Capítulo 12 Kai
¿Cuánto habrán costado estas putas luces? Es lo único que pienso mientras desconecto de las tediosas divagaciones de uno de los representantes de nuestra discográfica en Los Ángeles.
Sus gafas de diseño reflejan a la perfección el arcoíris que ilumina la pista de baile. Supongo que es dinero bien gastado si me entretiene mientras le escucho soltar las gilipolleces de siempre.
—El concierto fue jodidamente increíble, tío. El mejor en mucho tiempo. El rock con influencias de blues es el camino a seguir.
Calvin, creo que se llama, lleva los últimos quince minutos lamiéndome el culo.
No diría eso si nuestras ventas hubieran caído; estaría con su nariz llena de coca metida en el culo de otro músico.
Hasta la última bombilla, todo este tinglado lo pagamos nosotros, así que no veo por qué coño tiene que estar aquí.
Asiento con la cabeza como si me importara una mierda su opinión.
He perdido la cuenta de cuántos Patrón me he metido esta noche.
Parece que me he vuelto inmune al alcohol.
Siempre cuesta aterrizar después del subidón de una actuación, por no hablar de lo agotador que es.
Da igual cuántos Patrón o cuánta hierba me meta, no consigo borrar la imagen de Jamie de pie junto al escenario viéndome actuar, mirándome como si yo fuera todo su maldito mundo.
Me devano los sesos intentando entender por qué quería impresionarla a ella más que a nadie en ese estadio.
Cuando está cerca, tiene una forma de metérseme bajo la piel hasta que parece que solo existimos nosotros dos.
Aparto el pensamiento, me disculpo con Calvin y me dirijo hacia donde están sentados Trent y los chicos.
Dejo caer mi cuerpo agotado en el sofá más cercano y echo un vistazo a un Trent más colocado de lo habitual.
—Estuviste de puta madre esta noche, Kai —Trent levanta el vaso para brindar y los chocamos, vaciándolos de un trago.
—Igualmente, tío —respondo. Pronto nos odiaremos a muerte, así que disfruto del buen rollo del principio de la gira.
—No mires ahora, pero Natalia viene hacia aquí. Y parece que quiere comerte vivo, chaval —Trent me guiña un ojo, muerto de risa ante mi situación. Apenas tengo tiempo de reaccionar antes de que se deje caer en mi regazo, marcando territorio para la noche.
—Kai, el concierto fue de otro nivel. Felicidades. ¿Quieres tomar una copa conmigo para celebrarlo? —Me lo dice con voz melosa y ojos de cachorrito, y no tengo corazón para decirle que no.
—Claro, ¿por qué no te unes a nosotros? Recalco el nosotros, pero veo que estoy perdiendo el tiempo. Sin ningún pudor, restriega el culo contra mi entrepierna, dejando claro cómo quiere que acabe la noche. Se inclina hacia mí y me susurra al oído:
—¿Quieres que nos larguemos ya? Podemos montar nuestra propia fiesta privada en el hotel —pasa las uñas por mi pecho y me pellizca el piercing del pezón entre el pulgar y el índice.
Normalmente estaría dispuesto, pero últimamente Natalia quiere mucho más de lo que puedo darle.
Fui un idiota al darle esperanzas y romper la regla de oro de la banda: nunca mezclar los negocios con el placer.
Le agarro la muñeca con suavidad y se la aparto del pecho.
Está claro que tengo que cortar con esto de una vez por todas.
Estoy a punto de decírselo cuando Trent salta del asiento como un saltamontes demente y las palabras se me quedan atascadas en la garganta.
Está prácticamente meándose de la emoción mientras mira hacia la entrada. —Joder, está aquí. La puta Cherry Lux, y está tan buena como la recordaba.
Está dando botes como un adolescente cachondo, y miro hacia allí con curiosidad por ver a qué viene tanto alboroto. Normalmente, que aparezca una estrella del porno nos la traería floja, pero entonces caigo en quién es Cherry Lux. Es la madre de Jamie.
Como era de esperar, es la antítesis de Jamie. Falsa y de plástico, pavoneándose como si fuera la atracción principal y no una estrella del porno venida a menos. La sigue de cerca una Jamie borracha que parece nerviosa e inquieta.
Cada vez me cuesta más ignorar el ardor en el pecho mientras la devoro con la mirada.
Juro que esa chica tiene el poder de dejarme sin aire en los pulmones.
Es tan jodidamente guapa que duele. Sus piernas torneadas están de infarto con esa minifalda ajustada, y el top halter sin espalda resalta sus curvas tentadoras.
Me muero por tocar cada centímetro de su cuerpo.
Joder, necesito controlarme. No sé qué coño me pasa últimamente.
Agarro la copa y me la bebo de un trago, intentando aplacar estos sentimientos que no reconozco.
Está claro como el agua que Cherry Lux no tiene ni pizca de instinto maternal.
