CAPÍTULO 23
Charlotte Lins
Quería arrancarle la cabeza a Craig. Se había lesionado el tobillo y se negaba a quedarse fuera del partido de hoy, sabiendo que, con la lesión, su rendimiento se vería perjudicado y, peor aún, sentiría dolor durante todo el partido.
Apreté el móvil entre los dedos, escribiendo furiosa a los idiotas que habían aceptado que Craig jugara, ya que solo había sido un golpe; no se había roto nada, según el médico que lo examinó de madrugada.
—¿Lista para el partido? —Lera asomó la cabeza en mi habitación. Pegué un salto, gritando por el susto—. Vaya, chica, ¿estabas viendo porno?
—¿Qué? ¡No!
Lera se rio, entrando para mirarse al espejo.
Su piel oscura parecía brillar bajo la luz amarillenta; Lera era una mujer extremadamente guapa.
Llevaba puesta una camiseta femenina del equipo de hockey.
Otra vez suspiré al ver mi camiseta holgada que Callum me había dado.
Sabía que era importante para él que la llevara hoy, pero no lograba que me gustara la tela suelta.
—¿Regalo de Callum? —preguntó Lera.
—La sacó de su armario para mí —suspiré—. Pero estoy horrible.
—Podemos arreglar eso. Espera aquí.
Lera salió de la habitación y seguí mirándome.
Elegí llevar unas medias y una falda negra, a juego con el color del equipo.
Debajo de la camiseta, me puse un sujetador bonito, sexy, de encaje nuevecito, a juego con las bragas rojo sangre.
Quería darle una sorpresa a Callum, ya fuera para consolarlo por la derrota o para celebrar la victoria.
Mi amiga volvió con una cajita; me di cuenta de que era un kit de costura de emergencia.
Lera empezó a poner alfileres en la camiseta y luego me la quité con cuidado para no pincharme.
Faltaba menos de una hora para el partido.
Anna había ido delante y prometió guardarnos sitio.
Era raro que ella y Lera hubieran empezado a hablar más después de la fiesta del equipo de hockey.
Media hora después, me puse la camiseta, sonriendo al ver lo bien que me quedaba en el cuerpo.
Seguía siendo grande, pero esta vez la cintura estaba más entallada, las mangas reducidas de tamaño, los hombros un poco más arriba, casi del tamaño de los míos, y el bajo quedaba escondido dentro de la falda.
Mantenía la esencia de una camiseta masculina, pero sin dejarme parecer un saco de patatas.
—¡Perfecto, Lera! —la abracé en agradecimiento.
—Solo hice un arreglo de emergencia. Luego lo ajusto mejor para que no se rasgue. Vamos a animar a tu hombre.
Sonreí, nerviosa. Nunca había animado a otro equipo que no fuera el de mis hermanos, y tenía miedo de acabar entusiasmándome con una jugada suya, o de enfadarme tanto con Craig al ver su rendimiento patético por estar lesionado, que acabara revelando ante los demás que estaba animando al enemigo.
Hoy tenía una misión: gritar bien alto el nombre de mi novio. Y nada más que eso.
Mandé otro mensaje al grupo, avisando de que bajo ningún concepto podían demostrar que me conocían, o cortaría lazos con los tres para siempre. Callum no merecía enterarse de nuestra relación de esa manera; tenía que preparar el terreno, hacerlo con cuidado, para que nada saliera mal.
Fui con Lera en su coche; Callum no había podido venir a buscarme, pero habíamos quedado en ir juntos a la fiesta de después del partido. Llevé un bolso con ropa y algunos artículos de aseo, dejándolos en el coche de Lera para recogerlos más tarde.
Casi no conseguimos aparcar; mi amiga usó su encanto con unos chicos para quedarse con su plaza, prometiéndoles verlos en la fiesta más tarde. Me reí, sabiendo que cumpliría la promesa, y los chicos se quedaron decepcionados al ver que a ella le gustaban las mujeres.
Entramos en el pabellón y me sorprendió la cantidad de estudiantes animando a Dnort.
Pensé que serían minoría, pero, por lo visto, muchos habían venido a apoyar al equipo.
Le mandé un mensaje a Anna y la encontré minutos después.
Mi amiga había conseguido unos sitios estupendos en el centro de la grada.
Subí con Lera abriéndonos paso, me senté junto a Anna y, para mi sorpresa, Lera se acomodó al otro lado, enredando un mechón de su pelo pelirrojo entre los dedos.
—Buenas noches, gatita —dijo Lera—. Gracias por guardarnos el sitio.
—Ha sido difícil —respondió Anna, un poco colorada. Me reí, sin creerme que aquellas dos fueran a liarse otra vez.
Hacía apenas unas semanas, Anna estaba llorando desconsolada por mi novio, y ahora se ponía colorada por culpa de Lera.
Menudo giro de tuerca. Charlé con las dos hasta que oímos el inconfundible sonido del comienzo del partido.
La mascota de cada equipo entró haciendo ruido, acompañada por las animadoras.
Las chicas gritaban fuerte, agitando los pompones.
Sonreí al ver a Chelsea en la grada, expulsada del equipo por mala conducta.
Después de una breve presentación, entraron los jugadores, patinando por la pista.
El aura dominante de Callum se extendió por toda la pista, llegando hasta mí.
