Ángel roto CAPÍTULO TRECE - ELLA SERÁ AMADA
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CAPÍTULO TRECE - ELLA SERÁ AMADA

“Busca a la chica con la sonrisa rota

Pregúntale si quiere quedarse un rato

Gabriel Voss era increíble sobre el escenario, pero Melissa no pensaba compartir esa información con nadie, aunque en secreto le asombraba cómo el cantante lograba dominar todo el escenario, tocar la guitarra, cantar e interactuar con el público.

No daba tregua, y aunque Lissa no era precisamente fan, tenía que admitir que poseía una voz hermosa y potente, y que la música era realmente buena.

—Entonces, ¿te gusta? —El cantante se acercó a la esquina del escenario donde Melissa permanecía observando el espectáculo desde el mejor lugar posible... El sueño de cualquier fan. Angela iba a adorar todos los vídeos que su amiga estaba grabando para ella.

Lissa detuvo la grabación un momento y asintió tímidamente. Aunque se sentía ridícula, no pudo evitar fijarse en lo guapo que estaba Gabriel, con la camisa negra adherida al cuerpo por el sudor, el pelo pegado a la frente... Una auténtica estrella de rock.

Se limitó a sonreírle y regresó al centro del escenario tras coger una de las muchas guitarras que usaba esa noche.

Sin darse cuenta, la chica suspiró al ver al cantante colocarse frente al micrófono y rasguear algunas notas.

—Es increíble, ¿verdad? —comentó Arthur, lo que le valió una mirada de Lissa.

—Sí... —Sacudió la cabeza, intentando volver a la normalidad—. ¡Es genial!

Era tan bueno que no pudo quitarle los ojos de encima durante el resto del espectáculo, ni acordarse de fotografiar nada.

No conocía las canciones, así que no cantaba como los demás, pero eso tenía su lado bueno: podía concentrarse únicamente en la actuación del cantante.

Menos mal que estaba escondida en una esquina oscura del escenario, con Arthur como única compañía, porque así podía reírse por lo bajo de los chistes que Gabriel inevitablemente contaba entre canción y canción, y derretirse cada vez que él la miraba y le sonreía.

Y siempre la miraba. Aunque no le hablaba directamente, a veces tenía la impresión de que algunas frases iban dirigidas a ella, por la forma en que la observaba.

—Podrías al menos disimular —se quejó Arthur mientras el cantante se acercaba de nuevo a ellos durante el solo de un guitarrista—. Algún fan podría darse cuenta y empezarían a preguntarse qué hay tan interesante en esta esquina del escenario.

Melissa ignoró el intercambio entre ellos y le ofreció una botella de agua mineral al cantante, que la aceptó de inmediato. La chica se quedó casi hipnotizada viéndolo llevarse la botella a los labios y beberse todo el líquido de un trago.

—Toma una foto, Arth... —Gabe decidió ignorar el comentario de su amigo, pero le costaba disimular. Era el primer concierto de Melissa... Si pudiera, dejaría de cantar solo para observarla. Quería ver todas sus reacciones—. Para mi Instagram.

Antes de que Arthur pudiera decir nada, el cantante atrajo a Lissa hacia sí en un abrazo.

—Sonríe, cariño... —le susurró al oído justo cuando ella abría la boca para protestar. La forma cariñosa con que la llamó la hizo callar y esbozar una sonrisa tímida, justo a tiempo para que la capturara la cámara del móvil del cantante.

—Estás empapado de sudor... —Lo empujó un segundo después.

—La siguiente canción es para ti... —dijo en voz baja, dejándose empujar mientras se alejaba—. Canta conmigo.

Estuvo a punto de decirle que no se sabía la letra de ninguna canción... Pero él no esperó respuesta, y cuando volvió al escenario, los primeros acordes la hicieron abrir los ojos de par en par.

—¿Qué os parece si probamos algo nuevo hoy, Texas?

—dijo al micrófono—. Esta canción... es especial...

—Miró hacia atrás buscando la mirada de Melissa y sonrió al verla negar con la cabeza—.

No me la he podido quitar de la cabeza desde que la toqué para alguien especial...

—Melissa oyó a Arthur maldecir a su lado, pero al final no pudo evitar reírse ante la mirada del cantante.

Estaba loco. Y ella aún más por disfrutar con ello—.

Así que la voy a tocar de nuevo esta noche para vosotros, que también sois especiales.

Solo voz y guitarra, como aquella mañana de Navidad.

Y aunque había miles de personas presenciando lo mismo que ella, cuando las primeras notas de Everything brotaron de los labios de Gabriel Voss, Melissa olvidó dónde estaba y deseó acercarse a él como había hecho aquella noche, verlo cantar de muy cerca.

Quizá había dado un paso hacia el cantante, porque sintió la mano de Arthur aferrándole el brazo para retenerla en su sitio.

Como no pudo salvar la distancia que los separaba, hizo lo que Gabe le había pedido y cantó con él.

Un coro de fans se unió también a la voz del cantante, pero cuando él volvió a mirar a su invitada de honor y la vio cantar, pareció que el espectáculo fuera solo de ellos dos.

Ella era complicada, arrogante y frustrante, pero también fascinante.

