Amapolas, amor y tú: Latidos en Siena (Latidos en la Toscana 2) 34. Capítulo 34
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34. Capítulo 34

Dios mío, cuánto había echado de menos a esta mujer. El corazón le galopaba en el pecho. Lissy estaba recostada en su brazo, apretando su cuerpo desnudo contra él y ronroneando como un gatito.

Massimo no había querido dejar pasar la oportunidad de recoger a Lissy en la estación. Esta vez había estado esperando en el andén, aguardando con ansia a que el tren de Florencia hiciera su entrada.

Lissy se había bajado del vagón y se había lanzado directamente a sus brazos.

Él la había estrechado con fuerza contra sí.

Era maravilloso que estuviera de vuelta.

En los últimos días, a menudo había dudado de si ella les daría a él y a su relación una nueva oportunidad.

Pero ahora estaba aquí, acurrucada en sus brazos, y lo que más deseaba era no soltarla nunca más.

Habría podido quedarse eternamente en aquel andén ventoso, con tal de que ella estuviera a su lado.

Lissy había bajado un poco la cabeza para posar sus labios sobre los suyos. Su beso era suave y dulce, y él no había tardado en corresponderle. Lissy había encendido un fuego en su interior, y el beso se fue haciendo cada vez más profundo. La pasión lo arrolló como una ola.

Ella se había apartado un momento y lo había mirado radiante. —Vámonos a casa a celebrar nuestro reencuentro como Dios manda.

Y eso fue exactamente lo que hicieron. Su reencuentro había sido increíble; se habían amado con una intensidad que hasta entonces le resultaba completamente desconocida.

—Es maravilloso estar de nuevo contigo.

Massimo le plantó un beso a Lissy en la coronilla. —Y yo estoy muy feliz de que hayas vuelto. Lissy, ¿qué ha pasado estos últimos días?

Lissy se apoyó en el codo y miró a Massimo. —Me he dado cuenta de que me había construido un mundo de ensueño. Y, a veces, la realidad te alcanza de golpe y ves cómo el sueño se desmorona.

Massimo dejó que las palabras de Lissy calaran en él. ¿Qué quería decirle exactamente? ¿Qué realidad? ¿Y qué sueño se había desmoronado? ¿Acaso el sueño de su relación?

Ella le sonrió y acarició suavemente con el pulgar la arruga que volvía a formarse entre sus cejas.

—No puedes entenderlo, ni siquiera lo intentes.

Simplemente necesitaba ser consciente de qué es lo importante en mi vida y cómo quiero plantear mi futuro.

Estas últimas semanas me he dado cuenta de que somos muy diferentes. Supongo que tú también lo has notado.

—Sí, por supuesto, pero...

Lissy posó el dedo sobre la boca de Massimo para acallarlo. Presionó sus suaves labios contra los de él antes de seguir hablando.

—Primero tuve que asimilarlo. Entretanto, he llegado a la conclusión de que no tiene nada de malo que seamos tan distintos.

Al contrario: nos complementamos, y quizá también sea bueno que tú no seas siempre tan impulsivo como yo.

Massimo, quiero pedirte perdón. He cometido un gran error.

He puesto nuestro amor en duda, he intentado resolver con la cabeza un problema que solo se puede solucionar con el corazón.

He reflexionado mucho estos días, he hablado con Mara y también con Ornella.

Y ambas me han aconsejado que escuche a mi corazón.

Ella le sonrió y le apartó un mechón de pelo de la frente. —Mi corazón me dicta muy claramente lo que quiere. Me dice que solo puedo ser feliz contigo y que, por difícil que se ponga la cosa, voy a luchar por nuestro amor.

Massimo volvió a estrecharla entre sus brazos.

Escuchar esas palabras de boca de Lissy era como si ella le prometiera el cielo.

Deseaba tanto que volviera a su lado y redescubriera esos mismos sentimientos en su interior.

Por supuesto que no sería fácil, pero si ella estaba segura de su amor, sortearían muchos obstáculos juntos.

—Me alegra mucho que hayas escuchado a tu corazón, Lissy. El mío habla exactamente el mismo idioma y creo que, por muy diferentes que seamos, mientras nuestros corazones estén unidos, nada ni nadie podrá separarnos.

Massimo tragó saliva; las emociones amenazaban con desbordarlo.

—Yo también quiero pedirte perdón. Sé que he sido muy poco sensible y que te he hecho sentir que no eres valiosa.

Cuando, en realidad, eres el diamante más grande de mi vida.

Lissy, desde que te conocí, no puedo dejar de pensar en ti.

Enriqueces mi vida, la haces brillar, le das un sentido.

No quiero que vuelvas a sentir jamás que no vales lo suficiente.

Eres el sol de mi vida, el que necesito para florecer.

Eres lo más importante para mí y quiero que lo sepas.

Lissy se acurrucó de nuevo en el hombro de Massimo.

—Es precioso oír eso. Y sé que reaccioné de forma exagerada.

En ningún momento dijiste que yo no valiera lo suficiente para conocer a tu familia.

Todo fue mi tonta malinterpretación. Me sentí dolida porque para mí era muy importante gustarte.

Y entonces tuve miedo de que te avergonzaras de mí, y me sentí fatal.

Me dolió muchísimo, y al final no eran más que mis pensamientos absurdos.

Puse en tu boca palabras que nunca habías dicho, y sé que no fue justo.

—Lissy lo besó con ternura—. Y tampoco tienes por qué pedirme perdón.

No has hecho nada malo. Y quizá, cuando llegue el momento adecuado, conoceré a tu familia. Tú decides cuándo será.

Massimo recorrió el hombro de Lissy con las yemas de los dedos.

Inspiró profundamente. ¿De verdad todo se había resuelto de forma tan favorable?

¿Y qué había pasado exactamente en Florencia que había cambiado tanto a Lissy?

Independientemente de lo que Mara y Ornella le hubieran dicho, ambas habían vuelto a demostrar tener buen ojo y habían salvado la situación. Se lo agradecería eternamente.

—Te presentaré a mi familia, Lissy. Solo dame un poco más de tiempo, ¿de acuerdo?

Lissy asintió apoyada en su hombro. —De acuerdo. —Pasó su pierna sobre la de él y se apretó más contra su cuerpo—. Ahora mismo me basta con ser feliz por estar contigo.

Massimo la atrajo sobre él y le dio un beso. —Y yo soy feliz de que estés aquí. ¿Quieres que te enseñe cuánto?

—Oh, creo que eso ya lo sé. Pero no vendrá mal que me lo demuestres una vez más.