Bajo la protección del CEO multimillonario Capítulo 12
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Capítulo 12

He hablado con algunos inversores más, pero nada consigue distraerme lo suficiente como para dejar de pensar en ella. En esa mujer que vi fugazmente en el salón. ¿Por qué no la había visto nunca antes? ¿Será nueva en la ciudad? ¿Está solo de visita o vive aquí?

Necesito descubrir más sobre ella, pero no he vuelto a verla y la he buscado bastante. No saber su nombre ni nada sobre su vida no ayuda demasiado. Si al menos supiera de qué familia es, conseguiría averiguar todo lo demás. Sí, encontraré la forma de hacerlo.

Recibo un auricular que me entregan para colocarme en el oído, así los organizadores del evento pueden comunicarse conmigo con más facilidad.

Me avisan de que daré el discurso dentro de poco, en menos de diez minutos.

En cuanto anuncien por el micrófono que todos se preparen, será mi señal para ir hasta el escenario.

Por fin. Me gusta abrir el evento cuanto antes para cerrar mi noche, aunque haber encontrado a esa mujer ha cambiado un poco mis planes. No podré marcharme mientras no sepa su nombre y apellido.

Saludo rápidamente al CEO de otra empresa multinacional al que conozco bien. De repente, oigo resonar en el salón el aviso de que empezará en unos instantes. Perfecto, es mi señal. Me despido y sigo camino del escenario.

En un momento determinado, me doy cuenta de que casi todos están en sus sitios; es la etiqueta en eventos sociales así, pero no la veo en ninguna parte.

Miro a mi izquierda y veo a la mujer misteriosa caminando con decisión.

Al parecer debe de estar yendo a sentarse.

Pienso qué hacer, porque quiero saludarla, pero ahora es un pésimo momento para eso.

Oigo que alguien me llama y giro el rostro hacia un lado, mientras continúo caminando.

Hago una señal saludando a una persona y, al minuto siguiente, siento una colisión, seguida de algo frío cayendo sobre mí. Pero ¿qué mierda es esto?

Mi reacción inmediata es irritarme con la persona inconveniente que ha causado todo esto.

Además, todavía tiene la audacia de decir que no me ha visto, como si alguien consiguiera no notarme.

Alzo la vista y la veo. Mi mujer misteriosa.

A pesar de la situación y de cómo estoy, no consigo mantener la irritación durante mucho tiempo.

La forma en que me mira, cómo percibe cada detalle de mi rostro, me deja desorientado. Responde algo, claramente afectada por la situación conmigo, entonces me pide que espere porque va a ayudarme a limpiarme.

Joder, me encantaría meterme en la ducha con ella y hacer que me limpiara entero, pero con la boca.

Vuelve rápidamente con un paño en la mano.

Vete a saber dónde lo ha encontrado, pero lo pasa por mi pantalón.

Lógico que mi polla reacciona de inmediato a sus toques.

Lo que me sorprende es que, pese a ser delicada y estar avergonzada, se queda parada mirando mi polla, lo que me pone aún más cachondo.

Hablamos algunas cosas más y ella se lame los labios de una forma sexy.

Lo que me apetece es mandar a la mierda este discurso y besarla ahora mismo.

Madre mía, siento un deseo absurdo por esta mujer.

Además de su cuerpo espectacular, su forma dulce y delicada me hace querer tenerla, sobre todo cuando toco su piel. Eso me excita más.

¡Joder! Encima dice que me ha dejado mojado. Su expresión avergonzada cuando se da cuenta de sus palabras me pone todavía más duro. Si sigo mirándola, no conseguiré controlarme, por eso, antes de pedir disculpas y marcharme, acuerdo un baile más tarde y me alejo sin mirar atrás.

Aviso por el auricular de que estoy de camino.

Respiro hondo y me doy unos minutos para recuperar la decencia, hasta que estoy listo sobre el escenario para mi discurso de apertura.

—En primer lugar, buenas noches a todos.

