Capítulo 33 – Hinata #2
—Uno mucho más alto que tú —susurro, sosteniéndole la mirada aunque mi cuerpo esté gritando por él.
Siento la adrenalina recorrerme las venas como un reguero de pólvora encendida.
El silencio que sigue está cargado de una electricidad casi violenta, una tensión que hace vibrar el aire.
Urion da un paso hacia mí, eliminando cualquier espacio que aún nos separa.
Siento el calor de su pecho quemándome la espalda y, al segundo siguiente, sus manos se cierran sobre mis caderas con una fuerza que me hace jadear.
La presión de sus dedos sobre mi piel es una advertencia silenciosa.
Entonces, sin previo aviso, levanta la mano y descarga una fuerte palmada sobre mis nalgas. El golpe resuena por toda la sala. El ardor inmediato me arranca un gemido agudo y, en un reflejo de pura lujuria, arqueo todavía más las caderas contra él, ofreciéndome a su castigo.
Urion no espera. Otra palmada, esta vez todavía más fuerte, marcando mi piel con su voluntad.
Cierro los ojos con fuerza y dejo escapar un gemido largo y arrastrado que parece surgir del fondo de mi alma. Siento la piel palpitando y el vientre latiendo en respuesta a aquella mezcla arrolladora de dolor y placer.
Urion se inclina, rozando con los labios el lóbulo de mi oreja, y susurra:
— Sto creando un mostro.
Las palabras en italiano vibran contra mi piel, graves, peligrosas y densas.
—¿Qué has dicho? —pregunto, con la voz quebrada, sintiéndome mareada.
—He dicho que estoy creando un monstruo, Hinata —responde ahora en español para que pueda entenderlo, con la voz regresando a su tono habitual, aunque cargada de una posesividad que no admite réplica—. Una mujer que no conoce límites cuando se trata de desafiarme.
Me aprieta con más fuerza contra su cuerpo y comprendo que el juego de provocaciones ha terminado.
Ahora, bajo el mando de Urion, siento que estoy siendo moldeada para convertirme en algo que nunca me había atrevido a ser y, lo peor —o quizá lo mejor— es que no quiero detenerme.
Quiero descubrir hasta dónde puede llevarme antes de que termine la noche.
Urion vuelve a penetrarme con los dedos, pero esta vez no se mueve. Permanece inmóvil e imponente, inclinado sobre mi cuerpo, con la respiración caliente golpeándome la nuca y provocándome escalofríos hasta el alma.
—Imagina que es mi polla, Hinata —susurra, con la voz ronca vibrando en mi oído como una orden hipnótica—. Imagina que soy yo, cada centímetro de mí, llenándote ahora mismo.
Cierro los ojos con fuerza y la imagen de su peso, su fuerza, de sentirme completamente llena inunda mi mente. Mi cuerpo reacciona al instante a sus palabras.
Empiezo a moverme con desesperación, apoyando las palmas contra la fría madera de la puerta para mantener el equilibrio.
Muevo las caderas con firmeza, girándolas contra su mano, buscando el fondo de aquella sensación que él mismo ha provocado.
Las oleadas de placer regresan como un tsunami, mucho más intensas que antes.
La habitación parece dar vueltas. Siento cómo mi propia excitación se desborda mientras mi ritmo se vuelve frenético.
Estoy completamente fuera de mí, entregada a la fantasía que ha sembrado en mi mente y al contacto real que mantiene conmigo.
Finalmente, el mundo explota.
Dejo escapar un gemido que se pierde entre el llanto y el placer mientras mi cuerpo entra en violentos espasmos. El orgasmo me atraviesa con tanta intensidad que siento cómo mi cuerpo se estremece de arriba abajo.
Mis piernas pierden por completo la fuerza, convertidas en gelatina. Habría caído sobre la alfombra si no fuera por él. El musculoso brazo de Urion rodea mi cintura con un reflejo rápido y firme, sujetándome contra su calor mientras intento, inútilmente, recuperar el aliento.
Permanezco allí, sostenida por su brazo, con el rostro pegado a la puerta, sintiendo los últimos restos de electricidad recorriéndome los nervios.
El silencio de la sala solo se rompe por mi respiración entrecortada y el sonido de la lluvia al otro lado de las ventanas, pero el calor que desprende Urion a mi espalda me dice que su sed todavía no se ha apagado.
Con un cuidado que contrasta con la fuerza de unos instantes atrás, Urion me gira para ponerme frente a él y captura mis labios.
Es un beso lento, denso y terriblemente posesivo, como si necesitara comprobar que sigo siendo real. Siento su sabor y el calor de su piel contra la mía, mientras mi corazón late desbocado.
Me levanta en brazos sin esfuerzo y camina conmigo hasta el sofá. Se sienta y me acomoda sobre él, con mis piernas abiertas alrededor de sus caderas. En cuanto siento su dureza presionando contra mi intimidad, todavía sensible, se me escapa un gemido que se pierde en el aire.
Nos separamos apenas lo suficiente para que pueda buscar mi cuello.
Urion desliza la lengua por mi piel mientras la aspereza de su barba raspa el camino, dejando un rastro de fuego que me hace arquear la espalda.
Al mismo tiempo, su mano posesiva sube y aprieta uno de mis pechos por encima de la fina tela del camisón color vino, con una urgencia que me deja sin aliento.
