Capítulo 5
“Siete años atrás”
Aquella fue la primera vez que vi a Jack.
Volví a casa suspirando. Por pequeño que hubiese sido su gesto de despedirse de mí, significó mucho, porque sentí que me habían visto por primera vez.
Cuando era más joven no era guapa; mi cuerpo estaba desarrollándose y hubo una época en la que tuve muchas espinillas y engordé bastante, lo que no me ayudó en absoluto en lo que respecta a los chicos.
Pero hoy estoy mucho mejor, me siento verdaderamente guapa. Sin embargo, como conocemos a todos en la ciudad desde niños, ahora resulta difícil encontrar a alguien. Además, no me siento cómoda con la gente de aquí, creo que porque me vieron en mi peor etapa.
Que Jack se hubiese fijado en mí llenó un hueco que había dentro de mí, al fin y al cabo, ¿quién no quiere sentirse guapa y deseada?
En los días siguientes no hubo mucha evolución, pero él siguió sentándose detrás de mí en las clases, lo que me ponía nerviosa todas las veces, aunque al mismo tiempo me gustaba. Para mí era un gesto de que estaba cerca, por mí, o al menos eso imaginaba.
La semana siguiente me pidió prestado un lápiz y me puse contentísima.
Y muchas veces me susurraba algo al oído, como “esta clase es muy aburrida”, “pareces muy concentrada, ¿eh, Sarah?”, “tu perfume huele bien”.
Cuando dijo lo de mi perfume, casi me morí de la emoción.
Mi mente fantasiosa ya nos imaginó en el altar.
Sí, soy de ese nivel, pero me controlé y solo se lo agradecí.
Mi gran problema es que mi relación con los chicos es nula, así que no tenía experiencia alguna.
No sé qué hacer ni qué responder para sacar conversación sin parecer tonta, por eso la mayoría de las veces solo doy las gracias o me río de algo que dice, pero siento que no basta.
Necesito aprender, y rápido, a interactuar o perderá el interés por mí.
Porque está interesado, ¿no? Espero que sí.
Hoy tenemos otro examen y después estaremos libres para el fin de semana. Me encanta estudiar, pero es imposible no amar el fin de semana en casa, mimada por mis padres. Es nuestro momento para estar todo el tiempo juntos y no renuncio a eso.
Termino el examen con facilidad y empiezo a guardar mis cosas en la mochila para irme.
Jack, como siempre, se ha sentado detrás de mí.
Normalmente es muy rápido para marcharse, creo que por haber entrado en nuestro equipo.
De hecho, ha batido un récord al ser el novato que más rápido ha entrado en un equipo; no me extrañaría que pronto se convirtiera en capitán.
Eso quiere decir que ya es bastante popular y que, dentro de poco, ni siquiera querrá sentarse detrás de mí.
Mierda, la realidad es triste. Pero el caso es que hoy está tardando en recogerlo todo.
—¿Te ha ido bien en el examen de hoy, Sarah? —Se gira y se apoya en la mesa, mirándome.
—Ah, sí, me gusta esta asignatura. —Sonrío, pero estoy hecha un manojo de nervios, aunque sé que necesito interactuar y esta es una oportunidad estupenda. Esfuérzate, Sarah—. ¿Cómo te ha ido a ti?
—Creo que no tan bien. Quizá podrías darme unas clases después de salir de aquí. —Sigue mirándome y creo que no consigo ocultar mi sorpresa.
—¿Clases? —Abro los ojos como platos e intento disimular, sin éxito.
—Sí, eres buena en esto y necesito sacar buenas notas en las asignaturas para no tener problemas en el equipo. —Se encoge de hombros.
—Ah, sí. —Digo cualquier cosa.
—Genial. Hoy es perfecto para eso, podemos ir ahora a mi casa. —Acaba de coger su mochila.
—¿Hoy? ¿Ahora? —Estoy enloqueciendo con esa posibilidad, pero no sé si voy a conseguir estar con él así, sin prepararme siquiera para eso.
—¿Vas a salir con alguien? —Su expresión cambia por completo. Antes estaba calmado, tranquilo, pero ahora se pone serio y enfadado. ¿Puede ser?