Agradezco a cada uno de los presentes esta noche por apoyar una causa tan noble como esta.

Conozco personalmente el trabajo de esta ONG y os garantizo que son de absoluta confianza.

Ayudan a niños en situaciones de abandono y hambre.

Cuidan de su salud, de su educación y los preparan para el mercado laboral.

Todos ellos, al cumplir dieciocho años, salen empleados en alguna empresa multinacional, con la oportunidad de crear su propia suerte y una nueva vida.

Para que podamos seguir ayudándolos, os pido que seáis generosos con las donaciones.

Hoy se trata de unirnos a una causa noble, por eso cada contribución es fundamental.

Nuestra empresa es la principal inversora y estoy seguro de que tendremos muchas otras empresas junto a nosotros en este momento.

Disfrutad de esta fiesta que hemos producido con gran estima y preparad las transferencias.

—Termino dando las gracias a algunos patrocinadores y me ovacionan con aplausos.

Me alegra que todo haya salido según lo previsto, pero mi preocupación está en volver a ver a Sarah. Mi idea de irme justo después del discurso se ha ido al garete. No voy a perder la oportunidad de bailar con ella. Quiero conocer más sobre ella y esta es una excelente oportunidad.

Decido enviarle un mensaje a André para cancelar nuestra carrera. He encontrado algo mucho mejor para hoy.

Adam:

Cancelado hoy. Lo reprogramamos después.

André:

Ok.

Voy hasta un rincón y llamo a una de las organizadoras en quien más confío para hablar.

—Paula, necesito que averigües dónde está sentada una persona para mí y más información sobre ella y su familia. —Hablo con discreción, asegurándome de que no haya nadie escuchando nuestra conversación.

—Claro, Adam, dime su nombre y apellido y en cinco minutos te informo de todos los datos que tenemos.

—Solo tengo su nombre, es Sarah. Nunca la he visto aquí antes, así que imagino que es nueva en nuestra sociedad o no suele venir a estos eventos. Quizá alguien confirmó su nombre más a última hora. —Lo constato.

—Vale, sin el apellido se complica, pero su nombre no es tan común, creo que no tendremos dificultades. Cuéntame un poco sobre su aspecto, puede ayudar en la búsqueda.

—Pelo corto castaño, a la altura de los hombros, ojos castaños claros, bellísimos. Lleva un vestido blanco deslumbrante con una cola de pétalos blancos. No será difícil encontrarla, es única.

—De acuerdo. Dame unos minutos y te informo. —Asiento con la cabeza y voy hacia una mesa en un rincón del escenario. Necesito un momento de privacidad.

Unos siete minutos después, Paula me encuentra.

—Su nombre es Sarah Campbell. Está sentada en la mesa 21, a la derecha del escenario. —Señala su iPad, donde consta la disposición de las mesas, mostrándome cuál es la de ella.

—¿Campbell? No recuerdo a esa familia. ¿Tienes alguna información más? —Frunzo el ceño, intentando recordar algo sobre ellos.

—Sí, ha venido como acompañante de la señora Irene Jones. Ella es muy conocida en la alta sociedad. —Abre una foto de la señora para mostrármela.

—Ah, sí, la recuerdo de otros eventos. Apoya activamente instituciones benéficas. Creo incluso que ya hablamos con ella sobre una institución de apoyo a mujeres que han sufrido algún tipo de relación abusiva. ¿Es ella? —Pregunto, analizando la foto que veo frente a mí.

—Exactamente. Estamos viendo si, en el próximo evento, traemos esa ONG para apoyarla. —Paula confirma la información que tengo.

—¿Qué parentesco tiene con la señora Irene Jones? —Pregunto.

—Creo que ninguno, pero no estoy segura. Puedo conseguirle la información, señor.

—No es necesario, por ahora. Si lo necesito, te aviso. —Se lo agradezco y salgo en busca de Sarah.

Pretendo descubrirlo todo sobre ella, pero deseo hacerlo hablando directamente con ella. Ya tengo lo que necesito para eso.