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En realidad, Livia había traído el colorido trozo de tela para la pequeña.
Sus tiernos pies aún no estaban muy acostumbrados a la arena y las rocas, ya que no había pasado mucho tiempo en tierra en su corta vida.
Se había lesionado el pie derecho el día anterior, y Livia pensó que ayudaría cubrirle el pie con algo suave.
Y al ser Zera una hembra, también debería ser bonito, pensó Livia.
Había expuesto sus necesidades a la tejedora fey en el mercado, y esa venerable mujer había dado con la pieza de tela perfecta, que Zera sostenía ahora.
Livia veía cómo la joven dragona acariciaba la tela con las yemas de sus dedos, las partes suaves del interior, bajo sus pequeñas garras.
Le gustaba la tela, Livia se daba cuenta.
— ¿De verdad? —Los grandes ojos de Zera parpadearon. Oh, sí, definitivamente le gustaba.
—Sí. De verdad de la buena. Lo compré para ti, para tu pupa.
Pensé que, si poníamos esto sobre el vendaje que Lizbet te puso, se vería más bonito y se sentiría más suave contra tus escamas.
Y cuando tu pupa se cure, podrás usarlo de otras formas, como para dormir encima o echártelo por los hombros si tienes frío.
A una chica se le ocurren muchos usos para un trozo de tela bonita, y quiero que este sea tuyo.
¿Qué me dices? —Livia ladeó la cabeza interrogante, sonriendo dulcemente a la pequeña.
Flurrthith se había acercado y observaba por encima del hombro de Livia.
—¿Cómo te sientes del pie hoy, Zera? —preguntó Flurrthith, con su pico interfiriendo con la letra S como les ocurría a la mayoría de los grifos cuando hablaban en voz alta.
— Aún me duele —admitió Zera—. Lizbet me lo miró y me cambió el vendaje hace un ratito. Dijo que está curando, pero que tengo que tener cuidado.
Livia tuvo que contener una sonrisa. El tono de Zera hacía que tener cuidado sonara parecido a estar en prisión. Livia recordaba haberse sentido así también de niña. Quizá todos los niños tenían eso en común.
—¿Por qué no te sientas y te envuelvo esto alrededor de la pata? Acolchará un poco más tu herida y, por si acaso se te olvida tener cuidado, no volverás a hacerte daño, ¿de acuerdo?
Zera se dejó caer sobre su culito de dragón, con la cola extendida detrás de ella en la arena y sus patitas asomando.
Livia podía ver el vendaje y la envoltura impermeable que Lizbet le había puesto encima.
Livia tenía la intención de reutilizar la capa impermeable en la parte inferior para que Zera pudiera seguir caminando sin estropear la tela, pero la envoltura acolcharía todo un poco más, y los colores y la textura agradarían a la paciente.
Livia le había pedido consejo a Seth antes de comprar la tela, y él le había dicho que a menudo hacían esas cosas en la Guarida, especialmente para los pacientes más jóvenes.
Seth tenía una experiencia inestimable tratando dragones, y le estaba enseñando a Lizbet todo lo que podía, pero ella aún no le había consultado sobre esto, y Livia quería hacer algo bonito por Zera de todas formas.
Livia desenvolvió la capa impermeable y le quitó la arena, dejándola a un lado para usarla después de añadir la nueva envoltura suave y colorida.
Realizó el proceso de vendaje tal como Seth le había indicado, y quedó satisfecha con el resultado.
Los dos extremos de la larga franja de tela terminaron en un vistoso lazo, para deleite de Zera.
Livia volvió a colocar rápidamente la capa impermeable, doblándola como una especie de suela de marcha o botín solo en la parte inferior del pie de Zera, hablando todo el tiempo con los pequeños.
Flurrthith lo observaba todo con sus ojos de halcón. Era un niño curioso y de mente aguda.
—¿Eso hará que se cure más rápido? —le preguntó a Livia, señalando con la cabeza el colorido vendaje.
—No más rápido, sino más cómodamente. Y además es bonito. ¿Verdad, Zera?
Zera se miró la pata, examinando la tela y el gran lazo—. Oh, sí. Me gusta muchísimo. ¡Gracias, Livy! Eres la mejor mujer humana que conozco.
