Capítulo 23
Envuelta en una toalla y alisando su largo cabello negro, Eira abrió la puerta para recibir a Lean y Jannie, que venían disfrazadas y listas para que Cat las ayudara con el maquillaje.
La rubia estaba retocando su peinado, enfundada en una bata blanca.
Se quedó con la boca abierta cuando las vio entrar.
Su sorpresa solo podía equipararse con la de su compañera de cuarto, que todavía sostenía la puerta.
Lean se desprendió de la capa para develar el hermoso disfraz de burlesque, en tonos lila y rosa que había elegido para esa noche; estaba resplandeciente, pero algo en su mirada había perdido el brillo con el que regresó de Córcega.
Jannie entró detrás, bebiendo una botella de agua.
También tenía una capa negra pero no hizo ningún gesto de quitársela.
Cuando vieron el escudo de Gryffindor en el pecho de la túnica, a las dos se les desencajó la mandíbula. Cat ni siquiera pudo incorporarse.
—Dime que es una puta broma…
—¿Qué? —dijo Jannie, siguiendo las miradas de las tres. Lean suspiró— Es una fiesta de disfraces, no había un requerimiento específico.
—No… pero… —Eira la miraba de arriba abajo, desde los zapatos bajos, la falda por la rodilla que asomaba, la corbata en bordó y dorado. Estaba disfrazada de Hermione Granger, la amiga de Harry Potter.
Cat se acomodó en la bata, hizo a un lado a Lean y se fue encima de Jannie.
—¿Y vestida así piensas seducir al bonito Max?
—Yo no estoy vestida así para seducir a nadie. Voy a una fiesta de disfraces…
—¿Y por qué estás tomando agua?
—Porque tomé vino en la cena y si empiezo a mezclar voy a terminar dormida, o peor, vomitando por los pasillos.
—No seas infantil, Jannie. Eres una mujer, no una niñita de once…
—Por eso… yo elijo cómo me disfrazo... y qué tomo… —Cat levantó los brazos al techo con un gruñido de frustración y se dio vuelta, ignorando a su amiga.
—¡Me rindo! ¡Pongo a Dios de testigo que he intentado de todo para ayudar a esta niña!
¡Si se queda sola, vieja y arrugada, yo dormiré tranquila porque he hecho hasta lo imposible para que consiga novio!
¿Por qué se rehúsa a recibir ayuda? —Jannie puso los ojos en blanco y buscó un lugar para sentarse.
Todo estaba revuelto como si hubieran entrado a robar, con varios trajes descartados, ropa interior, medias, zapatos. Incluso un bate de béisbol.
—Tranquilízate, Cat. Empieza conmigo… —dijo Lean, intentando conciliar, distraerla.
Eira se sentó junto a Jannie. Entre las dos brillaba la chaqueta roja y azul de raso con un bordado en dorado que decía “Propiedad de El Guasón”.
Jannie era tímida y dócil, pero cuando se plantaba en sus decisiones era tan o más inamovible que la mismísima Cat.
No tenía sentido pelear con ella. En el mejor de los casos, se levantaría en silencio y se encerraría en su camarote esa noche, sino el resto de la travesía.
Presionarla contra su ser natural era como hacerlo con Cat y vestirla de monja.
Había una sola manera de hacerlo: en el caso de Cat, convencerla que la monja sería la más hereje del Vaticano; en el caso de Jannie…
—Lean… —dijo Eira, poniéndose de pie y llegando hasta el pequeño refrigerador que mantenían bien surtido— ¿Caipiroska?
—¡Sí! ¡Por favor!
—¿Qué te ofrezco, Jannie? —Ya había terminado su botella de agua— Para brindar…
—Oh… ¿Qué tienes?
—Caipiroska, Smirnoff…
—¿Todo con vodka?
—Tengo algunos con champagne: Black Velvet —dijo, leyendo la etiqueta— tiene cerveza negra y champagne; Agua de Valencia: Champagne, jugo de naranja, vodka y ginebra; Bentley: brandy, licor, schnapps, zumo de granada y champagne. Black Bird tiene azúcar, Angostura, brandy y champagne .
—Mejor empezamos con esos —dijo Cat, mientras delineaba los ojos de Lean— En la fiesta seguramente tomaremos champagne.