En cambio, tiene el barniz de una ambición fría y despiadada, ideal para este nido de víboras incestuoso.
Los ojos de Cherry escanean la sala con la precisión de un piloto de combate en busca de su objetivo, y va a por él en cuanto reconoce a Trent como presa fácil.
Le dice algo a Jamie, que responde con cansancio resignado.
La chica deslumbrada que llegó al Hollywood Bowl ha desaparecido, sustituida por un cascarón derrotado de sí misma. Mientras se muerde esos labios aterciopelados mirando a su madre con agitación, desearía poder borrar toda la tensión e inseguridad que la agobian.
Jamie lleva a su madre hasta Trent y la deja allí sin mirar en mi dirección. Está cumpliendo a rajatabla mi petición de mantenerse alejada. ¿Quién puede culparla? Otra cagada mía.
Hago girar los cubitos de hielo en el vaso mientras observo este espectáculo de mierda que se desarrolla ante mí.
La mandíbula de Jamie se tensa mientras Cherry coquetea con Trent.
Jamie no se queda mucho. Es más que evidente que ahora es prácticamente invisible para su madre.
Veo la mirada herida en sus ojos mientras se tambalea hacia la barra y vuelve con una copa a la pista de baile.
Necesito dejar de mirarla como un poseso, pero no puedo resistir la atracción que ejerce sobre mí.
Con la mirada clavada en Jamie, casi había olvidado que Natalia estaba aquí, hasta que me coge la cara entre las manos y gime con un tono chirriante:
—Así que ese es el problema. ¿Ahora quieres tirarte a Jamie?
¿Quieres el juguetito nuevo? —Me mira con desprecio y resoplo frustrado, consciente de que necesito acabar con esta farsa con Natalia.
Lo llevo posponiendo demasiado tiempo. También me preocupa un poco haber pensado que mi atracción por Jamie estaba bien disimulada. Está claro que no.
Antes de que pueda responder, parece disfrutar provocándome aún más, señalando a Jason y Jamie en la pista de baile:
—Estás perdiendo el tiempo si lo intentas. Jason y ella están coladísimos. Mira. ¿Por qué la querrías, de todas formas? Es una cualquiera.
Mi furia es instantánea, su intensidad me sorprende incluso a mí.
Puede decir lo que le dé la gana sobre mí, pero sobre Jamie no.
Mi ira se intensifica cuando veo a Jason con la cabeza apoyada en el hombro de Jamie, riéndose, los dos aparentemente tan a gusto juntos.
Hirviendo de rabia, rechazo a Natalia con más malicia de la que pretendía:
—Natalia, lárgate de aquí. Te dije que lo nuestro no iba a ninguna parte, pero no te entra en la cabeza. Así que te lo dejo claro ahora. Vete.
Salta de mi regazo como si estuviera en llamas, con lágrimas de rabia brotándole de los ojos.
—¡Estoy harta de ti! —grita.
Ya somos dos.
—Renuncio. Hay otros artistas haciendo cola para contratarme —escupe.
Se queda callada un momento, como si esperara que le rogase que se quedara, y cuando me quedo quieto, dando un sorbo a mi copa, se marcha airada.
Por fin suelto un suspiro de alivio, contento de que al fin haya captado el mensaje.
No me sorprende que Shauna sea la primera en intervenir:
—Joder, ¿acaba de dimitir? ¿Pero qué coño, Kai? —me regaña. Por suerte, Mickey me respalda.
—De todos modos era malísima en su trabajo, así que nos ha hecho un favor. —Levanta su copa hacia mí, y Shauna, nada impresionada, le da un golpe juguetón. Me echo a reír a carcajadas y la tensión de esta noche se disipa por un momento.
Absorto en mi propio dilema, no me había fijado en que Trent y Cherry estaban enrollándose a mi derecha. Se comían la boca como sanguijuelas. Shauna pone cara de asco y susurra con repugnancia:
—Me da pena Jamie, tener a esa como madre. Que haya salido como es, es un milagro. —Asiento con la cabeza mientras la busco con la mirada en la pista de baile, y abro los ojos de par en par cuando la veo venir hacia aquí con cara de querer matar a alguien.
—Oh, mierda —es todo lo que logro decir mientras se abalanza como un tifón y le lee la cartilla a su madre, jodidamente sexy mientras lo hace.
La madre de Jamie es la arpía que me imaginaba. Está más que claro que morrearse con Trent es más importante para ella que pasar tiempo con su hija. Joder, casi cualquier cosa es más importante para ella.
Rota y derrotada, Jamie se dirige directamente a los baños, tratando desesperadamente de contener las lágrimas. Sin pensarlo, me pongo de pie y la sigo, impulsado por un deseo compulsivo de protegerla. Me detengo un momento antes de irme para encarar a esa pobre excusa de madre que tiene.