Al límite del desastre (Hermanos Streoss 1) CAPÍTULO 58
75%

CAPÍTULO 58

Se mordía la uña ansiosa, sentada en la orilla de la tina, moviendo las piernas sin cesar. Esos cinco minutos parecían eternos, carajo. La alarma de su celular sonó al fin, provocando que diera un respingo. Tomó aire, todo el que pudo y fue hasta el lavamanos.

Palideció al sujetar con fuerza la prueba que había comprado minutos atrás. Con los ojos bien abiertos, alzó la vista, su reflejo la tomó desprevenida. Lucía agotada, triste, no la mujer de siempre y… estaba embarazada. Tal como él quería.

Cerró los ojos dejando la prueba sobre la encimera, agachando la cabeza.

No tenía idea de qué sentir, sabía que no era el momento para ella de ser madre, no era lo que quería aún, menos bajo esas circunstancias, pero fue tonta, confiada.

Kylian tomaba las precauciones pertinentes en el sexo y ella debió tomar las propias a pesar de que el acuerdo hablaba de hijos. Se dejó caer aturdida, escondiendo la cabeza entre sus rodillas flexionadas con el pulso palpitando fuerte tras su oreja, tanto que podía escucharlo.

Qué tan estúpida había sido como para no cuidarse a sí misma, como para ni siquiera pensar en eso, como para creer en él cuando no le había dado ni un solo motivo.

Se aferró la cabeza, temblando.

¿No era lo que él quería? ¿Habría sido descuidado en algún encuentro de manera deliberada? ¿Tenía sentido preguntárselo? Kylian no había perdido la objetividad de ese acuerdo que los unía, desde el inicio había sido claro, práctico. La que había resbalado, y de qué manera, fue ella.

Claro que no se detendría para conseguir lo que desde el inicio estipuló. Samantha simplemente era la herramienta que, además, se lo puso todo sencillo. ¡Mierda! Fue ingenua y pensó que podía cambiar eso, que sus sentimientos ayudarían, que él podría estar sintiendo lo mismo.

Sí, era estúpida.

Kylian jamás había mentido, ella era la que había querido creer algo más.

Aspiró con fuerza. Era hora de detener todo eso.

Estaba embarazada, el acuerdo estaba en marcha, las cosas estaban sucediendo de acuerdo con lo establecido, cada una de ellas.

Ahora él debía saberlo, continuar con esa pantomima que ahora era su vida con tal de que su padre siguiera en este mundo, sano y seguro. El precio era alto, pero no importaba.

Londo no era responsable de nada y eso, sabía, algún día saldría a la luz, solo debía esperar.

Esa tarde continuó con su vida como solía poniendo su mayor empeño en ello.

Por la noche no lo esperó y cayó dormida casi al momento de tocar la almohada a pesar de que imaginó que sería difícil, pero sin entender muy bien cómo, había conseguido con el paso de las horas detener los pensamientos; ya estaba harta de eso, así como de imaginar cómo habría sido su vida si ese hombre jamás la hubiera conocido. Eso tampoco tenía sentido.

Por la mañana lo encontró en el walk-in closet , enseguida sus sentidos se aguzaron, agradecía que las arcadas que la despertaron hubieran ocurrido mientras él se duchaba y por lo mismo no la vio expulsar todo en otro de los baños de la planta alta.

—¿Estás bien? —preguntó él, observándola. Parecía cansada, estaba algo pálida y no lo miraba, ni siquiera cuando la saludó dándole un beso en la cabeza al topársela ahí. La joven solo asintió mientras se colocaba los calcetines.

Kylian llevaba noches sin dormir bien, la anterior el sueño lo venció en la madrugada, después de haberla estado contemplando por horas.

Debía decirle lo de Londo, pero sabía que solo generaría que ella saltara sobre él, a pesar de tener pruebas, también que le partiría el corazón y, él más que nadie, sabía lo doloroso que era perder la confianza en tu progenitor.

Por otro lado, el equipo de abogados, así como el área contable, estaban dedicados a cubrir la situación frente al fisco, Mathia, y los árabes.

No estaba siendo nada fácil y definitivamente Kylian saldría penalizado de alguna forma, pero ya no le importaba.

Londo tomó el dinero, pero no iría a la cárcel, lo había prometido y eso haría costara lo costara.

Más adelante, cuando todo estuviera solucionado, se lo diría, por ahora no hablaría sobre el tema.

—Te veo después —dijo ella, pasando a su lado, con su mochila colgando por el hombro, fría.

La observó alejarse, frustrado, resignado también.

La estaba evitando, claro que sí. Sam lo ponía tan nervioso como nunca antes una mujer y en ese momento necesitaba pensar con la cabeza, tener los sentidos bien alertas y preparados o las cosas tanto para él, como para la familia Streoss, se podrían poner muy mal.

Lo cierto era que dolía, dolía verla seria, lejana, sin esa chispa en sus ojos lo poco que se la topaba.

Dolía la indiferencia, las horas sin ella, sin sus ocurrencias y sonrisas.

Dolía saber que Samantha se había convertido en la persona más importante de su vida y que, por sus propios miedos, la había herido y seguía haciéndolo.

Más dolía aún, saber que la cobardía de su padre para enfrentar la vida en aquel entonces era la misma que lo tenía a él tan malditamente perdido y atado de manos.