Gabriel Voss no sabía cómo se había metido en aquel lío, pero al verla cantarle —porque eso era lo que hacía— se dio cuenta de que había algo en el aire que solo ellos podían sentir, como un hilo invisible que los envolvía frente a miles de personas que no tenían ni idea de que estaban presenciando algo más que un simple cover.

Gabe sabía que ese vínculo era permanente, fuerte... y que siempre tiraría de él.

Tocaron cinco o seis canciones más antes de que terminara el concierto, pero Melissa seguía bajo el hechizo de Everything.

Se sentía ridícula por ello, pero aunque intentaba evitarlo, no podía dejar de pensar que esa canción ya no le recordaría a Clark y Lana; ahora solo le haría pensar en Gabriel Voss.

Quizá por eso se había lanzado a sus brazos en cuanto el cantante salió del escenario.

Le daba igual la banda y el equipo que los rodeaba, o el sudor que le corría por el rostro y los brazos.

No lo besó, ni él intentó besarla. Fue solo un abrazo increíble, lo bastante intenso como para que el cantante cerrara los ojos y la estrechara aún más contra sí.

—¡Gracias! —le susurró al oído—. ¡Ha sido increíble!

No le daba las gracias por el concierto, ni por la gira, ni por haberle cantado, sino por la paz que él le transmitía, esa que la inundaba cada vez que se permitía estar donde estaba en ese momento: en sus brazos.

De algún modo, él sabía que aquel agradecimiento significaba mucho más de lo que cualquiera a su alrededor habría podido imaginar.

No dijo nada porque no sabía qué decir, así que lo dejó pasar, la miró a los ojos verdes, sonrió y la hizo girar en el aire.

La chica rio de placer y, por un momento, olvidó su pasado, los cortes, el dolor constante y todo lo demás.

—Cantaré para ti otra vez... —comentó en voz baja, solo para que ella lo oyera, cuando terminaron el abrazo, ajenos a la euforia que los rodeaba tras el éxito del concierto—. Cada concierto, cada día.

Melissa se encogió de hombros, fingiendo indiferencia, pero en el fondo estaba emocionada.

Una canción para ella, cada día, que la inundara de algo bueno, que arrastrara todo el fango de su interior...

Quizás así podría cumplir lo que indirectamente le había prometido a Angela; al fin y al cabo, no pensaba en cuchillas, cortes ni muerte cuando Gabriel le cantaba de esa manera.

—Me va a encantar —respondió con sinceridad, antes de alejarse para dejarlo recibir las felicitaciones de los músicos que lo acompañaban.

Sí... quizás esta gira era mejor de lo que había imaginado. Hasta podría ser el punto de inflexión en su vida.

♬

—¡Dios mío! ¡Dios mío! —exclamó Angela por quizás milésima vez.

Melissa sofocó una risa mientras miraba a su alrededor en el vestíbulo del hotel, donde esperaba cómodamente a que Gabriel y todo su equipo se pusieran en marcha.

—Está tan bueno...

El comentario suspirante de su amiga hizo que Lissa volviera la atención a la pantalla del portátil y se fijara en la expresión embelesada de su mejor amiga.

Bendito internet, que le permitía ver y escuchar a su amiga. Era casi como si estuvieran juntas.

—Ang, eso ya lo has dicho mil veces... ¿Puedes dejar de suspirar por Gabriel y hacerme un poco de caso? No parece que me hayas echado de menos.

Angela levantó la vista hacia la webcam solo un instante y sonrió tímidamente.

—Lo siento, Lissa, pero tu cara la he visto un millón de veces... En cambio, esto es Gabriel, el Rockstar, el primer vídeo exclusivo de Voss. ¡Dios mío! Nada, nunca, superará esto... ¿Viste cómo dijo que sería increíble conocernos algún día? Guau...

—Por supuesto que lo vi —interrumpió Melissa, cortando la histeria de su amiga—. Fui yo quien grabó el vídeo... Bueno, ya que vas a seguir suspirando como una niña enamorada y pasando de mí, ¿podrías al menos cambiar el vídeo? Te envié varios del concierto de esta noche...

—Ya he visto los vídeos del concierto... ¿Un concierto benéfico de Gabriel Voss? Está por todo internet... —Angela centró la atención en su amiga un momento y susurró—: Y sobre el concierto de esta noche, venga, dime quién es la persona especial...

—¿Qué? —Lissa fingió no entender la pregunta.

—La persona especial a la que Gabriel le cantó Everything... Estuvo perfecto durante la actuación, cantó con tanto sentimiento. Apuesto a que hasta a ti te gustó...

—Sí... hasta cantó bien, pero nadie supera a Lifehouse.

La chica intentó quitarle importancia con un gesto, pero notaba cómo le ardía la cara de vergüenza. Y aunque Angela era su mejor amiga y confidente, no estaba preparada para contarle lo de los besos y el torbellino de sentimientos que Gabriel Voss despertaba en ella.

—Eso es relativo... —Ang puso los ojos en blanco—. Pero da igual qué versión de la canción sea mejor. Lo que de verdad quiero saber es a quién le cantó. De hecho, el mundo entero y yo queremos saberlo. Lissa, dime... Te prometo que no se lo diré a nadie.

—¡No lo sé, Angela! —Melissa resopló exasperada—. ¿Cómo voy a saberlo?