Ángel de nieve Capítulo trece #3
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Capítulo trece #3

Maggie permaneció muy quieta; sus propios pechos se erizaron con el aire frío. Ellie la contemplaba. La devoraba con los ojos.

—Dios mío, Maggie —dijo. Luego se arrodilló y le besó los pechos con suavidad, rodeando los pezones sin tocarlos. Sopló delicadamente sobre ellos y Maggie se tensó. Ellie pareció disfrutar de la reacción—. Dime qué quieres.

A Maggie le costaba respirar, encontrar palabras.

—Te quiero a ti.

—¿Qué quieres que te haga?

Se detuvo y la miró, su cabello haciéndole cosquillas en la piel anhelante de Maggie.

—Dime, Maggie.

—Quiero que me beses.

—¿Dónde?

Maggie se tocó el pezón y Ellie sonrió. Se lo llevó a la boca y lo rodeó con la lengua. Maggie dejó escapar un gemido y hundió las manos en su cabello.

—¿Así? —preguntó Ellie sin detenerse.

—Mmm. Más.

—¿Más qué?

Maggie le tiró de la cabeza, obligándola a detenerse y mirarla.

—Dime, Maggie. Quiero oírtelo decir.

Sopló sobre el pezón húmedo y lo rozó con la lengua.

Maggie nunca había expresado sus deseos. Nunca había tenido una amante a quien le importara lo bastante como para preguntar.

—No tengas miedo.

De nuevo, sopló sobre ella y la provocó con la lengua. La sensación le recorrió el cuerpo hasta su centro y le hizo encogerse los dedos de los pies.

—Chúpame —dijo Maggie, casi ronca de deseo.

Ellie se rio con malicia.

—Oh, ha merecido la pena esperar. Quiero oírte decir eso una y otra vez.

Sin apartar los ojos de ella, se inclinó y se la llevó a la boca. La chupó larga y profundamente, y Maggie le clavó las uñas en la espalda y se arqueó sobre las mantas.

—Ellie —dijo.

Ellie gimió contra ella y luego pasó al otro pecho, donde hizo lo mismo. Sujetó el pezón desatendido entre los dedos y Maggie gritó.

—¿Te gusta? —preguntó mientras tiraba suavemente con los dientes.

—S-sí.

Maggie apenas podía hablar. Todo pensamiento racional la había abandonado, y cada terminación nerviosa de su cuerpo palpitaba ahora entre sus muslos.

Ellie bajó, pellizcándole los pezones una última vez antes de que sus manos encontraran el botón de los vaqueros. Maggie levantó las caderas mientras Ellie los desabrochaba y se los quitaba. Sonrió al ver la ropa interior negra a juego y también se la quitó.

—Esto es el cielo —dijo, arrodillada entre las piernas de Maggie—. Tan jodidamente hermosa.

Le acarició las piernas con las yemas de los dedos.

—Maggie, eres toda una mujer. Y ahora eres toda mía.

Le separó las piernas aún más y se inclinó para besarle los muslos. Maggie tembló, incapaz de evitarlo. Ellie se movió con cuidado, de forma deliberada. Recorrió con la lengua de arriba abajo y se detuvo solo para exhalar sobre el centro palpitante de Maggie.

—¿Estás bien mojada, Maggie? —La besó con suavidad, y Maggie se estremeció de anticipación. Con delicadeza, la abrió y exploró con los dedos—. Ah, sí. Muy mojada. —Se deslizó dentro de ella, y Maggie casi se incorporó cuando el placer ardiente le recorrió el cuerpo.

—Ellie —dejó escapar.

—Sí, Maggie. Dime. ¿Se siente bien?

—Sí.

—¿Quieres más?

—Sí.

Ellie empujó más adentro, y Maggie no pudo evitar mover las caderas.

—Ellie —dijo de nuevo—. Ellie, fóllame.

—Mmm, haré algo mejor que eso.

Se tendió sobre las mantas y hundió la boca en el centro de Maggie, envolviendo su clítoris hinchado y succionando mientras la penetraba con los dedos.

Maggie gritó de puro placer. Arqueó la espalda y aferró las mantas con las manos.

Se movió contra Ellie, incapaz de detenerse.

Pronunció su nombre una y otra vez, perdida en un mundo de placer.

Era un túnel que la atraía, que la sujetaba con fuerza, del que no había escape.

El túnel quería que permaneciera, que se adentrara más y más, hasta estar tan adentro que la tragara por completo.

—¡Ellie! —Se tensó al sentir que el túnel se cerraba a su alrededor—.

¡Oh, Dios, Ellie! —Explotó de dentro afuera, haciéndose añicos en la luz del fuego como un millón de pedazos de cristal.

Observó cómo los pedazos se disparaban hacia el techo, resplandecientes en naranja y amarillo por el fuego.

Cuando cayeron lentamente, como plumas que flotaban hacia el suelo, dejó que su cuerpo y su mente se rindieran por completo.

Cerró los ojos, y los pedazos besaron su piel como diminutos copos de nieve.

—Ellie —dijo—. Ellie.

Descansaron en silencio, solo respirando. El fuego crepitaba y las calentaba como una provocación. Maggie pasó las manos por el cabello de Ellie, y cuando abrió los ojos, la habitación parecía más grande y los objetos se veían más nítidos. Los colores resaltaban. Los detalles se definían.

—Me siento muy bien —dijo.

Ellie gimió.

—Sí que lo estás.

—No, quiero decir que me siento realmente bien.

—Aún no has sentido nada —dijo Ellie.

—No puedo imaginar más —suspiró Maggie—. Ha pasado tanto tiempo.

—¿Ah, no?

—Dame unos segundos para recuperarme.

—Empezaré a contar.

Maggie se rio y la atrajo hacia sí. Se besaron larga y suavemente, y a Maggie le costaba imaginar tener que dejarla marchar alguna vez. Apartó el pensamiento y la abrazó con más fuerza, la besó más profundamente. Por ahora, estaba en sus brazos y eso era todo lo que importaba.