Amanecer en Montana (Amor bajo el cielo del oeste nº 1) Capítulo 6
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Capítulo 6

Blue Valley Ranch

Leah movía las caderas al ritmo, bailando a lo largo de la pared frontal y trazando patrones intrincados en un relajante amarillo suave antes de pasar el rodillo. Era la tercera capa de pintura en su sala de yoga, que estaba sorprendentemente cerca de terminarse.

Como si estuvieran poseídos, Zach y su equipo habían rematado la construcción restante del nuevo edificio en solo unos días y ahora estaban ocupados dando los últimos toques al bar de la sala principal.

Y así, sin más, su agenda de verano se llenó de compromisos: el programa de yoga ya era una realidad.

Un escalofrío de emoción la recorrió al pensar en los próximos meses.

Su contacto en un grupo de yoga de Chicago había conseguido un montón de esterillas y accesorios donados. La idea de fomentar la práctica en el oeste había entusiasmado al grupo, y ella estaba encantada de aceptar su generosidad.

Ahora necesitaba diseñar un programa para varios estilos de clases que resultaran atractivos para la clientela del rancho. Según su experiencia, lo sencillo siempre funcionaba mejor.

Leah dio un paso atrás para admirar su trabajo y empezó a recoger. Siempre le había gustado ayudar a Rachel con sus proyectos de renovación: sentía una satisfacción inmediata cuando el trabajo quedaba bien hecho.

Ahora, con unas cuantas plantas bien colocadas y el equipo de yoga donado, la sala sería más que adecuada: sería perfecta.

—¡Eh, Leah! Ven a ver esto.

Siguió las voces hasta la sala principal y le sonrió a Zach, que estaba sirviendo bebidas a los chicos sentados alrededor del bar recién terminado.

—¡Está listo! Vaya, Zach, qué preciosidad.

Pasó las manos por la estructura de madera curvada y sonrió cuando él le puso una cerveza fría delante.

—Hasta funcionan los grifos, ¿eh?

—Sí. Orin instala los televisores y el equipo de sonido esta tarde, y mañana llegan las mesas de billar. Entonces estará listo para la temporada.

—Mmm... así que ahora solo nos falta un calendario de actividades.

Miró a su alrededor, pensando en voz alta mientras bebía su cerveza...

bingo, trivia, deportes, fiestas y eventos especiales...

el rancho tenía potencial para actividades durante todo el año, y este edificio lo multiplicaba.

Incluso podría ser el lugar perfecto para bodas íntimas, si la familia Hunter estaba dispuesta a diversificarse aún más.

Mientras recorría las nuevas salas, Leah fue tomando nota mental de lo que aún faltaba y sacó algunas fotos para la web.

De camino a la casa principal, miró hacia el este, hacia Morrell Mountain, que dominaba el paisaje.

Pensó en Lucas, sorprendida de lo mucho que lo echaba de menos, a él y a Max.

Aquel beso... no podía quitárselo de la cabeza.

¿Estará él también pensando en eso?...

* * *

Lucas limpió la encimera y dio un paso atrás para contemplar su cocina terminada.

Con los años le había cogido el gusto a cocinar, y buscar nuevas recetas o perfeccionar las de siempre se había convertido en una pasión.

Había diseñado la cocina a su medida: electrodomésticos de última generación, encimeras largas y amplias, y una isla grande con fregaderos profundos.

A un lado estaba su mayor orgullo: la bodega, con estantes del suelo al techo repletos de sus últimos pedidos.

La gran cabaña, de estilo tradicional con troncos, estaba enclavada en la ladera de la montaña, con enormes ventanales que ofrecían unas vistas espectaculares del bosque y el valle.

La distribución diáfana hacía que el espacio pareciera más grande de lo que era, con una enorme chimenea que presidía la sala principal.

La cabaña podía alojar hasta veinte personas, con dormitorios en la planta superior y en el sótano. El espacio de almacenamiento daba para provisiones de cinco años. Lucas había diseñado la casa como una fortaleza para su familia en caso de catástrofe.

Había trabajado como un poseso durante la última semana para terminar, diciéndose que era solo para prepararse para la temporada. Pero no se engañaba... la verdadera razón por la que quería que su cabaña quedara perfecta era para impresionar a Leah.

Eso es meterse en terreno peligroso, imbécil... trabaja para el rancho... se va a marchar... sácatela de la cabeza.

Suspiró y se dirigió al dormitorio principal.

Había diseñado esta habitación y el baño contiguo pensando en la comodidad, sabiendo que probablemente pasaría buena parte del invierno aquí.

El espacio amplio y diáfano albergaba una cama enorme en la que su corpulento cuerpo cabía de sobra, y al mirarla, no pudo evitar imaginarse a Leah tumbada allí.

No había dejado de pensar en ella en toda la semana: su mente reproducía aquel beso una y otra vez...

y lo llevaba más lejos. Quería verla aquí, en la cocina cocinando con él, junto a la chimenea acurrucados bajo una manta, en la bañera...

la atracción que sentía por ella, y el apego, crecían día a día hasta el punto de no poder pensar en otra cosa.

Por ahí solo había desastre.

Lucas miró a Max, acurrucado en su cama al otro lado de la habitación, observándolo en silencio.

—¿Qué opinas, Max? ¿Crees que le gustará esto?

