Capítulo 54 #2
— Aldemar, no podemos continuar la relación —murmuré y por un momento pensé que no me había escuchado porque no dijo nada, solo me miraba fijamente, sin parpadear.
—¿Bromeas? —preguntó mientras se ponía de pie. Cerré los ojos unos segundos— No me gusta esa clase de broma, amor.
—No es broma, hablo en serio —apunté—. Si continuamos solo nos haremos daño o mejor dicho, te hare daño —Al decir aquello no mentía.
—¿Por qué me dices todo esto? —Note los primeros signos de incredulidad en su tono de voz —.¿Por qué ahora?
—He pensado mucho y creo que es lo mejor.—Así de sencillo y también de absurdo y ridículo.
—¡Maravilloso! —exclamo él y aplaudió varias veces—. Tu padre supo de nuestra relación y además sabe que soy VIH positivo, ¿Te pidió que me dijeras todo esto? —De la desesperación paso a la ira. Aldemar solo complicaría las cosas si no me creía, si se enfrentaba a mi padre.
—Esa es la razón de todo esto. De tu silencio, de esa desesperación que te vi en los ojos cuando llegaste —
—¡Te equivocas, esto es cosa mía, nadie me obliga, estos días lejos de ti me abrieron los ojos! — exclamé sin levantar la mirada.
—¡Mírame, Elizabeth, mírame de frente y dame una razón válida para esto!
—exigió Aldemar— .Mírame y dime porqué quieres terminar la relación cuando hacia solo días decías amarme.
—Me puse de pie con la sábana alrededor de mi cuerpo, levanté el rostro para mirarlo a los ojos y en ellos vi verdadera desesperación, se me estrujó el alma.
—¡No te amo, Aldemar! Me atraes físicamente y quizás siento un cariño por ti, pero no amor —exclamé para continuar con la farsa.
Lo oí jadear como si le hubiese propinado un golpe en el estómago, vi sorpresa y dolor en su mirada.
—Estos días lejos de ti, me sirvieron para darme cuenta de que lo que creí sentir por ti no es real. Estaba confundida, pero en el viaje pensé mucho en el futuro y no creo poder continuar con nuestra relación —Aldemar no dijo nada.
—Me di cuenta de que no podría bregar con todo lo de tu condición de salud, que viviría en una constante zozobra —añadí.
—Mientes —murmuró. Sentí que me moría y lo peor era que con cada palabra lo mataba a él— .Me mientes—aseguró con vehemencia.
—Solo vine a despedirme, el tiempo que estuvimos separados me sirvió para darme cuenta de que no es amor lo que siento por ti, si continuamos, solo te haría infeliz—me mordí los labios.
—¿Por qué me mientes, Beth? —Aldemar caminó hasta que estuvo frente a la única persiana dándome la espalda— .¿Por qué lo haces?—Su voz falló en la última frase. Me llevé las manos al rostro y me lo cubrí con ellas.
—No quiero continuar esta relación, no hay un futuro juntos Aldemar, no te amo, solo siento por ti pena...lástima, no lo sé ...—murmuré levantando la mirada.
—¡Cállate, cállate! —gritó él como jamás lo hizo antes mientras se volteaba manoteando al aire y fijando su mirada llena de angustia y desilusión en mí. En un inesperado movimiento se me abalanzó encima para abrazarme.
«¿Quieres ver a Aldemar y a su familia en la cárcel? » Me susurró al oído una odiosa vocecita.
—¡Por Dios Beth, dime que te sucede, quiero la verdad! —suplicó con sus brazos rodeando mi cintura y el rostro oculto en mis cabellos— .¡No puedo creer en tus palabras cuando te he sentido tan mía, cuando todo tu ser me grita que me ama! - Yo no podía ceder, rendirme en sus brazos sería tan fácil.
«Que pena por ese par de ancianos, sufrirán mucho al ver a su sobrino en la cárcel» La voz de mi padre, con su tono venenoso y burlón me provocó escalofríos y de un empujón alejé a Aldemar de mí.
—Entiéndeme por favor, y no hagas las cosas más difíciles —Le supliqué alejándome de él. Lo oí soltar una especie de gruñido.
—Está bien, tus ganas, te creo. Vete, no tenemos más nada que hablar —Aquella frase era lo que esperaba y a la misma vez temía oír.
Lo oí caminar y salir del cuarto cerrando la puerta detrás de él. No pude aguantar más y cubriéndome el rostro con ambas manos di rienda suelta a todo mi dolor, mi angustia y desesperación. Gruesas lágrimas bañaron mi rostro, y por un momento pensé que no podría detenerlas.
Me mordí los labios hasta que noté el sabor de mi propia sangre.
Agobiada, sequé mi rostro con las manos y me vestí sin perder más tiempo, necesitaba llegar a mi casa, no quería a mi padre por allí.
Respiré pausadamente, concentrándome en calmarme, recogí mi cartera y me acerqué a la puerta cerrada.
Detrás de esa puerta me esperaba Aldemar, mi verdadero amor, de quien me enamoré a pesar de todo, y a quien tenía que decirle adiós, aunque sintiera que se me iba la vida. Esa tarde el destino me separaba de él. Abrí la puerta, allí estaba él pegado a la pared, cabizbajo y silencioso.
— Aldemar... —Me dio la espalda.
— ¡Vete Elizabeth! —Ya no me llamaba Beth, su Beth. Ahora era un frio y distante Elizabeth. Pensé en abrazarlo y contarle todo, pero apreté los puños de mis manos y me mordí la lengua, rogándole a cielo que pronto tuviese la oportunidad de hacerlo.
No pronuncie más palabras y bajé corriendo la escalera hacia la calle.
Cruce y abrí la puerta del carro sin mirar atrás pero no aguanté los deseos de volverlo a ver y miré a mis espaldas porque sabía que él estaría allí, a la distancia.
Y así fue, se encontraba allí y pude mirarlo unos segundos antes de con rapidez meterme en el carro, encenderlo y arrancar hacia la avenida sin tomar la más mínima precaución.