Livia no pudo evitar reír—. Soy la única mujer humana que conoces, cariño, pero me siento halagada.
— ¿Y qué pasará cuando me meta en el agua? ¿Se estropeará? —preguntó Zera, al parecer la idea se le acababa de ocurrir.
—No, eso es lo mejor —le dijo Livia a la dragoncita—.
La tejedora me aseguró que los colores son resistentes y no se estropearán con el agua.
Además, el tejido es especialmente apretado y la propia tela ha sido tratada para repeler el agua.
La tejedora creía que no se empaparía para que no te pesara.
Pero se supone que debes mantener el pie seco un día o dos más, ¿verdad? ¿No fue eso lo que te dijo Lizbet?
Zera asintió solemnemente—. Dijo que no quería que mi pupa se "fectara".
—Infectara —corrigió Livia a la pequeña, asintiendo con amabilidad—.
Cuando algo se infecta, duele todavía más y no se cura en mucho tiempo, así que no queremos eso.
Y no se está tan mal aquí en tierra, ¿verdad?
—Livia acarició la mejilla de la dragoncita con afecto, rascándole detrás de las orejas de la forma en que había aprendido que le gustaba a Zera.
— No, es agradable. Me gusta el hoyo de arena. Y me gusta jugar con Flurrthith, y contigo, Livy. —Parte del entusiasmo de Zera estaba regresando—. Y de verdad me gusta aprender a volar.
Bajo la mirada vigilante de sus padres, Xanderanth le estaba enseñando a Zera cómo atrapar el viento bajo sus pequeñas alas.
Había logrado cortos saltos sobre las dunas que la hacían trompetear con deleite infantil.
Probablemente no volaría ninguna distancia real hasta dentro de meses, le había dicho Seth a Livia cuando ella le preguntó, pero esos pequeños saltos eran importantes en el camino del aprendizaje.
Él lo había visto en la Guarida, con los pocos niños dragón que habían tenido allí durante su vida.
Los dragones marinos, sorprendentemente, eran buenos voladores una vez que le cogían el truco al aire. La mayoría de ellos permanecían bajo las olas por norma general, pero sabían cómo volar en el aire si era necesario. Era una habilidad que aprendían de niños, pero que no practicaban muy a menudo.
Una vez que empezaron a volar con los grifos, demostraron ser fuertes y rápidos, aunque no muy precisos.
Xanderanth era tan fuerte, si no más que ellos, a pesar de que los músculos de sus alas se habían fortalecido contra la resistencia del agua, mucho mayor que la del aire.
Aun así, Xander tenía una destreza y un control sobre los movimientos finos de los que ellos carecían, y se le consideraba un maestro para aquellos dragones marinos que querían aprender un mejor control en el aire.
Era una yuxtaposición curiosa, ya que originalmente Xander había sido enviado a la Guarida del Sur para aprender a volar de aquellos dragones más viejos y experimentados que él.
Aun así, dominaba los conceptos básicos mejor que los dragones marinos en este punto, por lo que era un maestro tan bueno como cualquier otro por el momento.
Se podrían traer maestros más experimentados de la Guarida si los dragones marinos quisieran, o ellos mismos podrían ir allí y buscar lecciones en el continente.
Eso era algo que Livia comprendió que nadie esperaba. El hecho de haber contactado siquiera con los legendariamente evasivos dragones marinos era algo sorprendente de por sí. Que hubieran hecho amigos y forjado una especie de alianza con ellos a través de una unión era simplemente asombroso.
Zera se había alejado con Flurrthith a su lado para enseñarle a su hermana mayor su nuevo pañuelo, y Livia observaba a las criaturas de cuatro patas con una sonrisa feliz.
Grifos, dragones de tierra y de mar trabajando juntos y siendo amigos.
¿Quién habría predicho jamás que sucedería, y mucho menos que Livia estaría presente para presenciarlo todo?
—Un penique por tus pensamientos. —Los brazos de Seth rodearon su cintura desde atrás.
Se le había acercado sigilosamente, pero ella estaba encantada con la sorpresa de su presencia.
Pensaba que estaría recluido con los sanadores en la fortaleza todo el día.
Los había dejado discutiendo los méritos de diferentes hierbas hacía horas y supuso que el debate los mantendría ocupados hasta que ella regresara de su paseo por la playa.