La cola de Max golpeó el suelo y soltó un resoplido suave, como dándole ánimos. Lucas sonrió, aunque su mente seguía dándole vueltas al asunto: simplemente no podía quitársela de la cabeza.

¿Qué pensará de este lugar? ¿Se arrepentirá de aquel beso? ¿Se sentirá incómoda conmigo ahora?

Esos pensamientos le habían rondado la cabeza sin cesar mientras trabajaba.

Le agobiaba la preocupación de haber ido demasiado deprisa, de haberse interesado en serio por alguien que se marcharía en solo unos meses.

Pero aun así sentía una necesidad profunda de conectar con ella.

Eso lo había empujado a terminar mucho antes de lo previsto, y ahora solo podía pensar en volver al rancho... y en Leah.

Pero no podía acallar la vocecita que le pedía cautela. Ella no se quedaría... se iría al final de la temporada, y si no andaba con cuidado, se llevaría su corazón con ella. Ese pensamiento fue como un jarro de agua fría. Tenía que pisar el freno.

Lucas entró en la ducha, donde los tres cabezales empezaron a soltar chorros de agua caliente, y su mente pasó de inmediato a la excursión que tenían pendiente.

Pensó en las actividades que podrían hacer juntos, en lugares espectaculares que enseñarle, en los mejores senderos... y en que cocinaría para ella.

A las mujeres les encantaba eso, ¿no?

A pesar de las alarmas que sonaban en su cabeza, estaba deseando volver a verla. Le hacía ilusión traerla aquí, tenerla solo para él.

De repente supo qué quería como premio si ganaba la apuesta... una sonrisa se dibujó en su rostro al imaginarse a Leah relajada y sonriente, inclinándose para besarlo. Era hora de volver al rancho.

* * *

—¡Eh, Martha, ven aquí! —gritó Leah desde la oficina mientras tomaba su té. Había dado los últimos retoques a la web y estaba revisando cada página para comprobar el diseño y la funcionalidad.

Este proyecto era su criatura y estaba deseando mostrarlo. Las fotos que había añadido apenas daban una idea de cómo era realmente el rancho, pero eran impresionantes. Ahora empezaría con las redes sociales y subiría el listón de verdad.

Absorta en el monitor, no notó la sombra que se cernía sobre ella ni el suave repiqueteo de unas patas de perro que se acercaban. Un ladrido suave a su lado la hizo dar un respingo.

—¡Max!

Se abalanzó sobre el perro y lo abrazó con fuerza.

—Ay, cuánto te he echado de menos, guapo.

—Yo también te he echado de menos, guapa —respondió una voz cálida.

Leah se puso colorada hasta la raíz del pelo y alzó la vista, sonriendo con timidez al hombre que estaba al otro lado del escritorio.

—Hola, Lucas.

El guapo era él, con ese cuerpazo musculoso y ese brillo seductor en los ojos verdes. Llevaba una barba incipiente oscura, y la mirada que le lanzó… sintió que se derretía allí mismo.

Él se rio por lo bajo y se acercó.

—Veo que has estado ocupada mientras estábamos fuera. ¿Qué ibas a enseñarle a mi madre?

—He terminado la web. Echa un vistazo.

Giró el portátil hacia él mientras Lucas rodeaba el escritorio. Orgullosa, Leah esperó su reacción.

Lucas arrugó el entrecejo.

—Hmmm… Hay un montón de fotos mías. ¿Seguro que es buena idea?

—¿Estás de broma? Solo con esas, las mujeres vendrán en manada —bromeó ella. Pero la idea de que otras mujeres rondaran a Lucas le provocó una punzada de celos.

«¿Pero qué…?»

Lucas fue haciendo clic por la web y asintió, impresionado con su creatividad.

—Está genial. Has hecho un trabajo increíble.

Le dedicó una sonrisa cálida.

—¿Te apetece un descanso? Podemos ultimar los planes de la excursión y preparar tu mochila. Y de paso me enseñas el edificio nuevo, ahora que está terminado —añadió con una sonrisa.

—¿Me llamabas, cariño? —la voz de Martha llegó desde el pasillo—. ¡Lucas, has vuelto!

Parecía desconcertada.

—No te esperábamos hasta dentro de una semana o así. ¿Va todo bien?

Él asintió y abrazó a su madre.

—Todo fue bastante rápido y pensé que Leah y yo podríamos aprovechar para preparar su excursión.

Un brillo calculador apareció en los ojos de Martha mientras los miraba a ambos.

—Ah, bueno.

Asintió y les hizo un gesto para que se fueran.

—Venga, id vosotros dos.

Con una sonrisa de satisfacción, volvió hacia la cocina tarareando una tonadilla, con Max pegado a sus talones.

«Qué raro».

Al mirar a Lucas, estaba claro que él pensaba lo mismo mientras veía alejarse a su madre con expresión recelosa.

Volvió la vista hacia ella y sonrió.

—¿Lista?

* * *

—Hoy he quedado con Hannah.

El comentario de Rachel hizo que Leah levantara la vista de la masa que tenía entre las manos hacia la pantalla del portátil.

Leah echaba muchísimo de menos a su hija, pero sabía que Hannah lo estaba pasando en grande.

—¿Qué tal estaba?

—Genial. Demasiado mayor para mi gusto, pero se está adaptando muy bien en la universidad.