Amapolas, amor y tú: Latidos en Siena (Latidos en la Toscana 2) 10. Capítulo 10
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10. Capítulo 10

—Muchas gracias por esta cena tan grandiosa. Sergio, te has vuelto a superar. A veces me pregunto por qué te hiciste profesor de arquitectura en vez de cocinero.

Massimo sonrió al ver que las mejillas de Sergio se teñían de rojo.

A su amigo nunca se le habían dado bien los cumplidos; no estaba acostumbrado a que lo elogiaran.

Sergio no pecaba precisamente de tener una confianza ciega en sí mismo, aunque el último año la cosa había mejorado, y Mara tenía mucha culpa de ello.

En general, ella ejercía una influencia muy positiva sobre su marido: él se había vuelto más abierto, ya no era tan introspectivo.

Mara y Sergio lo habían invitado a cenar.

No habían dado ningún motivo concreto, solo que les apetecía volver a pasar una velada juntos.

En la boda habían tenido a tantos invitados a su alrededor que no habían sacado tiempo para charlar con cada uno de ellos.

Massimo había aceptado sin dudarlo. Una noche con Sergio y Mara siempre era un placer.

—Bah, si no ha sido nada.

—¿Qué os parece, chicos, si salís al balcón? Disfrutad un poco del aire templado de la noche. Mientras tanto, yo me encargo de fregar los platos.

Mara casi los empujó a salir, y Massimo se preguntó por qué los despachaba al balcón con tanta determinación. Sergio le pasó el brazo por los hombros y tiró de él hacia afuera, pero no sin antes volverse hacia su mujer para plantarle un beso en la boca.

—Tus deseos son órdenes.

Massimo salió al pequeño balcón y respiró hondo. El aire de Florencia era distinto al de Siena. Disfrutaba cada vez que venía aquí. Aunque Siena era la ciudad de su corazón, Florencia ocupaba el segundo puesto en su lista personal.

De fondo se oía el murmullo de la vida urbana. Mara y Sergio tenían un piso muy cerca de la Piazza della Repubblica, en pleno centro de Florencia. Sin embargo, no daba la sensación de estar en el meollo. Esa parte del casco antiguo era algo más apacible.

—¿Va todo bien? —Sergio lo miró con atención, intentando leer su rostro.

—Sí, ¿por qué no iba a estarlo?

—Quizá me equivoque, pero tengo la sensación de que hoy estás algo... ¿cómo decirlo?, pensativo. No sé describirlo bien, es más bien una corazonada. El presentimiento de que tienes algo dándote vueltas por la cabeza. ¿Quieres hablar de ello?

Massimo sonrió. Ya sabía por dónde venían los tiros. Seguramente Mara habría hablado con Lissy, y Sergio debía de sonsacarle cómo estaba el patio. Bien, no iba a decepcionarlos.

—Sí, puede que tengas razón. Pero antes de contarte nada tengo una pregunta: ¿te ha mandado Mara a por mí?

Sergio abrió mucho los ojos y luego soltó una sonora carcajada.

—No he sido muy sutil, ¿verdad? Mara pensó que sería buena idea que tuviéramos una charla de hombres.

Que se haya ofrecido a fregar los platos ella sola incluso me ha sorprendido a mí.

Debe de serle realmente importante —Sergio se encogió de hombros, visiblemente incómodo.

—Bueno, pues no vamos a defraudarla. Lo de Lissy es complicado. Me siento muy atraído por ella, los días que pasamos juntos fueron maravillosos. No sé qué es, pero tiene algo que me llega hondo.

—Hasta yo me di cuenta de la química que hay entre vosotros, y eso ya es decir. Y aun así, me dio la sensación de que estuviste extrañamente reservado en la despedida. ¿Ha pasado algo entre vosotros?

Sergio se subió las gafas con un gesto típico.

Massimo ya conocía tan bien a su amigo que sabía que recurría a esa manía siempre que estaba nervioso.

Sergio no era de los que les gustaba meterse en los asuntos de los demás, así que Massimo intentaría ser lo más breve posible para liberar a su amigo cuanto antes.

