Lio
Él no me respondió ninguna de las dos cosas que le pregunté. Solo me acusó en señal de defensa por su orgullo.
¿Por qué esquivo la otra pregunta?
El silencio se hizo por un rato, mientras él parecía debatirse entre decir algo más.
Lo miré sorprendido por lo que terminó de decir, tras un suspiro.
¿Cómo sabía él de mis rumores con Wei, si ni siquiera sabía del todo cuál era mi trabajo? ¿Acaso su pregunta anterior se relacionaba con esta?
Sí, yo era humano, pero realmente tampoco tenía tiempo para buscar a alguien, y mucho menos, ese interés. Entendí que, seguramente alcanzó a ver el nombre del otro chico en mi teléfono, pero aún seguía un poco confundido sobre eso.
—¿Rumores? —Pregunté—. Pensé que no sabías mucho sobre mí, pero al parecer, el nombre de Li Wei sí lo reconoces —ladeé un poco la cabeza—. Los rumores siempre son rumores Brais o ¿Es cierto que hemos hecho algo moralmente cuestionable para ti?
Le sonreí.
—Li Wei y yo, solo somos amigos. Algo como ese amigo tan peculiar que tienes. Si te conociera bien, te preguntaría si acaso estás bebiendo vinagre.
Reí luego de soltar una expresión que él probablemente no entendería, pero eso resultaba un poco divertido.
—Vuelvo a decir, no tengo pareja y en realidad tampoco tengo mucho tiempo libre como pareces creer.
Mis palabras se vieron interrumpidas de nuevo por el sonido del teléfono. Si era Wei, definitivamente lo iba a matar; ya que, gracias a él, ahora Brais parecía creer que yo andaba por ahí haciendo quién sabe qué. Sin embargo, el nombre que apareció en la pantalla era otro. Todo en mi se tensó.
—Lo siento, debo contestar esta vez —dije por lo bajo, mientras llevaba el teléfono a mi oído, escuchando el saludo de cierto chico rubio del otro lado de la línea.
—Sí, el tren llegó rápido y vine de inmediato a tomar el autobús. Justo acaba de salir —suspiré—. Entiendo, está bien. Gracias —volví a tensarme, y esta vez no pude evitar volver la mirada a mi lado.
Mis ojos dieron directo con ese par gris que me hacían contener el aliento.
—Sí, estoy solo, no tienes de qué preocuparte.
Que horrenda mentira.
—No, lo único que extraño que vi fue a alguien con una gallina —le sonreí a Brais un poco apenado, esperando que no me viera mal o pensará mal de mí, por lo que acaba de decir—. Bien, hablamos luego.
La llamada terminó y volví al estado de ansiedad que estaba sobre mí, antes de encontrarme con el pelinegro.
¿Qué le diría?
Bajé la mirada, como si estuviera apenado con él y no supiera qué decirle.