CAPÍTULO VEINTIUNO - DÉJALA IR #4
—Estás preciosa —eligió ignorar la pregunta. No tenía motivos para estar de mal humor, prefería la calma y la felicidad constante.
Melissa se sonrojó un poco, lo justo para que el cantante viera el rubor incluso bajo el pesado maquillaje que llevaba.
Se pasó la mano nerviosamente por la tela del vestido que llevaba.
Era uno de los que le había regalado el cantante.
No había sido diseñado para ser lujoso ni sexy, era lo bastante amplio como para no ceñirse a su cuerpo, pero aun así le sentaba muy bien.
La tela era un degradado de morado que resaltaba su piel pálida.
Llevaba medias negras gruesas y unos botines del mismo color, además de una pesada chaqueta de cuero.
Sobre el cabello negro, Lorys la había convencido de ponerse una diadema con flores y pinchos.
Había que estar tan cerca como Gabriel para reparar en los detalles del accesorio, ya que las flores eran tan negras como su largo cabello, aunque los pinchos plateados sí destacaban.
No había sido la intención de Lissa al vestirse, pero para Gabriel estaba más que preciosa: estaba realmente sexy. Tanto que le costaba horrores no tocarla.
—Estaba pensando... —continuó al darse cuenta de que ella no iba a decir nada ante su cumplido, quizás porque le daba vergüenza—. Después del concierto, podríamos salir a cenar. Solo nosotros dos. Es nuestro último día en Londres y quería llevarte a uno de mis restaurantes favoritos.
Melissa sopesó la invitación un momento. Quería ir, pero no estaba segura de que debiera.
—No es una cita, ¿verdad? —preguntó con fastidio. Ella nunca había tenido una, pero sabía que las cenas a solas eran una de las actividades favoritas de las parejas.
Voss notó que su sonrisa se apagaba un poco. Su intención era precisamente que fuera una cita, pero fue lo bastante listo como para darse cuenta de que la palabra incomodaba a Mel.
—No... —negó, dándole la espalda para concentrarse en su reflejo en el gran espejo que ocupaba buena parte de una de las paredes del camerino—. Es solo una cena. Ya hemos tenido muchas.
—De acuerdo... —asintió y, queriendo disfrutar de que todo estaba saliendo como deseaba ese día, tomó la iniciativa y abrazó al cantante. El pecho de ella se apoyó contra la espalda de él mientras le rodeaba la cintura con los brazos—. ¿Y después de esa cena, te colarás en mi habitación otra vez?
Como era más baja, lo máximo que podía hacer sin ponerse de puntillas era apoyar la barbilla en el hombro de él. Era cómodo y tranquilo, justo lo que Melissa necesitaba. Le encantaba estar así con él, pero jamás se lo diría a nadie.
Gabriel soltó una risa suave. Era uno de esos momentos en los que ella bajaba la guardia, en los que podía ver en el brillo de aquellos ojos verdes que lo miraban a través del espejo que estaba tan enamorada de él como él de ella.
—Quizá quieras cambiar y colarte tú en la mía... —bromeó.
Daba igual cómo, siempre encontraba la manera de pasar la noche con ella desde la primera vez que le pidió que se quedara, aún en Nueva York, unos días después de Año Nuevo.
A veces ella se había quejado e intentado echarlo, pero siempre acababa con la cabeza apoyada en el pecho de él cuando se dormía.
—Sigue soñando... —respondió, pero le dio un beso en el hombro.
Tenía una respuesta graciosa en la punta de la lengua, pero no pudo decirla porque Arthur entró en el camerino. El mánager no comentó nada sobre cómo estaba abrazada la joven pareja, solo negó con la cabeza e informó de que todo estaba listo para que comenzara el concierto.
Melissa los siguió hasta el escenario y se quedó en un rincón oscuro.
Cuando Gabriel salió corriendo hacia el escenario, ella sonrió.
Ese era su elemento, donde siempre se sentía a gusto.
Ni siquiera los gritos ensordecedores de las fans molestaban a Lissa.
Había estado tensa casi todo el día, pero había sido un buen «no cumpleaños», y fue aún mejor cuando, a mitad del concierto, el cantante cogió su guitarra y, como hacía en todos los demás, cantó para ella.
Esta vez no fue Everything, pero Mel supo que la interpretación de All Of Me era para ella por la forma en que la había buscado con la mirada al anunciar el cover.
La letra le robó el aliento y le llenó los ojos de lágrimas. Se estremeció en su rincón mientras lo observaba cantar con la mirada fija en la de ella. Lloró en silencio al darse cuenta de lo que aquello significaba. No era una canción cualquiera, era una declaración de amor.
No lo merecía, y por un momento sintió que el dolor crecía sin parar. Estaba enamorada de él, pero Gabriel no debería sentir lo mismo. Sin embargo, parecía que ya era demasiado tarde.
«Porque todo de mí Ama todo de ti Amo tus curvas y todos tus bordes
Todas tus imperfecciones perfectas Dame todo de ti Te daré todo de mí...»[31]
Cuando él sonrió mientras cantaba el estribillo, ella cerró los ojos e hizo algo que no hacía desde hacía mucho: deseó que hubiera una estrella fugaz en el cielo para poder pedir un deseo de cumpleaños. Ese año deseó que Gabriel no la abandonara, ni siquiera cuando ella se lo exigiera.
Abrió los ojos de nuevo y le devolvió la sonrisa, aunque sospechaba que él no podía verla. Solo por esa noche, aprovecharía cada momento con él.
♫
Melissa dejó que todos saludaran al cantante cuando terminó el concierto, antes de acercarse ella.
Lo abrazó con fuerza.
—Estás empapado de sudor... —rio junto a su oído mientras él la levantaba en brazos—. Menos mal que no soy tan quisquillosa como tú.
—¡Dios mío! —fingió ofenderse—. De verdad que sabes arruinarlo todo.
Al dejarla de nuevo en el suelo, el rockstar le tomó la mano.
—Vamos... —tiró de ella suavemente—. Voy a darme una ducha rápida en el camerino y nos vamos a cenar.