Capítulo doce
Ellie se detuvo y se quedó mirando al llegar al piso superior.
El desván era amplio y espacioso, con grandes ventanas horizontales que dejaban ver la nevada.
Las estanterías cubrían las paredes, y cuando encendió la luz, las lámparas verdes de banquero bañaron los rincones con su resplandor.
Recorrió el espacio maravillada, intentando sin éxito calcular cuántos libros tendría Maggie en aquella biblioteca.
Lincoln no tardó en reunirse con ella; corrió hacia un sillón de cuero en una esquina y se acurrucó hecho una bola sobre el cojín.
Ellie deslizó las yemas de los dedos por los lomos, estantería tras estantería.
Esperaba encontrar sobre todo ficción, como en su propia biblioteca, una colección de libros ya leídos, pero en cambio descubrió conocimiento por todas partes.
Libros sobre anatomía, ciencia, medicina forense, psicología, bioarqueología, genética, medio ambiente, gobiernos, historia, física, y toda una estantería dedicada a la era victoriana.
Al lado había una vitrina con libros antiguos.
Poe, Dickens, Brontë, Collins, Hardy, Wilde y más.
Sabía sin necesidad de abrirla que eran piezas de coleccionista muy valiosas.
Pensó en Abigail Forrester y en cómo su personaje principal estaba obsesionado con el Londres victoriano.
El corazón le dio un vuelco cuando llegó a una estantería dedicada exclusivamente a los libros de Abigail Forrester.
Ellie los examinó y supo con certeza que allí estaba todo lo que Abigail había escrito.
Entonces su mirada se posó en la estantería contigua.
Los premios ocupaban los dos estantes superiores, y supo antes de leer el nombre que era verdad. Maggie era Abigail Forrester.
—Dios mío. —Se llevó la mano al pecho. Todos los premios llevaban el nombre de Abigail Forrester—. Es ella. De verdad es ella.
Se dejó caer en un puf. La escritora que la había conmovido como ninguna otra era Maggie. No podía creerlo. De entre todas las personas del mundo, había sido Maggie quien la había encontrado.
—Increíble —le dijo a Lincoln, que levantó la cabeza.
Ellie se levantó, intentó serenarse y bajó las escaleras. Tenía muchas cosas que decirle a Maggie.