La Trilogía (Aventuras y Desventuras Húmedas #4) UNA PARTE POR CERRAR #2
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UNA PARTE POR CERRAR #2

Marta suspiró con fuerza sin saber que decir, pero su silencio delataba más que cualquier otra palabra. Miró de nuevo a su ex pareja, le seguía mostrando la mejor de sus sonrisas, una sonrisa dulce y cálida, incluso de compresión.

—No… No te he puesto los cuernos con él… y… no somos novios, estamos quedando.

—No, Marta, no. Ni se te ocurra excusarte —la mano helada debido al frío, recorrió la mejilla caliente de la joven. A pesar de la sensación debido al contraste en su rostro quiso que se quedara allí para siempre.

—Pero, no es nada… de momento… quizá lo sea, pero no lo vi oportuno…

—Marta, pídele hoy mismo que sea tu pareja si es lo que quieras, no mantengas un estúpido luto por mí.

La joven alzó su mano hasta la mejilla donde la de Sergio reposaba y la sujetó. Al instante siguiente ambos las bajaron, quedando unidos por ellas a pocos centímetros el uno del otro.

—Solo un consejo, si me dejas dártelo. —ella con los ojos fijos en él, le atendió gustosa— Es solo una apreciación mía.

Creo que te vendría bien un tiempo de soledad, no ahora, quizá más tarde.

No solo me refiero a estar en pareja, sino en general.

Siempre te veo acompañada, ya sea de amigas, de tus padres o de un novio.

Algunas veces he pensado que temes estar sola.

—Sergio notó en sus ojos que la suposición que tantas veces se había hecho parecía realidad— Te diré una cosa.

Eres una chica valiente, brillante, lista…

lo tienes todo, incluso eres preciosa, eres una mujer independiente en todos los sentidos, no necesitas a nadie siempre a tu lado, a veces la soledad es buena compañera.

Marta no contestó, sabía que en parte tenía razón, ese miedo a estar sola siempre había estado en su interior y no entendía por qué.

Pensaba que vendría por ser hija única, por querer al lado siempre a alguien, no lo sabía muy bien y jamás lo comprendería, sin embargo, las palabras de su nuevo amigo, le harían cambiar de parecer.

—Gracias por todo, Sergio. Ahora… tengo que…

—Claro, no te quito más tiempo.

Los dos quedaron mirándose para que algo más sucediera, pero por unos segundos, todo siguió igual, el agua seguía cayendo y la gente, cada vez en menor cantidad seguía caminando hacia la salida.

—¿Sigues teniendo mi número? —preguntó Sergio, ella asintió— No lo borres. Algún día puede que te apetezca tomar un café o algo. Yo no lo voy a borrar.

—Bueno mejor un cola-cao, ¿no? —ella sonrió como tanto le gustaba al muchacho. Una sonrisa que le enamoraba.

—Sí, por mi mejor eso.

Ambos sonrieron como lo hacían cuando estaban enamorados y todavía cogidos de la mano se miraron como dos personas que seguían queriéndose.

Porque en realidad eso era, dos adolescentes que habían vivido un amor al extremo con sus subidas y bajadas, pero cuando una hoguera se acaba, siempre quedan las brasas.

Sergio se adelantó decidido, veía propicio el momento, el lugar, la situación y la predisposición.

Marta vio el movimiento del chico y abrió los ojos de par en par, la boca de Sergio estaba cerca, tanto como cuando eran novios.

Podría haberlo eludido, pensar en el chico que esperaba fuera y no caer en esa tentación.

Pero ¿cómo denegar tal acción a un hombre que le había dicho tantas cosas buenas y que tanto había amado?

… Y amaba. Movió su cabeza hacia delante y buscó lo que Sergio le ofrecía.

Los dos se besaron cogidos de la mano. Sus labios calientes a pesar del frío chocaron el uno contra el otro dándoles unos recuerdos que seguro nunca olvidarían. Sus primeros besos, sus primeros paseos, los planes que hicieron, el sexo, todo convergía en ese último beso.

Sergio abrió la boca y Marta le copió, juntando ambas lenguas en un vals que ojalá nunca se acabase.

