Aunque sea mentira Capítulo 37
60%

Capítulo 37

Zak Prescott

Cuando terminé el calentamiento y regresé al vestuario, el sudor me corría por la nuca y mi cabeza por fin estaba en el lugar correcto, faltaba poco. El entrenador empezó la última charla antes de salir.

Tomé el celular y no tenía ningún mensaje nuevo.

Zak: ¿Ya saliste?

Dejé el teléfono a un lado y seguí ajustándome el equipo, cinco minutos después, volví a mirar y nada.

Me pareció extraño y llamé, pero sonó hasta que se cortó.

—Qué mierda…

Se me cerró el estómago, abrí la conversación otra vez.

Zak: ¿Hannah?

Esperé y nada, así que llamé de nuevo y volvió a sonar hasta caer en el buzón de voz.

—¡Prescott!

—¿Qué? —Levanté la mirada.

—¿Estás escuchando? —preguntó el entrenador.

—Sí. —No lo estaba.

Miré la hora y ella ya debería estar allí. Aquello ya no era normal. Hannah podía tardar en responder, podía estar ocupada o ignorarme por puro placer, pero se tomaba las promesas demasiado en serio.

Volví a llamar y nada.

—Qué mierda. —Caleb miró hacia mí.

—¿Algún problema?

—¿Dónde está tu hermana?

—Es tu novia. —Arqueó una ceja.

—Caleb, ¿sabes adónde fue? —Mi tono hizo que se detuviera—. ¿No habló contigo hoy?

—Habló conmigo esta mañana.

—¿Qué dijo?

—Que tenía que resolver algo de la universidad y después vendría. —Terminó de ajustar una de las protecciones.

—¿Con quién?

—No recuerdo el nombre.

Tomé el celular otra vez y seguía sin haber mensajes nuevos. Mi corazón se aceleró durante un segundo cuando vibró, pero no era Hannah, era Edgar.

Edgar: Llámame en cuanto puedas.

Me quedé mirando la pantalla y llegó otro mensaje.

Edgar: Es sobre Nicolas.

Toda la tensión que llevaba intentando ignorar desde la biblioteca regresó de golpe, salí del vestuario, llamé y Edgar respondió al primer tono.

— ¿Dónde estás?

—Ya estoy en la arena. Habla.

— Encontré cosas sobre él.

—¿Qué cosas? —Me apoyé contra la pared.

— Más de las que quería.

—Dilo de una vez, Edgar.

— Nicolas estudió en dos universidades antes de Montlake.

—¿Y?

— No se fue por las calificaciones. —Cerré la mano libre.

—Sigue.

— Hay denuncias por acoso. Más de una.

—¿Qué tipo de acoso?

— Mensajes, aparecer en lugares, seguir a chicas, insistencia después de un rechazo.

Miré hacia el interior del vestuario y vi a Caleb hablando con otro jugador.

—¿Solo eso? —Edgar se quedó en silencio, yo ya esperaba la mierda—. Habla.

— Una chica lo acusó de ponerle algo en la bebida. —Todo el pasillo pareció enfriarse.

—¿Qué?

— Y después intentar abusar de ella.

—¿Estás seguro?

— Encontré referencias en un registro antiguo y en comentarios de un proceso disciplinario. No terminó en condena. Ella retiró parte de la acusación después, pero…

—¿Cuál es su dirección?

— Zak.

—DIRECCIÓN, EDGAR.

— Te la estoy enviando. —Colgué y entré en el vestuario.

—Caleb.

Me miró.

—¿Qué?

—¿Con quién iba Hannah a resolver ese trabajo?

—Ya te dije que no recuerdo.

—Piensa.

—¿Por qué? —Su expresión cambió.

—Piensa, carajo. —Se quedó unos segundos intentando recordar.

—Creo que... Nicolas.

Se me heló la sangre.

El celular vibró en mi mano, era la dirección que Edgar había enviado.

Miré a Caleb.

—¿Fue a su casa?

—Creo que sí.

—¿Crees?

—Dijo que iba a entregarle una parte del trabajo. ¿Cuál es el problema? —Empecé a quitarme los guantes—. ¿Zak? —Me arranqué el casco—. ¿Qué mierda está pasando?

—Entra al hielo.

—¿Qué?

—Entra y juega.

—Te estoy preguntando por Hannah.

—Y yo te estoy diciendo que juegues. —Se levantó y vino hacia mí.

—No me ordenes una mierda.

—¡Dos minutos! ¡Vamos! —El entrenador apareció en la puerta.

Lo ignoré por completo.

—Nicolas ya fue acusado de acosar a otras chicas.

—¿Y? —Caleb se quedó inmóvil.

