Apollo (Romance militar de héroes alfa nº 4) Capítulo siete
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Capítulo siete

Blue

Me removí entre los brazos de Apollo. Envuelta en su calor, mantuve los ojos cerrados y sonreí, saboreando mi languidez poscoital. Mi cuerpo irradiaba una paz y satisfacción que no había sentido en mucho tiempo.

Estaba en las nubes.

Pero una nota discordante amenazaba con arruinar mi estado de ánimo. El recuerdo del hombre que me traicionó asaltó mi mente. Le había prometido todo. Y él me abandonó.

Me negué a permitir que su traición destruyera la alegría física que me mantenía flotando en mi nuevo estado de bienestar. En ese momento, entre los brazos de Apollo, todo parecía posible.

—¿Apollo? —murmuré, dándole un suave codazo.

—¿Sí, Blue? —Un tono somnoliento hizo que arrastrara las palabras.

—Gracias. Eso fue... genial, increíble, justo lo que necesitaba.

—Lo mismo digo. —En la oscuridad, vislumbré el destello de sus dientes blancos al sonreír.

Recorrí con los dedos sus pectorales musculosos.

—Te juro que si creyera que es posible, dejaría que nos ayudaras.

—Sí es posible. —Su hombro se tensó bajo mi cabeza.

—Sería maravilloso —suspiré con nostalgia, incapaz de luchar contra el agotamiento que me adormecía los sentidos—. Voy a soñar con ello esta noche. Y también voy a soñar con ser libre.

—Hazlo —el murmullo de Apollo me acarició el oído mientras me dejaba llevar por el sueño—. Mañana lo haremos realidad.

***

Apollo

Había aceptado mi ayuda para sacar a su hermano de Egypt. Bueno, en realidad no había aceptado, pero había expresado sus deseos. ¿O no? Para ser completamente sincero, no estaba seguro.

Pero sí estaba seguro de lo que había que hacer.

En cierto modo, mi estrategia había funcionado: se había abierto a mí. Pero en otro sentido, también había fallado: no me había pedido que hiciera lo que había que hacer.

Lo que me dejaba en una situación delicada.

¿Debería hacerlo o no?

Quería protegerla. Quería que confiara en mí. Una noche de pasión solo había intensificado mi determinación. De algún modo estaba enganchado a ella, a su cuerpo, a la idea de que merecía ser libre.

Nunca me había obsesionado así con una mujer. Aunque habíamos pasado casi toda la noche haciendo el amor, mi polla se endureció. Estaba listo para ella de nuevo.

¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué este apego repentino hacia una mujer a la que no conocía hasta ayer?

Mi mente daba vueltas en círculos, pero Blue seguía en el centro de mis pensamientos. Muchas preguntas y ninguna respuesta. Maldita sea. Odiaba cuando pasaba eso.

Daba igual. Ahora tenía un punto de partida, y bueno. Los Battleson nos caracterizábamos por ir al límite. Si Blue soñaba con su libertad, significaba que la deseaba, que la necesitaba.

Y si la necesitaba, para mí eso equivalía a una orden de actuar.

Esperé a que Blue se durmiera antes de coger el móvil y enviarle un mensaje a Jax: Autorizo Operación Robby Weber.

No me sentía del todo bien por no contar con la aprobación explícita de Blue, pero se acercaba bastante. Además, había que hacerlo. No iba a dejarla allí para que siguiera siendo el saco de boxeo de Ray Weber.

En cuanto a la legalidad de lo que estábamos a punto de hacer, cuanto más pensaba en el peligro que Ray Weber suponía para Blue y su hermano, menos me importaba.

De todos mis hermanos, yo solía ser el que más reparos tenía en cruzar las líneas legales.

Pero si tenía que elegir entre ser un imbécil santurrón o ir por la vida insensible e indiferente como si tuviera el corazón encallecido, me decantaba claramente por actuar.

Además, Troy se encargaría de que cualquier acción que emprendiéramos fuera legal, o al menos lo pareciera.

Jax respondió: Operación Robby Weber en marcha. Ejecución prevista: hoy, 0600.

Miré la hora en el móvil. Cuatro horas. Mis hermanos eran la eficiencia personificada.

Mantenme informado, escribí. Avísame cuando el chico esté a salvo.

Sin esa garantía, no tenía ninguna posibilidad de sacar a Blue de Egypt.

Dejé el móvil a un lado y la estreché contra mi hombro. El movimiento debió de despertarla. Abrió los ojos.

—Pareces culpable de algo —me lanzó una sonrisa perezosa—. ¿Qué tramas?

—No mucho. Preparándome para dormir un poco, así estaremos descansados para lo que nos espera mañana. A menos que...

—¿A menos que qué? —preguntó con los ojos azules brillándole.

—A menos que estés lista para otra ronda. En ese caso, podemos dejar el sueño para después.

Sus labios se curvaron en una invitación traviesa.

—Voto por el aplazamiento.

Mi polla se puso dura como el metal. ¿Cómo podía ser tan sexy una mujer?

—Aplazamiento, pues.

Me lancé a ello con el entusiasmo de un hombre que sabía que tenía que ganar puntos en el marcador de confianza de Blue para que el día siguiente saliera bien. Pero no podía engañarme. El resto de la noche fue tan sensacional como interesada.

***

Apollo

La mañana me sorprendió enredado con Blue en su cama.

Dormía profundamente entre mis brazos, con el rostro relajado y los labios, hinchados de besos, ligeramente curvados en las comisuras.

