó el teléfono y esperó. En menos de un minuto, la puerta principal se abrió y Danika —que parecía nerviosa y presa del pánico— salió apresuradamente de la casa. Se quedó paralizada a mitad de camino al verlo a él, devolviéndole la mirada. Jake bajó la ventanilla.
—Sube.
El sonido de la puerta del acompañante al cerrarse resonó en el interior del coche y luego desapareció, sustituido por el silencio. Jake sentía las manos pegajosas; una mezcla de ira, adrenalina y miedo le recorría el cuerpo. Su pecho subía y bajaba con pesadez, empeorando por momentos.
—¿Ibas a alguna parte? —le preguntó.
—¿A qué viene tanto misterio, Jake? —preguntó Danika, sorprendentemente animada y llena de entusiasmo, restándole importancia con una risa como si no pasara nada. Pero Jake se dio cuenta enseguida. Estaba nerviosa. Y tenía motivos de sobra para estarlo.
—Creo que ya lo sabes, Dan.
—¿Qué decías de Danny?
—Está muerto.
Ella se llevó la mano a la boca y soltó un pequeño grito ahogado. —Dios mío. Yo no...
—Déjate de chorradas, Danika. —Jake apretó el volante hasta que se le blanquearon los nudillos—. Lo sé todo. Cómo ayudaste a Bridger a sacarlo de la prisión preventiva convenciendo a la fiscalía para que desestimaran el caso y todas las pruebas. Y sé que sabes algo sobre quién lo mató.
—Jake... —Le puso una mano en la rodilla. Sus ojos, y su rostro , se veían cansados y desgastados—. No sé quién lo mató. Te lo prometo.
—¿Pero admites todo lo demás?
—No fui yo. Fue Bridger. Él... él me obligó. Me intimidó.
—Podrías haber dicho que no.
—Sigues siendo ajeno a tu propia ignorancia, ¿verdad? Ahora estoy metida con gente peligrosa. No sé en quién puedo confiar. No sé qué sitio es seguro ni qué puedo hacer sin riesgo. Me han arruinado la vida solo porque acepté meterlos en la WPS. Pero ahora me tienen atrapada y no tengo salida.
—¿Por qué dejas el servicio?
Ella ignoró la pregunta. —Esa gente se enterará de cualquier cosa sobre ti. Descubrirán cada mentira que hayas contado, cada error que hayas cometido, cada persona a la que hayas querido... y lo usarán todo en tu contra para conseguir lo que quieren. Y nunca hay oportunidad de salir.
—¿Con qué te tenían chantajeada, Dan?
Ella se giró y miró hacia adelante, a través del parabrisas.
A medida que pasaba el tiempo, las lágrimas empezaron a asomar a sus ojos.
—No sabes lo que es. Cuando perdí a mis hijos, algo murió dentro de mí.
Y todavía me mata un poco más cada día. ¿Y sabes qué usaba para mitigar el dolor? Alcohol y drogas.
Jake frunció el ceño, pero no interrumpió el relato de Danika.
—Mucho de ambas cosas. Pero entonces Bridger se enteró.
Me dijo que necesitaba un favor y que, a cambio, mantendría la boca cerrada.
Una de sus condiciones fue que buscara ayuda médica; me quería fuera de las drogas y la bebida hasta que todo estuviera solucionado.
No podía arriesgarse a que una noche me emborrachara y hablara de algo que debía ser secreto.
Me advirtió de lo que pasaría. Presenté mi dimisión porque no podía más.
Mantener la fachada de detective feliz. No podía recibir la ayuda que necesitaba. Soy un riesgo. Soy un peligro.
—¿Has vuelto a consumir?
Ella se secó una lágrima. —No he sentido dolor en meses, Jake. Me obligué a no sentirlo. Siempre viviré con miedo.
—¿Por qué no me contaste nada de esto, Dan? Podrías haber acudido a mí, haber confiado en mí...
—Te largaste. —La voz de Danika estaba cargada de tanto veneno que él retrocedió un poco—.
Te pediste el traslado a Stratford y me dejaste sola en Surrey, solo para quedar como el puto alumno estrella.
No lo sabías, pero te necesitaba. Todavía te necesito.
Pero es demasiado tarde. Van a venir a por mí como hicieron con Danny...
—Danika... —A Jake se le formó un nudo en la garganta e intentó tragárselo sin éxito—. Dime con quién estabais tratando tú y Bridger. Sus nombres. Qué aspecto tienen. Quiénes son. Puedo ayudarte.
—Nunca vi ninguna cara. Nunca supe ningún nombre. Solo trataba con Elliot. No sé nada sobre La Cábala, Jake. Y sé que por eso has venido de verdad.
—Pero lo sabes todo sobre los hermanos. Debes de haberte reunido con ellos, hablado con ellos. ¿No te dijeron nada?
—Eso es lo que hizo que mataran a Danny.
—¿Y qué hay de Michael? ¿Dónde está? Necesito hablar con él.
—No.
—¿Sabe Bridger dónde está?
Ella negó con la cabeza. —Él se mantuvo al margen de todo eso. No quería tener nada que ver.
—Entonces dímelo tú. Ayúdame para que podamos ayudarle a él. Si Danny sabía cosas, él también las sabrá. Podemos ayudar a zanjar este asunto.
—¿Quiénes somos «nosotros»?
Jake hizo una pausa, tragó saliva y luego se lamió los labios. Lo había vuelto a hacer.
—¿Qué has hecho, Jake?
—Tengo a un agente encubierto de la DPS ayudándome.
Creo que esto —esta red de corrupción— se extiende por todas partes.
Está conectada con mi equipo en Stratford.
Estamos trabajando en el asesinato de Danny ahora, pero lo están encubriendo.
Y necesito asegurarme de poder hablar con Michael antes de que le pase algo.
Solo necesito que me des su dirección. Nada más. Es todo lo que pido.
Danika se giró lentamente hacia él; se le volvieron a humedecer los ojos y se le dilataron las pupilas. —Si te lo digo, te conviertes en cómplice. Y cuando se enteren, te encontrarán. Y te harán exactamente lo mismo que le han hecho a Danny.
—No si la DPS me protege. Puedo detener...
—Nadie puede protegerte.
—Al menos déjame intentarlo.
Danika vaciló durante lo que pareció una eternidad. El silencio era profundo y parecía arrastrar a Jake al abismo con ella.
—La dirección de Michael. Es todo lo que pido —insistió él—.
Eres la única que la sabe. Eres la única persona a la que podía acudir, la única en la que podía confiar.
Eres la única persona que puede ayudar a Michael a sobrevivir.
Soy uno de los buenos, ¿recuerdas? Puedo llegar hasta él primero. Puedo protegerlo y mantenerlo con vida.
Danika bajó la vista hacia su regazo y jugueteó con sus dedos; luego se limpió los mocos de la nariz y sorbió con fuerza.
A regañadientes, le dio la dirección.