Los buenos momentos corrieron por sus recuerdos, tanta alegría concentrada en fracciones de segundo, pero la situación era más propicia para otros momentos, unos más íntimos.

El día que volvieron a ser pareja después de un día duro de “estudio” en la biblioteca, como la joven se saltó todo lo que creía haciéndolo en el baño.

“El mejor polvo de mi vida” juraba en su cabeza siempre que lo recordaba.

Con la lengua de su exnovio todavía en su boca, lo rememoró de tal forma que un calentón le surgió en lo más profundo de la entrepierna.

El beso finalmente acabó, más por fuerza del joven que de Marta, la cual se quedó con los ojos cerrados y con ganas de más, mucho más.

Terminaron por mirarse, los dos tenían los pómulos enrojecidos, la respiración algo acelerada y un calor en el cuerpo que hacía olvidar el gélido invierno.

Las manos al fin se soltaron y Sergio sonrió a la que había sido su primera novia.

—Marcha, anda, que te están esperando y esto… mejor no lo cuentes.

—Me da que no… —Marta sonrió con picardía al ver que Sergio hacía lo mismo, la mirada del joven la descifró a la perfección, su exnovio aún sentía deseo por ella.

Se dieron la vuelta y caminaron en caminos opuestos.

Separados por unos metros, Marta sintió ser observada y se giró para ver al muchacho, pero este caminaba hacia el otro lado sin reparar en ella.

Abrazó de nuevo sus cuadernos con fuerza contra su pecho para reprimir el deseo de gritarle ciertas cosas subidas de todo, pero sin contener su boca y teniendo que decir algo le llamó.

—Sergio.

Su tono fue elevado, tanto que cualquiera del camino adyacente la podía escuchar. El joven se viró divisando lo preciosa que era la muchacha con la que había compartido tanto tiempo y momentos. Se quedó quieto mientras esta le miraba y esperó paciente para escuchar lo que tenía que decirle.

—Te quiero.

Algún que otro estudiante que todavía pasaba les miró con curiosidad, sin reparar mucho más en la situación. Marta comida por una vergüenza que había superado, se dio la vuelta y con la cabeza gacha y el gorro todavía puesto comenzó a andar al encuentro de sus amigas.

Sergio en cambio se quedó observando como aquella chica se alejaba.

Como un símil de su vida, Marta se perdía en el camino mientras la lluvia golpeaba con fuerza.

Pensó que eso era lo mejor, aunque el corazón todavía le pedía más de ella y otra parte…

la cual se había alegrado con el beso y pedía salir del calzoncillo.

Caminó bajó la lluvia como si flotase, con una conciencia relativamente más limpia. Salió por la puerta de abajo, en vez de la de arriba donde el “novio” de Marta esperaba pacientemente. “Lo que me faltaba, cruzarme con él después de besar a Marta” pensó con una media sonrisa.

Después de rodear la universidad pasando varios minutos bajo la lluvia para evitar de nuevo ver a su exnovia y la pareja de esta, logró llegar al coche.

Soltó un pequeño grito de victoria, uno para quitarse la tensión que se había acumulado en su interior durante todo este tiempo y dos para calentarse con la expulsión de la adrenalina.

Estaba liberado, había cerrado los dos frentes abiertos que le quedaban y estaba dispuesto a encarar su vida con ganas.

—Un examen más y listo.

Aunque al arrancar el coche, algo que había olvidado por unas horas apareció en su mente.

¿Qué debía hacer con su madre? El breve rugir del coche, dándole la tranquilidad de que el motor se encendía no le quitó la pregunta de la cabeza.

Aunque todavía con un examen más de por medio, prefirió dejarlo para otro momento.

—Tengo que solucionar eso como sea, ya sea dejando que se me pase o… —lo que realmente quería se hizo presente en su voz— haciendo algo…

La lluvia golpeaba con fuerza en el parabrisas mientras conducía pensando en su madre y en el caliente sueño que había tenido aquella misma noche.

Las preguntas se debatían en su mente, pero trató de centrarse en la carretera.

De pensar en Mari ya se ocupaba su entrepierna, primero por el beso de Marta y ahora por los recuerdos del dulce sueño, aquello no bajaba, sino que aumentaba.