Capítulo 22
Estamos volviendo hacia mi coche y no consigo dejar de pensar en lo sorprendente que ha sido esta cena, en lo sorprendente que es ella.
No seré hipócrita diciendo que no me gustaría follar con ella.
Claro que me gustaría. Es una mujer bellísima, educada, gentil, sexy y con unas curvas que dejarían a cualquier hombre rendido a sus pies, pero el hecho es que me ha intrigado.
Ha sido incluso mejor de lo que esperaba.
No puedo dejar de pensar en lo que me dijo después sobre que hacía mucho tiempo…
¿Será que hacía mucho tiempo que un hombre no la tocaba?
No puedo creer que una mujer como esta no sea tocada siempre.
De todas formas, me sentiría orgulloso de ocupar ese lugar en su vida.
Le abro la puerta del coche y me acomodo en el asiento del conductor. Seguimos el camino hasta su casa hablando de temas aleatorios, e incluso eso fluye muy bien. Le cojo la mano durante el trayecto y veo una sonrisa preciosa cobrar vida en su rostro.
—Listo, entregada. —Aparco el coche y salgo para abrirle la puerta.
—Ah, gracias por la cena y por la noche. —Sonríe un poco avergonzada. Le pongo la mano en la barbilla y acerco mi rostro al suyo. Le doy un beso suave en los labios.
—El placer ha sido todo mío. —Susurro en su oído—. Me gustaría volver a verte, Sarah. ¿Almuerzas conmigo mañana? —Veo su mirada de sorpresa. Confieso que no lo había planeado antes, pero siento casi una necesidad de tenerla cerca.
—Hum, sí, me encantaría. Puedo encontrarte en el restaurante. —Habla.
—De ninguna manera. —Frunzo el ceño—. Iré a buscarte mañana a las doce, insisto. —Dejo claro desde el principio que no aceptaré otra forma.
—De acuerdo, hasta mañana. —Se despide y la atraigo para otro beso antes de que entre en su casa.
La veo marcharse y siento que una tristeza se instala en mí. Me habría encantado que hubiera venido a casa conmigo. Pensé en pedírselo después de todo, pero algo me dijo que no era el momento.
Sarah me intriga. Es delicada, tímida, pero al mismo tiempo atrevida, curiosa y auténtica, por no hablar de misteriosa. A todas las mujeres con las que he salido les gusta hablar todo el tiempo de ellas mismas, de lo que les gusta, lo que esperan, lo que hacen, pero ella no.
Percibí cómo el tema de la ONG y las causas sociales es importante para ella. Era evidente en su forma de hablar y en el brillo de sus ojos cuánto le importaban sus pacientes. ¿Será que existe un motivo más? ¿Pero cuál podría ser? No tiene mucho sentido, puede que sea solo impresión mía.
Regreso a casa y voy a darme una ducha antes de dormir.
No voy a conseguir dormir con la polla así.
Estoy loco imaginando cómo debe de ser estar dentro de ella y necesito liberar esta tensión.
Me masturbo pensando en su boca, en su cuerpo, en su forma de gemir diciendo mi nombre.
No tardo mucho y me corro con fuerza. Ahora por fin puedo intentar descansar.
Paso toda la mañana despachando algunos asuntos con mi secretaria y revisando las reuniones de esta semana.
Consigo adelantar bastante trabajo porque he llegado muy temprano hoy.
Sabía que, si quería almorzar con calma y aprovechar mi tiempo con Sarah, tendría que dejarlo todo en orden para estar más tranquilo, sin demasiadas obligaciones.
Por más que haga mi propia agenda, soy extremadamente responsable, jamás dejo que se me pase un plazo. Como CEO de la empresa, mi imagen tiene que ser el ejemplo para los empleados, y por eso soy exigente y puntual con mi equipo.
Apago el ordenador, cojo el ascensor y salgo de mi oficina.
El coche está en la puerta, como siempre, pero cuando voy a entrar, recuerdo que hay una floristería en la esquina y decido comprar flores para llevarle.
Sé que a las mujeres les gusta ese gesto y acabo de descubrir que soy romántico.
Quiero agradarla, hacer que se sienta más cómoda conmigo.
Aviso al chófer de que vuelvo enseguida y voy personalmente a comprarlas.
—Buenos días. Me gustaría comprar un ramo de flores, por favor. —Hablo con una dependienta jovencita, con una cara muy simpática.
—Ah, claro, voy a ayudarte. ¿Cuál es la ocasión? —Deja de tocar un arreglo y viene hasta mí.
—Una cita.
—Perfecto. Sé muy bien lo que debe llevar. Un minuto y se lo preparo. —Se lo agradezco y espero mientras trae un ramo bellísimo.
—Gracias. —Hago el pago y vuelvo confiado al coche que me está esperando.
