¿SOMOS AMIGOS?
Parecía que se avecinaba mal tiempo, la temperatura bajó drásticamente y las nubes que en principio se veían amenazantes, ahora eran una alarma de tormenta.
Después de comer, ya dentro del coche escucharon el primer trueno.
Carol se acomodó en el asiento con su tripa algo llena, le gustaba ver tormentas, pero mejor en su casa, sentada al lado de una ventana, que dentro de un coche.
—¿Te apetece venir a mi cuarto un rato? —a Sergio le apetecía seguir hablando, no de su tía en particular, aunque tampoco le importaba que saliera el tema. Únicamente quería pasar más tiempo con su amiga.
—En el mío mejor, que todavía tengo que deshacer la maleta, —miró con esa sonrisa maliciosa que solo ella sabía poner. A Sergio le parecía una niña de diez años— así me ayudas.
—Tienes una cara más dura…
Viró el volante mientras disminuía la velocidad. Paró en la gasolinera para rellenar un depósito que estaba cerca de la reserva, con veinte euros sería suficiente para pasar el mes con holgura. Repostó con rapidez, al amparo del techo que le tapaba de las primeras gotas que empezaban a caer.
Metió la cabeza por la ventanilla que Carol tenía abierta, se le había ocurrido una idea y aunque era una hora temprana de la tarde… ¿Por qué no?
—¿Te apetecen unas cervezas? Estar juntos en un cuarto sin alcohol se me hace raro, ya es tradición.
—¡Fabuloso, necesitamos cerveza para aguantarnos!
—Qué lo dudes, me ofende…
—Imbécil… compra un pack de ocho, es lo que nos gusta, ¿no?
—Mejor dos de ocho.
—Sergio, tengo algo de resaca, no te pases…
—el joven se encaminó sin querer escuchar esto último— ¡Sergio, te he dicho que no te pases!
—repitió sacando la cabeza por la ventana.
Él movió una mano en el aire, negando con el dedo y Carol sin saber por qué sonrió, para al siguiente instante, metida en el coche susurrar— Me gusta que tengamos tradiciones.
Volvió rápido y en unos minutos ya estaban buscando sitio cerca de la residencia. Lo malo que aquello se volvió imposible, apenas se veía con la tromba de agua que comenzaba a caer y nadie movía sus coches.
—Te dejo en la entrada y cuando aparque ya subo.
—Deja, si te mojas tú, ya me mojo yo también.
—Lo dices para no deshacer sola la maleta, ¿verdad?
—Claro. —esta vez mintió. No le importaba la maleta, pero no quería que Sergio se mojara solo, era una estupidez, pero… no quería.
Tardaron media hora larga en aparcar, mientras Carolina señalaba sitios enanos, donde obviamente para cualquier ojo, menos los de la chica, el coche no entraba. Al final aparcó en un estrecho lugar después de varias maniobras donde su amiga acabó por felicitarle y chocar ambos las palmas.
Ahora se venía lo más complicado, decidieron que correr sería lo ideal, el agua caía a mares y las nubes encapotaban el cielo, era estúpido esperar, aquello seguiría todo el día. Contaron hasta tres, los dos mirándose y cada uno con la manilla en la mano.
—Una… dos… y… ¡Tres! —salieron a la carrera.
Primero se adelantó Carol, mientras Sergio cerraba el coche.
La pilló enseguida y corrieron a la par durante más o menos medio kilómetro sin parar.
No importaba lo rápido que fueran, se iban a mojar y así sucedió.
El sonido estridente de un trueno les marcó la entrada a la residencia donde el bedel les miraba incrédulo por los mojados que entraban.
Ambos con ropas más o menos de primavera estaban empapados en agua, Carol incluso se tuvo que quitar las gafas para ver algo, ni siquiera se las podía limpiar todo ella estaba húmeda. Toda.
Subieron a la carrera y Sergio se detuvo primero en su puerta. Carolina siguió con las cervezas en la mano.
—Trae un pijama, ya te duchas aquí, que tengo ganas de empezar la primera cerveza.
—¿Se te ha pasado la resaca?
Añadió “un poco” en silencio, sin mover los labios y juntando el dedo índice con el pulgar.
Dentro de su habitación, Carol se sintió extraña, hacía tanto que no se sentía así de bien con un chico. Desde su exnovio, básicamente los había dejado a un lado, centrándose solamente en las mujeres.
Con Sergio sabía que solo era amistad, ella había desistido de los hombres “son todos iguales” rezaba de continuo, pero… ¿Él lo era? Comenzaba a dudarlo. Cogió la toalla y en menos de un minuto abrió a su amigo que seguía chorreando.
—Dúchate primero si quieres.
—Mejor. Paso de ver todos tus pelos en la ducha.
—Todavía hago que me la vuelvas a arreglar…
Sergio entró al baño riéndose como casi siempre hacía cuando estaba con su amiga, era inevitable no pasárselo bien a su lado.
La ducha le sentó de cine, el frío había entrado en su interior y de alguna manera debía sacarlo.
Aunque por una extraña razón que cada vez comprendía más y más, una zona no estaba fría.
