Bajo la Niebla de Blue Ridge
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PRÓLOGO
Hay historias que no nacen de la imaginación, sino de la necesidad urgente de comprender lo que parecía incomprensible.
No pensé que alguna vez escribiría una novela de ficción basada en algo que, en su momento, apenas podía aceptar como real.
Lo que viví se sentía difuso, casi irreal: misterioso, doloroso y, por momentos, profundamente perturbador.
Hubo días en los que dudé de todo, incluso de mí misma.
Me convencí de que tal vez lo estaba exagerando, de que todo ocurría únicamente en mi mente…
y, en los momentos más oscuros, llegué a creer que la culpa era mía.
Durante mucho tiempo, habité un territorio incierto, donde la línea entre la realidad y la percepción se desdibujaba constantemente.
La incomprensión dio paso a la confusión; la confusión, al dolor; el dolor, al miedo.
Después vino el silencio, el bloqueo, la sensación de haberme perdido por completo.
Intenté reconstruirme desde lo que otros esperaban de mí, tratando de encajar, de no incomodar, de no cuestionar.
Pero lo que siguió fue inevitable: la rabia, la tristeza profunda, y finalmente, el aislamiento.
Dicen que tocar fondo transforma. No porque haya algo poético en la caída, sino porque, en ese punto donde parece no haber más descenso posible, algo dentro de uno se ve obligado a decidir.
Permanecer en ese lugar, vacío de todo, o intentar levantarse, aun cuando no se tenga fuerza suficiente.
Y es entonces cuando se descubre una verdad incómoda pero poderosa: no hay dos caminos. Solo uno. Y comienza con un intento.
Este libro nace precisamente de ese intento.
Lo que el lector encontrará en estas páginas no es un reflejo exacto de lo ocurrido, sino una reinterpretación, una versión llevada al límite de sus emociones y matices.
Es una historia que se permite exagerar lo que dolió, amplificar lo que confundió y dar forma narrativa a aquello que, en la vida real, parecía no tenerla.
Aquí, el drama familiar se entrelaza con el misterio, y la tensión avanza rozando los límites del thriller, alejándose deliberadamente de los territorios donde antes me sentía cómoda como escritora.
Pero este prólogo también es una advertencia. O quizás una invitación.
Porque, aunque esta es una obra de ficción, su raíz es real.
Y detrás de cada escena, de cada silencio incómodo y de cada herida invisible, hay una experiencia que no es tan ajena como podría parecer.
Existe un tipo de violencia que no siempre deja marcas visibles, un tipo de juicio que se disfraza de normalidad, un tipo de rechazo que se minimiza hasta hacerlo parecer insignificante… hasta que rompe.
Esta historia tiene, entonces, un doble propósito. Por un lado, contar, desde la ficción, lo que alguna vez me quebró. Por otro, abrir una puerta. Porque lo que aquí comienza no termina en estas páginas.
Más adelante, en otro espacio y desde otra voz más más íntima, compartiré lo que ocurrió, cómo lo enfrenté y cómo, paso a paso, logré salir de ese lugar. Ese será un libro distinto, uno que no busca narrar, sino acompañar. Un lugar donde las palabras no solo cuenten, sino que también sostengan.
Por ahora, esta novela es el primer paso.
Y si en algún momento, entre estas páginas, algo te resulta demasiado familiar… no es coincidencia.