Noté sus ojos buscando algo entre el público.
Sonriendo enamorada, me puse de pie, gritando su nombre y agitando un globo estirado que Anna me había dado.
—¡Callum! —grité tan fuerte como pude.
Sus ojos de hielo encontraron los míos y, en el mismo instante, nació una sonrisa en su rostro varonil.
Me temblaron las piernas ante esa intensidad.
Me señaló, sonriendo, como si les estuviera diciendo a todos en esa arena que yo le pertenecía.
Se señaló a sí mismo, se dio la vuelta enseñando su nombre y su número.
La multitud gritaba, y noté varias miradas volviéndose hacia mí.
Riendo, muerta de vergüenza, me senté, escondiendo la cara detrás del globo. Anna gritaba, dándome con su globo.
El equipo de Cast terminó su presentación, tomando su sitio en la pista para empezar el calentamiento.
Y entró el equipo de Dnort, trayendo un ambiente pesado para la afición de Cast. Jensen patinaba como si la pista le perteneciera, levantando los brazos y exhibiéndose, mientras mis hermanos lo acompañaban.
Craig patinaba despacio, inclinándose hacia la izquierda, y me dieron ganas de bajar de la grada solo para darle un golpe en esa cabeza tan tozuda.
La afición de Dnort cumplió con su papel, animando al equipo.
Y en el segundo en que los ojos de los trillizos me encontraron, sentí que el alma se me helaba. Busqué a Callum con la mirada, viéndolo apretar el stick entre los dedos, notando hacia dónde miraban mis hermanos.
—¿Por qué los trillizos demoníacos nos están mirando? —preguntó Anna, con recelo.
Puse una expresión furiosa, con ganas de asesinar a los tres. Se dispersaron, centrándose en su propia afición al otro lado. Callum me miró lleno de celos, y casi pude ver el baño de sangre en que se convertiría el partido de hoy.
Mi novio no sabía que los chicos me observaban por ser mis hermanos. Pensaría que tenían otro interés en mí, y eso hizo que se me helara la sangre. Con recelo, sabía que el partido no iba a ser pacífico.
Mierda. No debería haber venido.
Callum O’Brien
Los desgraciados miraban a mi chica como si les perteneciera.
Vi rojo a través del casco. Me levanté, terminando el estiramiento de cadera; cogí el stick, con ganas de cometer un asesinato. Patiné veloz hasta el otro lado de la pista, pasando la línea azul hasta llegar a Jensen. Me paré a centímetros de él, notando su mirada curiosa.
—Aléjate de ella —le advertí, casi gruñendo.
Sus hermanos se acercaron, listos para respaldar al mayor. No me dejé intimidar por los tres armarios; confiaba en mis habilidades y sabía que podía recibir algún golpe, pero les daría buenos puñetazos en la cara a esos miserables.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Jensen, con voz grave, preparándose para la pelea.
Levanté el dedo, señalando a mi chica, sujetando el stick con fuerza en la otra mano. Casi escupiendo fuego de la rabia, noté cuando las miradas de los tres se fijaron en ella. Charlotte tenía una expresión asustada; de pie, sabía que si pudiera entraría en la pista para evitar una pelea.
—¡Charlotte es mi chica y, como vuelva a veros mirándola, os mato!
—Espera, ¿estás saliendo con ella? —preguntó Grant, dando un paso al frente.
—Sí. Y no lo voy a repetir —gruñí.
—¡Vaya broma de mierda! —se quejó Craig, irritado, tirando el stick al suelo.
—¡Parad ya! —ordenó Jensen.
Cruzó una mirada con sus hermanos, un aviso, una conversación silenciosa que yo no entendía. Me giré, viendo a Charlotte contra el plexiglás [10] , los ojos verdes muy abiertos, las manos apretadas contra la estructura transparente, angustiada.
—Más te vale tener cuidado en el partido de hoy, O’Brien —avisó Jensen, sombrío.
—Te voy a limpiar el hielo con tu careto de mierda —lo amenacé, chocando mi casco contra el suyo, resoplando de celos—. Charlotte es mía, Lins, aléjate de ella.
—No sé de qué me hablas —sus palabras no reflejaban su mirada letal, la furia ardiente derritiendo el hielo.
—¡Vosotros dos, separaos! —Bowman se plantó a nuestro lado, tirando de mi hombro—. ¡No hagas ninguna tontería, Callum!
—Eh, tío, ¿qué es esto? —apareció Inaki al otro lado, tocándome el pecho—. Joder, Callum, has hecho llorar a Lotte.
Sus palabras despertaron mi mente, centrada en la pelea.
Volví la cara, viendo a mi chica contra el plexiglás, con la cara roja y lágrimas cayéndole por las mejillas.
Dejando la pelea atrás, patiné a toda velocidad hacia ella, parándome contra el muro, levantando la mano con el guante y colocándola contra la suya.
—Ratita —la llamé bajito, odiando verla llorar.
—Me prometiste que no iba a estropear tu temporada y ya estás liándola por mi culpa —el sollozo se le escapaba entre los labios, partiéndome el corazón—. Juré que no te iba a perjudicar, Callum.
—¡No lo estás haciendo! —le prometí.
—Te pueden expulsar si te lías a peleas —se limpió la mejilla por debajo de las gafas.