Sam lo dejaría, él no sobreviviría. Hasta ese momento pudo entender a Káran, pero no imaginó que el precio sería tan alto y peor, que él mismo se colocó en ese punto.

Samantha tomó aire después de salir de la clínica, le mandarían por correo los resultados. Había tenido que mentir al jodido escolta diciendo que eran pruebas periódicas que requerían en su entrenamiento, sabía lo que dirían las analíticas, solo que no quería cometer un error.

Por la tarde, la alerta de su móvil sonó, el laboratorio corroboraba lo que ya sabía.

Imprimió la hoja, la dobló, luego se fue a dar las clases de fútbol.

Por supuesto que cenó sola de nuevo, Keira la había buscado para verse, pero no tenía ánimos de nada, la había estado evitando, tanto como a su madre y otros amigos.

Sentía que no podía mentir más, que no tenía cabeza para fingir ya.

Por la mañana, al despertar, fue por la hoja y se comenzó a cambiar.

Observó su vientre plano en el espejo. ¿Por qué no sentía nada?

No había sensación de apego, o algo dulce creciendo en su interior…

Tampoco sentía curiosidad, solo sabía que esa era su realidad y tal como su matrimonio, algo que debía pasar, eso la llenaba además de culpa.

—Buen día, pelirroja —saludó él, tomando su nuca y besando su cabeza, como cada día.

Llevaba la toalla alrededor de la cintura, la melena escurriendo alrededor de su hermoso rostro, aun así, no reaccionó, solo tomó el papel que había dejado en la encimera y se lo tendió.

En cuestión de días la situación entre los dos se había ido a la borda, ya no quedaba más nada que eso… rutina.

—Toma.

Él lo abrió arrugando la frente, lucía ojeroso y más delgado, pero eso no era su problema.

Kylian, intrigado, lo leyó. Un golpe en el pecho lo azotó, su boca se secó y aspiró con fuerza.

Sam se colocaba la sudadera impasible. Eso lo aturdió más, un sudor frío apareció.

—¿Estás embarazada? —preguntó de manera estúpida, pero es que estaba en shock , más aún con la forma de comportarse de su esposa.

Ella asintió, sin verlo, se sujetó el cabello en una trenza rápida, ecuánime.

—Cuando tenga la cita de ginecólogo te aviso, espero que puedas ir —habló al fin, tomando la mochila como si aquello fuera un mero trámite, o cualquier otra estupidez. Luego pasó a su lado, apretó su antebrazo notando que no reaccionaba y sonrió sin alegría—. Felicidades.

Kylian se sentía mareado, nauseabundo, tembloroso. Abrió el papel de nuevo.

«Positivo.»

Se aferró el cabello con fuerza, frustrado, agachándose, con el miedo reverberando en su esófago.

—¡Samantha! —gritó al reaccionar y salió tras ella, pero ya no estaba en casa. Pestañeó negando una y otra vez con los ojos ardiendo pues querían derramar ese líquido que, durante más de quince años, no se había permitido derramar.

Samantha llegó agotada por la tarde, después de las clases de fútbol.

Iba sudada, con la ropa llena de barro. Le urgía una ducha, cenar algo y dormir, decidió, pero al verlo ahí, de pie junto a uno de los ventanales, su mente dejó de pensar y su pulso se incrementó.

No tenía idea de qué haría cuando le diera la noticia del bebé, pero había decidido que tampoco le importaba.

—Buenas noches, Kylian —saludó buscando parecer indiferente, pues se daba cuenta de que esa actitud la ayudaba a no pensar tanto, así que no se detuvo; sus planes continuaban siendo los mismos.

—Debemos hablar —anunció él, desde su sitio, observándola, invadido por la desazón y ternura, por la ansiedad y temor, por todo lo que esa mujer generaba en su interior.

—Me daré un baño, estoy agotada —respondió sin detenerse ignorando su petición, pero la mano de su marido en torno a su brazo, la detuvo en las escaleras.

—Nos cuidé siempre —murmuró contenido, clavada la atención en sus ojos azules que ahora parecían ajenos.

Sam se soltó de su agarre, serena.

—Los resultados dicen lo contrario.

—No era el momento.

—¿No? Esto era parte del trato. Todo va de acuerdo a lo planeado.

Kylian apretó los dientes, acercándose más. Samantha tenía esa maldita facilidad de despertarlo del letargo y aún no sabía si eso le gustaba o no, pero ocurría siempre.

La joven quiso retroceder, él lo evitó rodeando su cintura, reaccionando a ella.

—No era el momento, Samantha —insistió frustrado a escasos dos centímetros de su pecoso rostro, de su delineada y carnosa boca. Dios, hacía cuántos días no sentía su pequeño cuerpo, su piel suave, su aroma.

—No sé quién eres, ni tú lo sabes. Pero la verdad ya no importa, mi padre estará a salvo mientras yo cumpla cada punto de ese acuerdo.

Así que no lo olvides, haz bien tu parte porque ese papel es lo único que nos ata.

Ahora suéltame —ordenó quitándose de su agarre y subiendo las escaleras con rapidez para que no viera las lágrimas que empañaban su mirada.

—No es lo único —lo escuchó decir, pero no se detuvo. Ahora el bebé también los uniría.