Alto voltaje (Fractured Rock Star 1) Epílogo
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Epílogo

Connor había sabido que iba a casarse con Lexie casi desde el momento en que empezaron a salir oficialmente.

Ella le había enseñado las fotos que se habían hecho aquella última noche que habían pasado juntos de gira.

Además de ser increíblemente eróticas, le había impactado el amor que había visto brillar en el rostro de ella y en el de él —aunque en aquel momento no se hubiera dado cuenta aún de que la amaba—.

La certeza de que iba a hacerla suya para siempre lo había golpeado como un mazazo.

Quería que estuvieran unidos de todas las formas posibles —en cuerpo, alma y matrimonio—, algo que antes pensaba que nunca iba a desear.

Sabía que era demasiado pronto para decirle nada en aquel momento, ya que ella aún estaba nerviosa por si sus vidas tan diferentes podían encajar.

Quería darle tiempo para que viera lo bien que funcionaban juntos.

Y sabía que iba a ser de ese modo porque estaba dispuesto a hacer todo lo posible para asegurarse de que así fuera, aunque eso significara abandonar la banda por completo.

Pero no había sido necesario, ya que sus vidas habían encajado casi a la perfección.

Con él en casa, concentrado en componer canciones, dando algunos conciertos aquí y allá con los demás miembros del grupo —sobre todo en eventos benéficos— y averiguando cómo iba a sonar su nuevo estilo, Lexie se había relajado y, al final, se había volcado de lleno en todo aquello.

Además de dedicarse a la fotografía como autónoma, también seguía haciendo fotos de Fractured, así como de la nueva banda de Zac y Noah, que ya había empezado a despegar a lo grande y ya contaba con un gran número de seguidores en las redes sociales gracias a las fotos de los cuatro.

Y aunque el grupo se encontraba en un parón, a la espera del lanzamiento de su nuevo álbum en algún momento futuro, su popularidad no había disminuido.

La discográfica estaba ocupada promocionando la nueva dirección que iban a tomar y buscando la forma de rentabilizar su inversión sin depender de grandes giras por estadios.

Aunque ese era un problema que les tocaba resolver a ellos. Connor ya había tomado su decisión y lo único que le importaba era hacer aquello que les hiciera más felices a él, a Lexie y a sus amigos. Y, con suerte, los fans iban a disfrutar de los resultados.

Pero por fin había llegado el momento que llevaba casi un año planeando. Esperaba haberle dado tiempo suficiente para que superara sus miedos, porque no estaba seguro de qué iba a hacer si ella decía que no.

En ese instante se estaba despidiendo de Tex, Zac y Noah en la puerta principal de la casa a la que él y Lexie se habían mudado un par de meses antes.

Los chicos habían ido a ensayar algunas de las nuevas canciones que él y Tex habían compuesto, y todo había salido increíblemente bien.

Todos se sentían optimistas respecto al rumbo que estaban tomando las cosas.

También sabían lo que Connor tenía planeado para ese día, así que tanto Zac como Noah le desearon suerte y le dieron una palmada en la espalda al marcharse, pero Tex se quedó un minuto más para charlar con él.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó.

—Me siento como si fuera a ponerme malo —refunfuñó Connor.

Tex se rio.

—No tienes nada de qué preocuparte, tío. No hay ni la más mínima posibilidad de que ella diga que no. Vosotros dos estáis hechos el uno para el otro.

—¿Y si es demasiado pronto? ¿Y si ella todavía no está segura?

—He visto cómo te mira y he visto cómo la miras tú.

Lexie sabe lo que hay en tu corazón, y eso es lo único en lo que pensará cuando se lo pidas.

—Tex sonaba un poco melancólico mientras hablaba.

Connor deseaba con todas sus fuerzas que Tex tuviera razón.

Pero si se equivocaba y ella decía que no, entonces iba a tener que darle más tiempo y volver a preguntárselo, porque no pensaba dejarla marchar.

Aunque nunca llegaran a casarse, tenía pensado estar a su lado el resto de su vida—.

¿Estás bien? — preguntó Tex. Connor inspiró hondo y asintió—. Pues, entonces, ve a por tu chica.

Connor se despidió de Tex. Era el momento de la verdad.

Volvió a entrar en la casa y regresó a la sala en la que habían estado ensayando.

Lexie había estado con ellos durante la sesión, haciendo fotos, como siempre, y se había quedado atrás para terminar mientras él acompañaba a los demás a la salida.

Connor se detuvo en el umbral y se limitó a contemplarla, con el corazón latiéndole dolorosamente rápido.

Cuando había subido a despedirse de los chicos, había dejado su guitarra apoyada en una de las sillas cerca del gran ventanal que daba al jardín.

Lexie, con uno de esos vestidos de verano tan sexys que a él le encantaban, estaba de rodillas, cámara en mano, sacando una foto del instrumento.