—Ah... Urion... —gimo, sintiendo el batín de satén hecho un ovillo entre nuestros cuerpos.
Con movimientos impacientes, me lo quito y lo lanzo a cualquier parte de la alfombra. Ahora quiero sentirlo.
Empiezo a desabrochar los botones de su camisa blanca, uno a uno, hasta que queda completamente abierta. Deslizo las manos por su amplio pecho, sintiendo el vello corto y la dureza de sus músculos bajo mis dedos. Es una visión poderosa.
Bajo las manos hasta su cinturón de cuero. Urion me observa con una mirada oscura y atenta. Con un movimiento cuidadoso, él mismo termina de quitárselo, teniendo cuidado de apartar la pistolera con el arma. La deja sobre el mueble junto al sofá.
Desabrocho el botón y bajo la cremallera de sus vaqueros. Mis dedos tiemblan ligeramente cuando lo toco por encima de la tela de sus bóxers, sintiendo el calor y el volumen que tanto deseo.
Volvemos a besarnos. Es un combate hambriento; sus labios devoran los míos y la fricción de su barba despierta en mí unas ganas todavía mayores de continuar. Rompo el beso, jadeante, y bajo la mirada.
Tiro de la tela hacia abajo, liberándolo. Mis ojos se fijan en su longitud imponente. La punta rosada brilla húmeda, cubierta de líquido preseminal. El cosquilleo de mi vientre se transforma en una pulsación dolorosa de deseo.
Levanto la mirada y encuentro sus ojos azules, que me observan como un depredador que acaba de acorralar a su presa favorita.
—Mejor que Toji, ¿no? —pregunta, con la voz tan baja que parece vibrar dentro de mis huesos, cargada de esa deliciosa arrogancia que sabe que me desarma.
Una sonrisa traviesa aparece en mis labios, aunque el rostro me arde de vergüenza y deseo. Sin responderle con palabras, lo rodeo con la mano, sintiendo su piel caliente y la fuerte pulsación bajo mis dedos. Empiezo a acariciarlo, notando cómo puede ser firme y suave al mismo tiempo.
Urion deja escapar un suspiro profundo, cierra los ojos durante un segundo y echa la cabeza hacia atrás contra el respaldo del sofá. Entiendo que es el estímulo que necesitaba.
—¿Cómo quieres que lo haga? —pregunto en un susurro.
Abre los ojos y el azul está tan oscuro que parece humo. Lleva una mano a mi nuca y tira suavemente de mí hacia abajo.
—Quiero sentir esa boquita tuya, Hinata... —murmura, con la voz ronca y hambrienta—. Antes de que te sientes sobre mí hasta el fondo.
Me muerdo el labio inferior solo de imaginarlo.
Bajo de su regazo y me arrodillo sobre la alfombra, entre sus piernas abiertas. Su perfume, mezclado con el olor del sexo que todavía desprenden nuestros cuerpos, me embriaga. Levanto la mirada hacia él y, al encontrar sus ojos depredadores, me siento poderosa al verlo en ese estado por mi culpa.
Lentamente, me acerco a su glande húmedo. Siento el calor que desprende incluso antes de tocarlo con los labios. Paso la punta de la lengua por la abertura y escucho a Urion gruñir mi nombre mientras sus manos se aferran al sofá.
—Eso... —me anima, con la respiración cada vez más entrecortada.
Poco a poco, lo recibo por completo, sintiendo la textura de su piel y la fuerte pulsación contra mi lengua. Utilizo cada recurso que mi cuerpo parece haber descubierto únicamente para él, recorriendo el glande y aumentando el ritmo hasta hacerlo arquear la espalda contra el sofá.
Levanto la mirada mientras continúo, manteniendo los ojos clavados en los suyos.
Es embriagador ver cómo el placer transforma sus facciones duras en algo mucho más vulnerable y necesitado.
Tiene la mandíbula tan tensa que los músculos de su cuello sobresalen, y sus grandes manos se hunden ahora en mi cabello, no para apartarme, sino para mantenerme exactamente donde estoy.
—Joder, Hinata... —gruñe, con la voz quebrada y los párpados temblando mientras lucha por no llegar al límite antes de tiempo.
Me siento poderosa. Me gusta saber que este hombre, que dirige a cientos de agentes y se enfrenta a criminales sin pestañear, está a merced de mi boca en el suelo de mi salón.
Deslizo las manos por sus muslos firmes, apretando los músculos tensos mientras aumento la intensidad.
Siento cómo su cuerpo da un respingo, un espasmo de puro deseo que recorre cada centímetro de su físico atlético. Urion suelta una palabrota y tira suavemente de mi cabeza hacia atrás, obligándome a soltarlo.
—Será mejor que pares... o voy a correrme en tu boca —me advierte, con una urgencia que me hace temblar de pies a cabeza.
No retrocedo. Al contrario, dejo que la osadía que él mismo ha despertado en mí tome el control por completo.
Lo miro desde abajo, enfrentándome a la oscuridad de su deseo, y abro lentamente la boca, sacando la lengua en una invitación silenciosa para que libere toda la tensión que lleva acumulada.
Urion deja escapar un gruñido gutural. Sus grandes manos se cierran sobre mi cabello con una fuerza que me hace sentir todo el peso de su autoridad y su placer.