—Tienes razón. Dame un… Agua de Valencia —Eira le alcanzó una botella individual con el trago preparado. Cat se hizo de un Bentley y ella un Black Velvet.
—Bien. ¿Por qué brindamos?
—¡Por conseguir buenos machos hoy! —Cat alzó su botella y bebió sin respirar. Jannie entornó los ojos.
—Porque nos divirtamos como locas, con o sin hombres, esa debe ser la misión.
—¡Aburrida! —le retrucó Cat, retornando a sus labores de maquillaje en Lean.
Jannie se acomodó en la cama y acarició la peluca del disfraz de Harley Quinn; Eira se sentó y se la ofreció.
—Estuve viendo el sistema de la peluca, Cat solo compra lo mejor. El disfraz es increíble, copiado exacto del que usa Margot Robbie en Suicide Squad.
—Es hermoso… pero solo alguien como Cat podría ponerse algo “así” —dijo, levantando el microshort bordado en lentejuelas que combinaba con la chaqueta.
—¿Y los zapatos? —Cuando los sacó, un par que emulaba botas de hockey sobre hielo con tacones de quince centímetros de metal, a las dos se le dilataron las pupilas. Jannie podía ser sencilla y especial, pero era mujer, y los zapatos nos pueden a todas.
Dejando la botella en la mesa de noche, Jannie midió el zapato sobre el suyo, sin tacón, que completaba su uniforme de la Escuela Hogwarts de Magia y Hechicería. Eira le susurró al oído, como la voz de la conciencia.
—Cat no va a usar ese disfraz… podrías usar aunque sea los zapatos…
—Jannie miró a Cat a través del espejo. La dueña del incomparable par encogió un hombro como si no le importara.
Antes de saber qué estaba haciendo, ya se los estaba probando por sobre las medias negras de nylon— ¡Mira!
Te van perfectos. No sabía que calzaban lo mismo.
—Yo tampoco…
—Porque jamás aceptaste usar los zapatos que te he ofrecido.
—Y lo que te decía de la peluca, tiene un sistema interno que prácticamente se adhiere al cabello y parece naciendo desde el cuero cabelludo.
Y es de pelo natural… —Mientras acariciaban las ondas blancas teñidas de rosa y azul en sus puntas, anudada en dos coletas, Eira hizo girar a Jannie y se la acomodó en la cabeza.
No había muchas complicaciones porque tenía el cabello muy corto, y era cierto, el sistema de peinetas encajaba con perfección.
Mientras Eira le acomodaba la peluca a Jannie, Lean se acercó hasta el minibar y sacó otra botella de Agua de Valencia, para reemplazar la casi vacía que tenía la muchacha a su lado.
Las tres dejaron lo que estaban haciendo y empezaron a admirar lo bien que le quedaba la peluca y los zapatos, y siguieron brindando, por la amistad, la alegría, por ese viaje maravilloso, la libertad, por los sueños hechos realidad.
Una vez que Lean estuvo lista, terminó de ayudar a Jannie, con una botella de Black Velvet para cada una.
Sin varita mágica, en quince minutos habían logrado hacer desaparecer la túnica y el uniforme de la niña maga, y le estaban calzando, literalmente, el de psiquiatra loca fanática de las novelas románticas de Harlequin.
—¡Esa camiseta es tan tierna y al mismo tiempo tan loca! —dijo Lean
—No es necesario que te pongas las medias de Joker. Puedes dejarte esas… —concedió Cat, mientras le acomodaba el minishort.
—Tiene un collar que dice “Pudin” ¡Qué dulce!
—Desdramatizaré el maquillaje… —Cat la sentó en la cama frente al gran espejo— Un poco de sombra aquí… en combinación con el pelo… algo de polvo... el lunar con forma de corazón.
Una vez terminado, no la dejaron distraerse y la obligaron a ayudarlas con sus disfraces.
Se vistieron entre risas, bastante colocadas en alcohol y felices por los frutos de su siniestro plan contra la más inocente.
Todo eso sin permitirle acceso al espejo.
Jannie y Lean ayudaron a Cat y Eira con sus disfraces.
Maléficas. ¡Oye! No eran tan malas, la dejarían salir de la habitación con la túnica de Gryffindor encima.
Ya habían tocado las doce campanadas, muévete afuera, Cenicienta, era el momento de ellas de brillar.