Últimamente su pene tenía consecuencias extrañas al estar con Carol, siempre daba pequeños respingos al pensar en ella dentro de su habitación, una vez llegó a ponérsele tiesa. No se masturbó, pero la idea le rondó la mente.
Al tiempo que le caía el agua masajeándole el cráneo, le vino a la mente las palabras que hacía meses le confesó a su tía. Parecía que era cierto, no podía tener amigas, siempre acababa pensando en ellas de un modo sexual. Aunque en verdad, ¿Era Carol su amiga o… quería en el fondo algo?
Tenía claro que la apreciaba mucho, era buena, confiable, agradable, a veces un poco intensa… en ocasiones demasiado…, pero se hacía querer y lo mejor de todo, conectaban.
Se secó sin dar más vueltas al tema, era su amiga y punto, lo dejó claro en su mente.
Con el pijama puesto y el pelo húmedo como apareció delante de su tía, volvió al cuarto.
Allí estaba Carol, esperando su turno, con el pelo moreno y de puntas azules realmente mojado, y envuelta en una toalla.
Debajo… nada, igual que la primera vez que se vieron.
—Has tardado una vida, espero que no te hayas pajeado…
—¡Qué obsesión con las pajas! No tranquila, no acostumbro a mancillar duchas que ya han sido usadas.
—Estuviste rápido… —entornó los ojos buscando una contestación que no llegaba— Esta te la puse en bandeja.
Carolina fue rápida y salió en unos minutos con su pijama puesto.
Un pantalón largo que le tapaba la mitad de unos pies descalzos y arriba una camiseta corta que le llegaba hasta el ombligo y marcaba dos pezones que no llevaban sujetador.
Sergio sentía que eran amigos, pero tampoco era tonto, si los pezones estaban para verlos…
miraría… disimuladamente…, pero miraría.
Le lanzó una cerveza al aire que la chica cogió con suma destreza.
La abrieron al unísono, compartiendo el sonido de liberación que a tantos y tantas gusta.
Brindaron en un aire ficticio y dieron el primer trago de las ocho cervezas que en teoría tocaba por cabeza.
Sí, Sergio había traído las que le dio la gana, dieciséis en total.
—Carol, entiendo que no te gusten los hombres. Vosotras tiráis mucho pelo en el baño, eso es un hecho. —afirmó lo que le decía, no tenía argumentos para lo contrario— Pero nosotros… olemos fuerte, somos brutos, nos dejamos llevar por impulsos y si tenemos barba os pica al besar y en otras zonas.
—Tú poco problema tendrás, menuda birria de barba que te sale.
—Gracias…
—Aunque tienes razón en muchas cosas, ya te dije que no es que no me gusten los chicos. Lo que te dije es que me he olvidado de ellos, bueno de vosotros.
—Cierto. —dio un trago largo, estaba seco y la garganta recibió de buena gana la cerveza fría— Es mucho inmiscuirme preguntarte ¿por qué?
Mirando a la ventana y viendo como las gotas golpeaban con fuerza, se levantó para poner un poco de música. Algo bajito, para no molestar a los estudiantes y suspiró con fuerza.
—No lo es. Eres mi amigo, me gusta hablar contigo. —Sergio se sintió feliz por escucharlo y a la vez decepcionado por la erección que tuvo pensando en ella— Fue antes de venir a la universidad. He estado con varios chicos, más chicos que con chicas, pero con mi ex ya dije hasta aquí.
Hizo una breve pausa para dar un trago largo, la historia no le gustaba, pero hablar con Sergio era otra cosa, con él todo sabía diferente. Dejó la lata en la mesa y se dispuso a hablar.
—Soy un tanto desastre —Sergio sonrió sin resistirse.
No hacía falta que lo jurara— Vale, es evidente que sí.
Sé que soy un tanto complicada para una relación, y algunas veces pues me ha costado estar en pareja, tampoco muchas.
Pero también me han fallado, no me gusta que me mientan y me duele muchísimo.
Casi siempre he tenido ese tipo de decepciones con los tíos y…
es irónico, porque con Paola me está pasando algo similar, aunque creo que de forma diferente.
Ella al menos tiene la excusa de la vergüenza y de no querer “salir de la zona de confort” ¿no?
Sergio dio un trago largo y levantó ambos hombros sin saber qué contestar.
Labró una opinión algo dura sobre esa Paola, que nunca había visto, pero no le caía bien porque creía que solo se beneficiaba de su amiga y que…
nunca estarían juntas. Al menos de cara al público, en esa habitación en la que estaba, sabía de boca de Carolina que le encantaba que le comieran su sexo.
—Tampoco quiero divagar mucho, porque no merece la pena.
Salía con un tío mayor, dos años más que yo, ahora parece una distancia enana, pero cuando tienes dieciséis, es la leche.
El caso es que yo de maravilla, me trataba bien, o eso creía, me llevaba a sitios en el coche…
bueno te imaginas una relación de una adolescente.
El caso es que la historia se resume muy fácil, me pidió unas fotos…
picantes… también te imaginas, y pues estúpida de mí se las envié.
—Hijo de puta…