Bajo la protección del CEO multimillonario Capítulo 16
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Capítulo 16

“Siete años atrás”

—¿Estás segura de que deberías comerte ese postre, princesa? —Jack me cuestiona, acariciándome la pierna—. Esta semana ya has comido bastante dulce, ¿no, mi amor? No quiero que te sientas mal al mirarte al espejo y ver que no estás en el mismo peso que antes.

—¿Qué? —Pregunto bajito—. ¿Estás diciendo que estoy gorda? —Miro hacia abajo, intentando fijarme en mi barriga para ver si he engordado.

—No es eso, mi amor. Me preocupo por tu salud y tu bienestar, y he notado que has ganado unos kilitos. Eso va a ponerte triste. —Me aprieta la barriga, mostrando que tengo un poco de grasa en el abdomen, y eso que soy bastante delgada.

—Vaya, no me había dado cuenta de eso. —Hablo cabizbaja, intentando ver la grasa de la que ha hablado.

—Solo lo he comentado porque quiero tu bien y hay tantas chicas tirándome los tejos que no quiero que piensen que mi novia no cuida su aspecto. —Se encoge de hombros.

—¿Quién te está tirando los tejos, Jack? —Me llevo las manos a la cintura y lo miro con mala cara.

—¿Quién no lo está haciendo? —Se ríe, siendo muy arrogante. No me gusta cuando se pone así, y últimamente está pasando muchas veces—. No te preocupes, solo tengo ojos para ti, pero por eso tienes que cuidarte. —Tal vez tenga razón, no quiero perderlo.

—Hum, está bien. Mejor no lo como hoy entonces. —Aparto el postre de mí. Tengo muchas ganas, pero prefiero cuidarme.

—Estoy de acuerdo, deja que me lo coma yo para ayudarte. Estoy entrenando mucho y tengo una dieta supercalórica. Lo hago por ti. —Sonrío sin demasiadas ganas.

Termina el recreo y volvemos al aula. Entregamos un trabajo para nuestro profesor; era por parejas y lo hice con Jack.

En realidad, lo hice sola. Él estaba cansado del entrenamiento y lo entiendo.

Se esfuerza demasiado por el equipo, no me cuesta hacer eso por él.

Es lo mínimo después de todo lo que hace por mí.

Por eso acabo haciendo también algunos deberes por él.

Soy una empollona, sí, y quiero que le vaya bien en el instituto.

Él levanta la mano y hace algunas observaciones sobre nuestro proyecto para el profesor, que queda fascinado. ¡Eso se lo mencioné yo! No puedo creer que haya hablado por mí. Qué fastidio, lo ha hecho otra vez.

—¿Qué estás haciendo? Eso iba a decirlo yo. —Hablo con discreción.

—No seas egoísta, princesa. Él ya sabe que tú eres muy inteligente; de esta forma yo consigo mejorar mi imagen, solo eso. —Me acaricia el pelo y me guiña un ojo.

¿Yo? ¿Egoísta? No era mi intención, pienso. Solo quería hablar porque fui yo quien lo hizo todo, pero creo que será mejor dejarlo pasar. Está bien si el profesor piensa que “su idea es brillante”. Presto atención al resto de las clases hasta que suena el timbre y quedamos libres.

Normalmente vamos a su casa, porque sus padres nunca están, y follamos.

Desde que perdí la virginidad con él, hace tres meses, no hemos parado.

Me encanta la conexión que tenemos cuando estamos follando, pero a veces él se pone diferente, sin importarle demasiado cómo estoy yo y corriéndose rápido.

Dice que los hombres son así, que tienen necesidades diferentes a las nuestras, y creo que tiene sentido.

Él tiene más deseo que yo, por eso necesita más.

En ese aspecto soy una novia estupenda. Incluso cuando no me apetece mucho follar, follo por él, porque me dice todo el tiempo lo increíble que es, cuánto se vuelven locas las chicas por él y cuánto les encantaría estar en mi lugar, además de lo mucho que me protege y cuida de mí.

Y él solo me pide que le dé lo que físicamente necesita: sexo.

Como no quiero perderlo y no quiero que tenga pensamientos con otras chicas, hago lo que me pide. Además, no es malo, puede que simplemente no sea tan bueno como al principio, pero es normal.

Lo malo es que hoy no me apetece mucho. Estoy un poco desanimada y preferiría quedarme tranquila en casa. Hace tanto tiempo que no hago eso. Desde que empezamos a salir, hace seis meses, no paso mucho tiempo con mi familia.