Parecía más joven sin el delineador negro, la piel tan pálida y fresca en contraste con los tonos metálicos de su cabello.

Los primeros rayos del sol se colaban por las viejas cortinas.

Motas de luz salpicaban el cuerpo esbelto y hermoso de Blue, besando su piel clara, aunque ni de lejos tan a conciencia como yo la había besado la noche anterior.

El pequeño piercing de diamante en el lateral de su nariz atrapó la luz y centelleó como una estrella diminuta en su rostro.

La noche anterior había resultado ser mucho más de lo que esperaba. Hacer el amor con Blue había sido uno de los mejores momentos de mi vida. Uno que pensaba repetir si ella me dejaba.

Había un metamensaje en mi forma de pensar, uno que no era capaz o no estaba dispuesto a descifrar en ese momento. Mejor dejar las inútiles reflexiones existenciales y concentrarme en sacar a Blue de Egypt.

Miré la hora. Eran casi las siete de la mañana. Había dormido muy poco. En cierto sentido, había sido una noche muy larga. En otro, también había sido demasiado corta.

Cogí el móvil y miré los mensajes. Aparecieron varios informes de estado:

De Troy, que debía de haberse plantado en el dormitorio de algún pobre juez de madrugada: Orden judicial firmada.

De Kass, que debía de haber pasado toda la noche cuadrando la logística: OM—Oscar Mike, en movimiento.

De Jax, de hacía solo unos minutos: OIP—operación en curso.

Blue se removió en mis brazos. Sus párpados se agitaron varias veces antes de que abriera los ojos. Sus iris cerúleos me miraron mientras abría los ojos de par en par, sorprendida.

—¿Apollo?

Le rocé la sien con los labios y le besé la frente.

—Buenos días.

Parpadeó para quitarse el sueño de los ojos.

—Sigues aquí.

Era tanto una pregunta como una afirmación, y no voy a mentir: su sorpresa me fastidió de lo lindo.

—¿Pensabas que iba a desaparecer a primera hora de la mañana?

—Tienes buenas razones para largarte de aquí —dijo, y se subió la sábana hasta el pecho, privándome del espectáculo que había estado disfrutando.

—Y sin embargo aquí estoy —dije—. Y no pienso irme a ninguna parte sin ti.

—Ojalá pudiera —suspiró y se dejó caer de nuevo sobre la almohada.

Uh-oh.

¿Había vuelto a la casilla de salida?

—¿Qué hora es? —preguntó, frotándose la cara.

—Las siete y media.

—¿Las siete y media? —Se incorporó de golpe, apartó las mantas y prácticamente salió disparada de la cama—. ¡Llego tarde!

—¿Tarde a qué? —Me apoyé en un codo y me tomé un momento para disfrutar de la vista del culito respingón de Blue mientras sacaba ropa del armario y corría al baño.

—Tarde al trabajo —gritó por encima del ruido del grifo.

Me senté en la cama.

—Creía que trabajabas de noche en The Hangout.

—Y así es —hizo una pausa y la pillé de refilón en el espejo mientras terminaba de lavarse los dientes antes de desaparecer de mi vista—. Pero también trabajo en los desayunos en Lucy's y en el turno de tarde en la ferretería. Las facturas de Robby no se pagan solas, ¿sabes?

Me levanté de la cama, cogí mi ropa bien doblada y empecé a vestirme. Mientras me ponía los bóxers ajustados y la camisa, lo único en lo que podía pensar era que esta mujer tenía tres trabajos para mantener a su hermano. Básicamente, trabajaba a todas horas.

Lo que ella no sabía era que las facturas de Robby no iban a ser un problema por mucho más tiempo, al menos no si de mí dependía.

Mierda.

Ahora tenía que decírselo.

Me puse los vaqueros, cogí la pistola de la mesilla y me la metí por detrás del pantalón.

—¿Blue? —la llamé mientras me subía la cremallera y me abrochaba el cinturón.

—¿Qué? —Reapareció en el umbral con una camiseta rosa de Lucy's Diner, abrochándose los vaqueros pitillo.

—Quiero hablar de Robby.

Me lanzó una mirada recelosa y fue hacia el espejo que colgaba sobre la cómoda, donde empezó a cepillarse el pelo con pasadas bruscas y enérgicas.

—No tienes que preocuparte por eso —dejó el cepillo en la cómoda, sin mirarme—.

Sé que es demasiado pedir, por no decir imposible.

Anoche me diste un respiro de la realidad.

Por eso siempre te estaré agradecida. Pero ahora toca volver a la rutina.

Tienes que salir de Egypt y olvidar que nos conocimos.

Dios santo, no tenía ni idea de cómo funcionaban los Battleson. Ni del efecto que tenía en mí.

—Me temo que es demasiado tarde para olvidar —dije mientras se dejaba caer en la cama y se calzaba las Doc Martens, la derecha con más cuidado que la izquierda—. También es demasiado tarde para echarse atrás.

Tirando de los cordones, alzó la vista hacia mí. —¿Qué quieres decir con echarse atrás?

—Anoche dijiste que querías libertad. Si entendí bien, tu libertad está ligada a la de Robby.

—Dije que la libertad es lo que sueño para Robby y para mí —terminó de atarse los cordones—. Son dos cosas diferentes.

—Lo que yo oí fue que querías sacar a Robby y a ti misma de aquí.

Ella frunció el ceño.

—¿Por qué estamos hablando de semántica?

—Porque anoche di la orden.

Su ceño se frunció aún más.

—¿Qué orden?