—Y una de ellas dijo que la drogó.

—¿Qué? —Su rostro perdió el color.

—Y que después intentó abusar de ella.

—Voy contigo. —Caleb se arrancó sus propios guantes.

—No. —Le sujeté el brazo.

—Suéltame, Prescott.

—No.

—¡ES MI HERMANA!

—Lo sé.

—¡ENTONCES QUÍTATE DE MI CAMINO!

—¿Qué mierda está pasando aquí? —preguntó el entrenador al regresar.

Caleb intentó pasar junto a mí y volví a sujetarlo.

—El equipo no puede quedarse sin los dos.

—Que se joda el equipo. —Me miró como si hubiera perdido la cabeza.

—No.

—¡Zak!

—Escucha. —Me acerqué más—. Tú entras.

—No.

—Tú juegas.

—¡Vete a la mierda!

—Caleb. —Respiraba con fuerza y yo también—. Si ella está bien, que tú abandones el partido no cambia nada. Si no está bien… —Mi voz falló durante un segundo—. ...yo llegaré hasta ella más rápido solo.

—Voy contigo. —Cerró los ojos.

—No vas.

—Tú no mandas sobre mí.

—Entonces piensa como jugador.

—¡Es mi hermana!

—Y eres el segundo mejor hijo de puta de ese equipo. —Me miró—. Después de mí.

Incluso en aquel momento, casi me mandó a la mierda.

—Te necesitan ahí dentro y necesitas que te vean los que están afuera si quieres tener un futuro en el hockey.

—Prescott, ponte esa mierda y entra al hielo ahora. —El entrenador me señaló, pero yo me quité la protección del brazo.

—No.

—¿Qué?

—No voy a jugar. —Su expresión se convirtió en pura incredulidad.

—¿Te volviste loco? —Seguí quitándome el equipo—. Prescott, este partido decide la clasificación.

Lo sabía.

—Hay ojeadores aquí.

También lo sabía.

—Tu hermano está en las gradas, tu padre está…

—Lo sé. —Me arranqué el equipo.

—Entonces ¿qué mierda estás haciendo? —Tomé mi ropa.

—Voy a buscar a mi novia.

—ZAK.

—¡Después, carajo! —Me puse la camiseta de cualquier manera, pero el entrenador vino detrás de mí.

—Si sales ahora, estás fuera del partido. —Seguí caminando—. ¿Me estás escuchando?

Sí, lo escuché. Escuché a la afición, mi nombre por los altavoces, a alguien en el pasillo llamar a Liam, pero no me detuve.

Liam apareció antes de que alcanzara la salida.

—¿Zak? —Pasé junto a él y me sujetó del brazo.

—¿Qué pasó?

—Tengo que irme.

—¿Te volviste loco?

—Sí. —Richard apareció justo detrás.

—¿Adónde crees que vas? —Me solté.

—A resolver una cosa.

—Tienes un partido.

—Lo sé.

—¡Entonces vuelve! —Seguí caminando—. ZAK PRESCOTT.

Me detuve y me giré. Mi padre tenía aquella expresión que conocía desde niño, la que decía que estaba a punto de decepcionarlo otra vez, pero aquello no hizo ninguna diferencia.

—Si sales por esa puerta ahora…

—Ella puede estar en peligro. —Richard frunció el ceño.

—¿Quién?

—Hannah.

—¿La chica? —La expresión de Liam cambió de inmediato.

—Sí.

—Voy contigo.

—No. —Richard soltó el aire con impaciencia.

—¿Vas a abandonar un partido por una chica?

—¡Sí, voy a hacerlo! —Lo miré—. No es cualquier chica.

Crucé el pasillo y bajé las escaleras, empujé la puerta lateral, mi celular sonó y era una llamada de Hannah. Me detuve tan rápido que casi dejé caer el teléfono.

—¿Hannah? —Respondí.

Pero no escuché nada, excepto un ruido.

—¿Hannah?

Escuché una respiración débil y mi corazón casi se detuvo.

—Háblame —nadie respondió.

Después escuché una voz lejana, pero no era la suya.

—Hannah, suelta eso. —Reconocí la voz de Nicolas.

Se me heló la sangre.

—¡HANNAH! —La llamada se cortó.

Miré el teléfono, durante un segundo, todo quedó completamente en silencio. Entonces empecé a correr, subí al auto e introduje la dirección de Nicolas en el GPS. Diecisiete minutos de distancia.

—No. —Pisé el acelerador.

Aquella mañana me había despertado queriendo jugar el mejor partido de mi vida, ahora solo existía una cosa que importaba: llegar hasta Hannah antes de que aquel hijo de puta hiciera algo que yo nunca podría deshacer.