Mamá se queja a cada rato de que ya no hablamos tanto como antes y la echo muchísimo de menos, pero Jack dice que eso es cosa de niñas, que ahora que he perdido la virginidad soy adulta y que no puedo contarle esos detalles íntimos a mamá o me mandará dejar de verlo.

Solo de pensarlo se me encoge el corazón. ¿Estar sin él? ¡Nunca! Él es mi todo, mi mundo. He descubierto cosas increíbles con él y siempre decimos que somos para siempre. No, no puedo permitirlo. Mejor dejar de contarle cosas a mi madre, forma parte de crecer.

—¿Vamos, princesa? —Jack me coge la mano.

—Hoy estaba pensando en irme a casa, necesito estudiar y ordenar mis cosas. Mamá me está insistiendo cada vez más. —Él me aprieta la mano. Sabía que iba a molestarlo.

—¿Ya estás cansada de mí? ¿Es eso? ¿Ya no me quieres cerca? —Me suelta la mano y me mira con una expresión de desdén.

—¿Qué? Claro que no, amor, no es eso. —Respondo enseguida.

—Porque, si no quieres estar conmigo, conozco a algunas chicas que darían el mundo por tenerme a su lado. —Se gira y se va andando. El corazón se me acelera y me entra pánico.

—No, amor, ¿de qué estás hablando? —Lo cojo de la mano—. No era eso, claro que quiero estar siempre contigo, no digas eso. —Hablo como una loca y siento una lágrima resbalándome por la cara.

—Solo estoy diciendo que, si no me quieres, sufriré, pero sé que hay otras chicas que me valorarían más que tú. —Se encoge de hombros.

—¿Cómo puedes decir eso? Yo te valoro muchísimo, sabes cuánto significas para mí, ¡te quiero! —Varias lágrimas me bajan por el rostro y siento como si hubiera recibido un puñetazo en el estómago.

—No llores, mi amor, lo he dicho porque te quiero tanto… Perdóname. —Pasa los dedos secándome las lágrimas—. Te necesito, amor. Quédate un rato allí conmigo y después te llevo a casa, ¿vale? —Asiento con la cabeza, no quiero hacerle daño.

Entonces vamos a su casa, subimos a la habitación y follamos como siempre. Hago algunos gemidos para fingir que me está gustando, pero él se corre tan rápido que esta vez no necesito fingir que me he corrido. Él sabe muy bien que no y no le importa.

Hoy siento una gran angustia. No era así como me sentía al principio, cuando lo conocí. Éramos tan diferentes, yo era muy diferente, pero creo que eso es crecer, ¿no? Tampoco quiero quejarme, porque Jack me protege tanto. No quiero ser ingrata.

Aleja a cualquier chico que se acerca, porque me cuenta las mierdas que la mayoría hacen con las mujeres y me explica que el interés que tienen en mí no es por mí misma, no es por mi belleza, es solo para afectarlo a él, porque es el capitán del equipo.

Tiene todo el sentido, porque yo nunca fui popular. Él me hizo así y necesito respetarlo.

Hay momentos en los que se pone nervioso y puede ser un poco bruto, pero la culpa es mía, porque hago muchas tonterías sin querer y acabo molestándolo. Estoy intentando cada vez más pensar antes de hablar o hacer algo que lo enfade. Quiero ser la novia perfecta para él.

Me quedo un poco más en su casa y él me lleva de vuelta.

—Princesa, descansa un poco porque hoy estás muy apagada. Me gustas más alegre, ¿vale? Debe de estar llegándote el síndrome premenstrual, soluciona eso. —Habla mientras estamos dentro de su coche.

—Perdóname, creo que debe de ser eso. Mañana estaré mejor. —Intento sonreír para agradarle y salgo del coche.

—Eh, ¿no te has olvidado de nada? —Me grita. Vuelvo hasta el coche y le doy un beso.

—¡Te quiero, novio!

—Ahora sí. Te quiero, mi princesa. —Él se marcha y entro en casa.

Tengo ganas de llorar y llorar todo el día.

Salgo corriendo hacia mi habitación y me encierro.

¡No puedo estar así o lo perderé! Intento controlarme, pero hoy simplemente no lo consigo.

La tristeza me invade con fuerza y me permito dejar que las lágrimas caigan.

Lloro tanto, pero tanto, que sollozo. Suerte que no hay nadie en casa o mamá habría venido a buscarme.

Madre mía, cómo ha cambiado mi vida con la madurez. Creo que es a eso a lo que se refieren cuando hablan de ser adulta. Necesito ser fuerte y dejar estas niñerías.

Me tumbo en la cama, abrazo mi almohada y permito que el cansancio de tanto llorar me domine, y duermo profundamente.

Qué paz. Sería bueno no tener que despertar.