—A ver, sí, tienes razón. Ha pasado algo y no sé muy bien cómo encajarlo. Ya sabes que estuve con Lissy en San Gimignano antes de venir para acá.

—Sí, me acuerdo. Mara estaba emocionadísima porque Lissy le escribió diciendo que queríais pasar más tiempo juntos.

Creo que en ese momento ya os veía pasando por el altar —Sergio sonrió ante el recuerdo, pero luego frunció el ceño—.

Cuando llegasteis aquí, se llevó una decepción, porque de aquel gran amor no quedaba ni rastro.

—Puedo decirte cuál fue el detonante. Mientras paseábamos por las callejuelas, nos encontramos a Nevio.

—¿A Nevio? ¿Nuestro genial amigo artista?

—Sí, a ese mismo Nevio.

—Qué pena no haber estado. Hace una eternidad que no veo a Nevio.

No sé ni qué anda haciendo ahora. De vez en cuando veo algo en su cuenta de Instagram cuando crea una obra nueva o inaugura una exposición.

Nevio siempre ha sido un tipo muy especial.

Le tengo cariño, pero nunca llegué a conectar del todo con él.

Lo conozco solo de pasada, pero me habría gustado volver a verlo.

Sergio se había desviado de nuevo hacia su modo de disertación, como Massimo denominaba al fenómeno. A veces su amigo pensaba en voz alta, lo que provocaba risas o que la gente pusiera los ojos en blanco, dependiendo de la situación y del interlocutor.

—Quizá debería visitarlo la próxima vez que vaya a Siena, sí, buena idea. Gracias por recordármelo. Pero ¿qué tiene que ver Nevio con Lissy exactamente? Ahí todavía me pierdo.

—Normal que te pierdas, ni yo mismo lo entiendo. El hecho es que se conocen.

—¿Qué? ¿De qué?

—Ni idea, ninguno de los dos quiso soltar prenda, y eso es precisamente lo que me hace sospechar. Admitieron que se conocían, pero al parecer su encuentro fue hace ya varios años.

—Bueno, pues supongo que será así, ¿o tienes algún motivo para pensar lo contrario?

—Ya ves, volvemos al tema de los presentimientos.

No puedo demostrarlo, pero siento que entre ellos hubo algo más que un mero trato superficial.

Ambos lo niegan, pero tendrías que haber visto cómo reaccionaron al verse de repente.

Por un momento se quedaron como en estado de shock.

Como si te encontraras con alguien que dabas por muerto o algo así.

Muy fuerte, de verdad. Su lenguaje corporal decía claramente algo distinto a sus palabras. Y eso me mosqueó.

A Massimo le costaba hacer partícipe a Sergio de sus pensamientos; describir un sentimiento no era nada fácil. Se pasó la mano por el pelo. —En el viaje de vuelta volví a sacar el tema con Lissy, pero lo niega todo. Y me temo que está mintiendo.

—Eso suena un poco duro. Quiero decir, ni siquiera sabes si hubo algo entre ellos.

Quizá solo fue un conocido breve y acabaron a malas.

O puede que simplemente no se cayeran bien.

A ver, te soy sincero: si yo me encontrara ahora con alguien de la carrera, reaccionaría de formas muy distintas según de quién se tratase.

Hay gente en la vida a la que te alegras de no tener que volver a ver. ¿Y si lo de Lissy y Nevio es algo así?

Massimo no lo había visto de esa manera.

¿Podría tener razón su amigo y estar él exagerando sobremanera?

¿Qué derecho tenía a suponer que Lissy no decía la verdad?

Solo su intuición. No tenía ninguna prueba.

También Nevio le había restado importancia a su historia común con Lissy, como si no hubiera sido nada especial.

Quizá debía dejar de ver fantasmas donde no los había.

¿Tal vez era hora de empezar a confiar en alguien?

Se volvió de nuevo hacia Sergio. — ¿Y qué debería hacer ahora?