El sol de última hora de la tarde se colaba por la ventana, iluminando la pátina en tonos miel de la guitarra y brillando en la seda oscura del pelo de Lexie.

La hora dorada. Esa hora después de que saliera el sol y antes de que se pusiera, en la que todo adquiría un resplandor suave y mágico, perfecto para las fotos.

Con suerte, también perfecto para lo que él tenía planeado.

Connor se metió la mano en el bolsillo y tocó el anillo que había comprado hacía meses; luego esperó pacientemente a que Lexie terminara y se pusiera de pie antes de acercarse y rodearla con los brazos por detrás. Ella ladeó la cabeza para encontrarse con sus labios en un suave beso.

—Bueno, estaba pensando que podría darte otra clase de guitarra.

Ella se volvió entre sus brazos para quedar frente a él y le dedicó una sonrisa pícara.

—¿Con o sin la guitarra? —Su voz sonaba ronca.

La lujuria lo invadió al recordar aquella noche, pero no podía distraerse en ese preciso instante.

—Empecemos con la guitarra esta vez. —Cogió el instrumento y se sentó en la silla; hizo que se sentara en su regazo y la rodeó con los brazos, de modo que ella sujetaba la guitarra y sus manos estaban sobre las de ella.

Le colocó los dedos en la posición correcta para el primer acorde y luego dejó que rasgara las cuerdas—.

Sol —le susurró al oído y luego cambió de acorde—. Do. —Y dos veces más—. Do. Do.

Siguieron tocando, pero, por muy reconocible que fuera, Lexie tardó unos segundos en captar la melodía. Lo miró por encima del hombro, enarcando las cejas.

—¿Me estás enseñando a tocar la marcha nupcial?

—Pensé que deberías familiarizarte con ella. Ya sabes, antes de subir al altar. —Sonrió y esperó, aunque el corazón le latía con fuerza.

Lexie abrió mucho los ojos y entreabrió la boca, pero de ella no escapó ni un solo sonido.

La sonrisa de Connor se hizo más amplia.

—¿E-Esto es una propuesta de matrimonio? —preguntó ella con voz temblorosa.

Él le quitó la guitarra de las manos y la dejó en el suelo, junto a la silla; luego la ayudó a darse la vuelta para que quedara frente a él, a horcajadas sobre sus piernas.

Ella observó cada uno de sus movimientos con los ojos muy abiertos mientras él metía la mano en el bolsillo y sacaba el anillo.

Cuando vio el diamante se tapó la boca con la mano y se le llenaron los ojos de lágrimas.

—Lexie, has llenado un vacío en mi corazón y en mi vida que ni siquiera sabía que existía, y no quiero dejarte marchar nunca.

Te quiero, y seguiré queriéndote con cada latido de mi corazón durante el resto de mi vida.

Quiero que estés a mi lado para siempre, así que, por favor, dime que te casarás conmigo.

Su mirada iba y venía entre los ojos de él y el anillo que él sostenía entre los dos, y los pocos segundos que tardó en responderle fueron los más largos de su vida.

—No hay nada que desee más —dijo ella con la voz quebrada, antes de echarle los brazos alrededor de su cuello y besarlo.

Una oleada de alivio lo inundó. Cuando ella se apartó, y antes de que pudiera cambiar de opinión, Connor le agarró la mano izquierda y le deslizó el anillo en el dedo. Se le encogió el corazón al ver cómo las lágrimas desbordaban sus ojos y le resbalaban por las mejillas.

—Espero que sean lágrimas de felicidad —murmuró, secándoselas con el pulgar.

Ella asintió, con una sonrisa frágil en los labios.

—Te quiero muchísimo, Connor. No sé qué he hecho para merecerte. Para merecer todo el amor con el que he sido bendecida en esta vida.

Sabía que ella no se refería solo a su amor, sino también al amor que había compartido con Damien.

No hacía mucho, le habría matado pensar en el amor que ella había sentido —y aún sentía— por alguien que no fuera él.

Pero en ese momento solo se sentía agradecido de ser él quien había estado allí para volver a llenar su corazón y darle el «felices para siempre» que se merecía.

—Yo también te quiero, Lexie, más que a nadie ni a nada en el mundo. Estoy deseando pasar el resto de mi vida demostrándotelo. —Le acarició la mejilla e hizo que agachara la cabeza para rozar sus labios con los de ella en un tierno beso que pronto se intensificó y los inundó de calor.

A regañadientes, se apartó lo justo para susurrarle.

—¿Qué tal si preparas tu cámara y nos hacemos una sesión de fotos de compromiso privada?

Los ojos grises de Lexie se oscurecieron, y la sonrisa seductora que se dibujó en sus labios casi lo derritió. Mientras ella se levantaba de su regazo para preparar la cámara, él sonrió para sus adentros al darse cuenta de que, por fin, tenía todo lo que siempre había deseado.