Debido a mis compromisos, prefiero que el chófer esté presente para facilitar las cosas y no tener que pensar en el coche. Aviso de que estoy llegando a través de un mensaje.
Durante el trayecto, mirando el ramo en mis manos, pienso en cuánto está removiendo esta mujer dentro de mí.
No soy muy de abrirme, soy más reservado, así que nunca he salido así con alguien durante varios días seguidos, nunca tuve ese interés antes.
Me gusta dar tiempo al tiempo, pero con ella siento una necesidad contraria.
Quiero verla todo el tiempo, quiero desvelar sus capas.
Es como un desafío para mí conocerla por completo.
Llego puntualmente a las doce. Bajo del coche para esperarla y, cuando la veo pasar por la puerta de su casa en mi dirección, el corazón se me acelera. Esta mujer me vuelve loco. Abro una sonrisa que aumenta cuando ella me la devuelve.
—Estás maravillosa. —Lo digo cuando nos acercamos. Lleva un conjunto blanco de falda corta con un chaleco. Muy elegante y sexy, como ella.
—Gracias. —Se acerca para saludarme con un beso en la mejilla, pero ni de coña. Me giro y la beso en los labios.
—Ahora sí. ¿Estás lista? —Pregunto.
—Sí, podemos ir. —Habla y entonces recuerdo que aún no le he dado el ramo que he comprado. Lo he dejado dentro del coche.
—Ah, casi se me olvida, un segundo. —Abro la puerta del coche y cojo el arreglo, lo coloco detrás de mí para poder sorprenderla—. Cierra los ojos. —Ordeno.
—Hum, vale. —Oigo una risa suave viniendo de ella. Me coloco mejor frente a ella y hablo.
—Puedes abrir los ojos.
Nunca voy a olvidar ese momento, porque no estaba preparado para eso. En lugar de recibir una sonrisa preciosa y palabras cariñosas, recibí una expresión de horror, de pánico.
Sarah está parada frente a mí, viendo el hermoso ramo de rosas rojas que he comprado, como si hubiera visto un fantasma. No se mueve, no dice nada, está como una piedra.
—¿Sarah? ¿Sarah? ¿Está todo bien? —Apoyo una de mis manos en su piel y entonces siento cuánto está temblando. No puede ser frío porque hace unos treinta y cinco grados aquí.
No sé bien qué hacer, porque no dice nada, pero me preocupo.
Su respiración se acelera y veo su pecho subir y bajar mientras toma aire desesperadamente, como si estuviera sin aliento.
Tiembla entera, mucho más que antes. Sigo llamándola, pero su mirada está fija, como si estuviera congelada en el ramo de rosas rojas que he traído para ella. Todo es muy confuso.
—Mi tía... —Consigue, con dificultad, llamar a su tía.
Salgo corriendo hacia dentro de la casa y le pido al chófer que se quede a su lado por si se desmaya o algo así. Mi cabeza está dando vueltas intentando entender, pero ahora no voy a centrarme en eso, necesito ayudarla.
—¿Irene? ¿Irene? —Grito y ella aparece asustada.
—¿Adam? ¿Qué ha pasado?
—Sarah, no sé, está parada, como en shock, solo me pidió que te llamara. No sé qué puede ser. Ven conmigo, por favor. —Hablo mientras salimos juntos hasta donde está ella.
—Querida, ¿qué ha pasado? —Se acerca y ve el ramo en el suelo—. Adam, por el amor de Dios, quita ese ramo de delante de ella. Respira, Sarah, respira. Estoy aquí, no va a pasarte nada, ¿vale? Mírame a mí y solo a mí. —Coloca su mano en el corazón de ella e intenta respirar junto a ella.
Llama a la empleada y le pide que llame al médico de la familia y dice solo que es Sarah y que ha ocurrido otra vez. ¡Pero qué coño! ¿Qué es lo que ha ocurrido otra vez? Hace una señal de que va a llevarla de vuelta y voy hasta ellas para ayudarla, cuando me detiene.
—Adam, discúlpame, pero necesito que te vayas. —Me quedo en shock y hablo con firmeza.
—¿Qué? No puedo, no con ella así.
—Sé que no estás entendiendo nada y que quieres su bien, pero en este momento necesito que te apartes. En cuanto esté mejor, te avisaré.
—No, necesito… —No me deja terminar.
—Adam, por favor, vete. —Irene habla como nunca antes lo había hecho y se me enciende una señal de alerta.
No conozco mucho a Irene, pero por lo que sé y por lo poco que su sobrina me ha contado, es educada y gentil. Pero ahora sus ojos demuestran una gran preocupación. Por mucho que quiera estar presente para apoyarla y ayudarla, entiendo que en este momento esa es la ayuda que ellas necesitan.
Salgo del lugar desorientado, pero lo hago por ella. ¿Qué ha pasado?