—Si me permites hablar desde mi experiencia, solo puedo darte un consejo.

En su día, cuando pensé que Mara y Vincent seguían siendo pareja, cometí un error muy grande.

No escuché a mi corazón, no confié en Mara y casi destruyo todo lo que habíamos construido.

Solo porque esa voz en mi cabeza me repetía constantemente que tenía que haber gato encerrado por alguna parte.

Y cuando apareció Vincent, pensé que ese era precisamente el maldito problema.

No le di a Mara la oportunidad de explicarme nada.

En lugar de eso, la juzgué antes de conocer los hechos.

Y eso, Massimo, fue un error terrible —Sergio luchaba contra las lágrimas mientras continuaba hablando.

—Por suerte, Mara luchó por nuestro amor hasta que por fin la escuché.

Entonces me juré que en el futuro siempre escucharía a mi corazón, porque este seguramente me habría dicho que Mara no me estaba engañando.

Y ese es exactamente el consejo que quiero darte: ¡escucha a tu corazón!

Si te dice que Lissy es la elegida, dale una oportunidad.

Intenta confiar en ella. Quizá la historia con Nevio sea realmente muy distinta de como tú te la imaginas.

Massimo asintió. Las palabras de su amigo le habían llegado al alma.

¿Se trataba también en su caso de un simple malentendido?

¿Se estaba montando películas, atando cabos sueltos para crear una historia absurda que explicara el comportamiento de Lissy?

¿Y todo por celos? Puede que Sergio tuviera razón.

No tenía motivo alguno para desconfiar de ella.

Todo lo que creía saber sobre su relación con Nevio procedía de su imaginación.

—Tienes razón, quizá simplemente se me ha ido la imaginación.

Sergio puso una mano tranquilizadora sobre el hombro de Massimo y le dio unas palmaditas.

—Estoy convencido de ello. Ya es una casualidad enorme que se crucen por la calle y encima se conozcan.

¿Y qué probabilidades habría de que encima hubiera una historia de amor entre ellos?

Dale a Lissy la oportunidad de demostrar que puedes confiar en ella.

No cierres ahora un capítulo de tu vida que ni siquiera ha empezado —Sergio volvió a subirse las gafas—.

A ver, una relación a distancia entre Siena y Hamburgo ya será bastante difícil de por sí.

Pero si Lissy te importa de verdad, estoy seguro de que podréis lograrlo.

Aunque para eso tienes que confiar. Si no puedes hacerlo, la relación está condenada al fracaso.

Sé que mis palabras son duras, pero tienes que saber si los cimientos para una relación están ahí.

Y esos cimientos se apoyan en la confianza y el amor.

—Tienes toda la razón, Sergio. Mi corazón pide a gritos a Lissy.

La echo de menos, el tiempo con ella fue maravilloso.

Nos entendíamos de maravilla, hablábamos mucho, aunque no fuera tan fácil por la barrera del idioma.

Pero funcionó, creo que porque a menudo sentíamos lo que el otro pensaba.

He reflexionado mucho estos últimos días.

Y no recuerdo haber albergado nunca sentimientos tan intensos por una mujer.

Y eso en tan poco tiempo. Me ha puesto la vida del revés.

—Si me preguntas a mí, deberías hablar con ella cuanto antes.

Dile qué te pasa por la cabeza, qué sientes, qué quieres.

Entonces verás cómo reacciona. Pero si he entendido bien a Mara, tú también has dejado una huella profunda en Lissy.

Y quién sabe, quizá el destino quería que os conocierais en nuestra boda.

Habla con ella y entonces sentirás qué es lo correcto.

Massimo asintió. Esa conversación inesperadamente seria con su amigo le había sentado bien.

No había estado seguro de hacia dónde derivaría la charla, pero había sido bueno abrirse.

Expresar de una vez todos sus pensamientos confusos.

Hablar con Sergio le había despejado la mente y ahora podía volver a centrarse en lo que le decía el corazón.

Y en su corazón, Lissy tenía un lugar fijo desde su primer encuentro.