—No. —Su rostro vuelve a suavizarse como antes—. Pero tengo que consultarlo con mis padres. Creo que mi madre ya me está esperando fuera.
—Ah, sin problemas. Puede ir hasta mi casa y hablar con mis padres. ¿Qué te parece? —Sonríe de una forma que lo único que consigo hacer es asentir con la cabeza—. Genial, vamos hasta ella. —Salimos uno al lado del otro, casi como una pareja, pero sin cogernos de la mano.
Todas las chicas me están mirando con una cara no muy buena, pero esta vez no voy a hacerles caso. Estoy demasiado feliz con este momento. Las mariposas dentro de mi estómago están superagitadas.
—Hola, mamá. —Me acerco al coche donde me estaba esperando—.
Este es Jack y me ha pedido ayuda para estudiar hoy.
¿Te parece bien que vaya? —La miro de una forma que ella entenderá que es el chico del que le he hablado toda la semana.
Ella ya lo conocía de nombre porque sus padres compraron la casa a través de la inmobiliaria de papá.
—Hola, señora Mónica, encantado. Mis padres están en casa. Si quiere, puede ir con nosotros y se los presento. —Me sorprende al hablar de forma tan amable con mi madre.
—Encantada, Jack. Por mí está bien, os llevo hasta allí. Podéis entrar. —Mamá sonríe de una forma que sé interpretar bien: está feliz por mí.
Entramos en el coche y vamos a su casa. Es sencillamente maravillosa, ya decía papá que era la mejor casa de toda la zona. Es enorme, una mansión, en realidad. Sabía que eran ricos, pero no tanto.
Por los cotilleos de la ciudad, sus padres son dueños de casi todo en Daytona Beach, que es la ciudad vecina a la nuestra.
Tiene unos setenta mil habitantes, es mucho más grande que aquí.
Sus padres les comentaron a los míos que estaban buscando una ciudad más tranquila, por eso vinieron aquí. Suerte la mía.
Entramos en su casa y mamá fue a hablar con sus padres sobre que yo me quedara allí. Todo salió bien y acordó que vendría a buscarme en, como máximo, dos horas, porque más que eso no quedaría bien. Joder, voy a tener dos horas enteras a solas con él. Qué maravilla y qué miedo.
—Encantada, señor Oliver y señora Charlotte. —Saludo a sus padres.
—El placer es nuestro, querida. Me alegra que hayas venido a ayudar a Jack con la asignatura. Podéis usar el despacho para estudiar. —Coge su taza de té y da un sorbo.
—Mamá, vamos a estudiar en mi habitación, es mejor. Todo lo que necesitamos ya está allí. —Se encoge de hombros como si no fuese nada del otro mundo, pero yo estoy nerviosa. ¿Vamos a su habitación?
—Está bien. ¡Buen estudio!
—Ven. —Me coge de la mano y me lleva a su habitación.
¡Me está cogiendo de la mano! ¡Madre mía! ¡Qué agradable es su piel! Mantente tranquila, Sarah, por favor, no vayas a hacer el ridículo delante de él.
Su habitación está absurdamente bien organizada, sobre todo para un chico.
Todo está cuidadosamente en el lugar correcto, y eso que es una habitación gigantesca, más grande que muchas casas por ahí.
La decoración es preciosa, en colores gris y negro.
En el rincón derecho hay una zona con un sofá y unos pufs tirados en el suelo.
Me lleva hasta allí y nos sentamos. Está a mi lado.
—Tu habitación es muy bonita, tienes buen gusto. —Observo todo alrededor.
—Sí, es muy bonita. —Lo dice mirándome directamente. Su mirada me corroe por dentro y trago saliva.
—¿Empezamos por el capítulo cuatro? —Cambio de tema porque es demasiado para mí.
—Puede ser. —Se encoge de hombros.
Pasamos una hora estudiando. A veces me rozaba al comentar algo y eso me hacía feliz. Me gusta recibir sus toques, aunque sean superrápidos.
—¿Qué tal una pausa? —pide él.
—Está bien. Creo que hemos estudiado bastante por ahora, puedo pedirle a mi madre que venga a buscarme ya. —Hablo un poco decepcionada, cogiendo mi móvil.
