CAPÍTULO 34 #2
—Perdona, no debería haber mentido —pedí.
—Yo tampoco te lo puse fácil —me envolvió la cintura en un abrazo cálido—. No me gusta pelearme contigo, Cha Cha. Perdona —me besó la mejilla.
—No contestabas mis llamadas; Jensen habló conmigo después del partido, Grant quería verme en persona, pero no pudimos y al menos hablé con él por llamada. Tú siempre huyendo. Te juro que, la próxima vez que hagas esto, te voy a pegar con un stick lleno de clavos.
—No lo haré. Estar lejos de ti es un infierno.
—Y deja de pagarla con Callum. Es majo, lo quiero —levanté la cara, mirándolo—. No os quiero peleando.
—Y yo no consigo aceptar que ese tío se haya ganado tu corazón. Tengo miedo de que te haga daño, Lotte.
—Si lo hace, estoy segura de que le vais a dar una buena lección. Pero no podéis vivir pensando en lo que podría pasar, cuando estoy aquí mismo, pidiéndote que te lo tomes con calma con mi novio. Quiero que seamos todos amigos, Craig, ¿por favor?
Miré a mi hermano, viendo cómo la rabia desaparecía de sus ojos.
Yo no sabía por lo que había pasado Craig; si lo hubiera sabido, habría buscado la forma de ayudarlo o de consolarlo.
Pero me mantuvieron a oscuras, apartada por quienes yo quería.
No voy a lamentarme por un pasado que no se puede cambiar; voy a centrarme en el futuro que tengo delante: hacer las paces con mis hermanos y apoyar a mi novio.
—No te quiero viendo con su camiseta puesta, vuelve a ponerte la nuestra.
—No —me reí por la pulla.
—Cha Cha, tienes que ceder en algo.
—Sé bueno con Callum y me lo pensaré —prometí.
Craig se rio, puso los ojos en blanco, bajó la cara y me besó la frente mientras me apretaba en un abrazo fuerte, de esos que quitan el aliento. Acción de Gracias, que había empezado con un caos absoluto, terminaba con mis hermanos en paz conmigo y aceptando, en parte, a mi novio.
—¿Cómo va tu situación con el equipo?
—Están investigando quién filtró el contrato; otros jugadores también salieron perjudicados —empezó a patinar despacio; lo acompañé.
Craig estiró el brazo, indicando que quería un abrazo. Me reí, agarrándome a su brazo fuerte —de los tres, era el más musculoso. Apoyé la mejilla contra su hombro. Craig me sujetó la mano, dejándonos unidos, saciando la nostalgia y sellando nuestra reconciliación.
—Los Red Wings mandaron a tres abogados para defenderme en la audiencia del comité de la NCAA, y conseguí evitar una sanción por filtración de contrato, demostrando que no fue culpa mía. Por desgracia, con los Jaguars las cosas se han puesto raras.
—¿Qué está pasando? —le apreté el brazo, queriendo transmitirle fuerzas.
—Algunos jugadores me han mirado raro, con envidia. Especulan que Jensen y Grant han conseguido un contrato, aunque no hablamos de eso. No es como antes: estamos ganando la temporada gracias al entrenador, que ha mantenido el orden, pero los jugadores ya no escuchan a Jensen.
—Eso es pésimo.
—Horrible. Nuestro último año debería ser el mejor, pero está siendo un infierno por culpa de esa maldita filtración.
De momento, los Red Wings lo están investigando y no me han tratado raro.
Mi agente avisó de que tienen una pista de quién entró en su servidor y la están siguiendo.
Sinceramente, no sé si llegaremos al Frozen Four con el equipo tan descentrado.
—Vais a encontrar la manera, estoy segura —apoyé la cabeza en su brazo.
—Pensaba que estarías contenta de que tu novio tuviera una oportunidad de ganarnos.
Me reí, imaginando que en algún momento diría algo así.
—Yo defiendo a Callum de vosotros fuera de la pista; en el hielo, podéis mataros que no me voy a enfadar con nadie.
—Si el capullo me vuelve a romper el brazo, ¿no vas a hacer nada?
—Por supuesto que le voy a romper la cabeza, pero eso no viene al caso —miré a mi hermano—. Que quede claro: le rompo la cara a cualquiera de los tres que le haga daño a propósito. Portaos bien, jugad limpio, sin sangre en la pista.
Craig soltó una carcajada, y ese sonido me alivió el corazón. Podía estar pasando por dificultades, pero conseguiría superar ese desafío; lo sabía.
Seguimos patinando, hasta que Craig decidió volver al partido improvisado. No me acusó de ayudar a Callum a descubrir la estrategia de los trillizos; Craig sabía que yo nunca haría eso. Era leal a mis hermanos y a mi novio.
—¡Allá voy! —grité, patinando en dirección a los cuatro.
Desde pequeña, me encantaba patinar con mis hermanos. Nunca quise ser patinadora artística; quería trabajar, gestionar sus carreras. Patinar con mis hermanos le daba libertad a mi corazón.
Callum se giró, agarrándome la cintura cuando salté en el aire, girando mientras me reía a carcajadas. El pelo se me alborotó con el viento. Le rodeé el cuello con los brazos; él patinaba alejándonos de los chicos.
—¡Ni se te ocurra robarte a mi hermana! —gritó Jensen.
—¡Vuelve aquí, sinvergüenza! —Grant patinó veloz hacia nosotros.
—¡Coged a ese ladrón de hermanas! —ordenó Craig.
Me reí a carcajadas.
Le rodeé la cintura a Callum con las piernas, aferrada a su torso mientras él patinaba intercambiando pullas con los chicos. La felicidad de ese momento me invadió el corazón de forma pura, clara, limpia. La certeza de que todo iba a salir bien al final.
Quería a mi familia y a mi novio. No había motivos para elegir entre uno u otro; podía tenerlos a todos.