—No, todavía no. —Me toca la mano, haciendo que guarde el aparato, y me sobresalto—. Vamos a hablar un poco. Cuéntame más sobre ti.
—¿Sobre mí? —Él asiente con la cabeza—. Ah, no hay mucho que contar. Siempre he vivido aquí.
—¿Tienes novio o algún rollo? —Abro los ojos como platos. No esperaba ese tipo de pregunta. Me mira serio, esperando una respuesta.
—No. —Él sonríe.
—Me alegra saberlo. —Se acerca.
—¿Te alegra? —Me coloca un mechón de pelo detrás de la oreja y el corazón me late muy rápido.
—Sí. —Toma una de mis manos y me acaricia.
—¿Y tú? ¿Tienes novia? —Trago saliva, casi sin creer que haya tenido el valor de preguntarlo. Creo que es la adrenalina.
—No. Desde que llegué al instituto solo tengo ojos para una persona, pero parece que ella no quiere nada conmigo. —Levanta la cabeza y me mira.
—¿En serio? —No sé qué decir.
—Ajá. Intento sacarle conversación en clase, pero no me hace demasiado caso. —¿Estará hablando de mí?
—Quizá sí quiera, pero no sabe cómo expresarlo. —¿Quién soy yo, que de repente he reunido valor?
—Espero que sí. Por eso te llamé para estudiar hoy. Pensé que te sentirías mejor sin gente alrededor. —Se acerca más y más. Respiro con dificultad—. Desde que te vi por primera vez, quise estar cerca de ti, Sarah.
—¿Quisiste? —Se queda muy cerca de mi boca.
—Muchísimo. Eres diferente a las demás chicas, no estás intentando llamar la atención.
Eres guapa, inteligente y me gusta tu sentido del humor.
—Mira mi boca durante un largo rato. Cómo quiero que me bese.
Bésame, por favor, quiero gritar, pero no hago nada—.
¿Te han besado antes, Sarah? —Niego con la cabeza y miro hacia abajo, un poco avergonzada porque ya soy mayor para eso—.
Eh. —Me levanta el rostro con una de sus manos—. Eres increíble. ¿Puedo besarte?
—Sí.
Se acerca suavemente y apoya sus labios sobre los míos.
Mi corazón está acelerado, parece que estoy soñando.
Su beso es cariñoso, gentil; creo que, al saber que es mi primera vez, está teniendo muchísimo cuidado conmigo.
Entonces coloca las manos alrededor de mi cintura y me aprieta un poco.
Siento una energía caliente subiendo por mi cuerpo.
Le llevo las manos al pelo y disfruto un poco de este momento.
—Sarah, qué bien sabe besarte.
Seguimos besándonos durante un rato. Me acerca un poco más a él y yo voy, porque este es el momento más erótico que he tenido en toda mi vida.
Siempre he leído o visto en películas lo que era sentirse así, pero ahora, aquí con él, la realidad es mucho mejor.
No nos separamos, no dejamos de besarnos hasta que su madre grita desde el pasillo diciendo que mi madre ha llegado.
Madre mía, ¿cuánto tiempo hemos estado así? ¿Ya es la hora? Abro los ojos como platos y me pongo muy nerviosa por la situación.
—Ya bajamos, mamá, estamos terminando el último capítulo. —Grita él.
—Necesito guardar mis cosas. —Me levanto rápido y voy metiendo las cosas dentro de la mochila, nerviosa por la situación.
—Eh. —Me detiene, me coloca un mechón de pelo detrás de la oreja—. No te pongas nerviosa por lo que ha pasado aquí, ¿vale? Me gustas de verdad.
—¿Te gusto? —Respiro un poco aliviada.
—Sí. Me alegra que nunca hayas besado a nadie, solo a mí. —Sonrío muy avergonzada—. Vamos, te acompaño hasta la puerta. —Me coge de la mano de nuevo y bajamos juntos—. Hasta luego, Sarah.
—Adiós, Jack.
Mi corazón rebosa alegría. ¿Ha sido una locura? Tal vez, pero ha sido un primer beso perfecto.