Al límite del desastre (Hermanos Streoss 1) CAPÍTULO 46
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CAPÍTULO 46

Se observó en el espejo, asombrada por la imagen que este le devolvía.

Su cabello caía en ondas más allá de la mitad de su espalda.

El vestido era delicado, de encaje en ciertas partes, elegante y sobrio a la vez.

Su madre verificó personalmente que el maquillaje fuera el justo, aun así, ella sentía que era demasiado, pero no podía negar que el resultado era bueno; sus ojos azules se veían más azules de lo normal, su boca carnosa y delicada a la vez.

—¿Nerviosa, mi niña? —preguntó Madelene, sujetándola de los hombros, tras ella. Su madre se veía guapísima, perfecta para la gran ocasión, pero también lucía nerviosa, dudosa en realidad, aunque buscaba ocultarlo a toda costa.

Sam asintió tomando su mano, apretando sus dedos. El anillo que Kylian le dio captó su atención. Dejó salir un suspiro hondo; ojalá no se presentara , pensó de nuevo, ahogándose.

—Gracias por todo, ma —murmuró con docilidad. Madelene sintió que lloraría, pero no era el momento, así que aspiró con fuerza y la hizo girar, buscando su mirada.

—Te amo, Samantha, nada cambiará jamás eso.

Tú y tus hermanos son lo más importante en nuestra vida y esta, mi cielo, será tu casa y nosotros tu familia por siempre.

Lo sabes, ¿verdad? —preguntó pues un nudo de angustia llevaba semanas instalado en su pecho.

Veía a Sam feliz, sonriendo, aceptando cada cosa, poniendo de su parte y… y esa no era su huracán.

Sin embargo, esa desazón se diluía cuando la veía a lado de Kylian, la manera en la que estaba a su alrededor, en que lo miraba. Eso era atracción, una fiera y fuerte, pero temía que no fuera suficiente.

Londo la intentaba calmar, aunque también lucía preocupado.

Todo era muy intempestivo, pero sabían que con su hija menor, presionar, solo lograba orillarla a hacer lo contrario, por eso no habían puesto trabas para esa unión, además, ellos mismos comenzaron de una forma poco ortodoxa y serían hipócritas si intentaban enumerar los argumentos por los que una unión debía llevar un tiempo en realizarse.

Su marido había hablado con Craig finalmente con respecto a lo que pasaba con ese dinero y, por el bien de Sam, decidió darle acceso a la compañía hablándole con la verdad sobre lo que ocurría, compartiendo con Madelene la idea de que quizá hacerlo socio podría ser otra solución y tal vez incluso, podría ser un descanso, pues ninguno de sus hijos deseaba hacerse cargo de la empresa familiar y su salud no era la óptima.

Como era de esperar Kylian no lo tomó de la mejor manera, pero siendo su futuro suegro, fue evidente que buscó suavizar su reacción y solicitó que su hermana investigara dentro de Streoss Services .

Londo se había quitado un enorme peso de encima al admitir lo que ocurría, pero no le agradaba la situación en lo absoluto.

Por otro lado, Camille, no estaba de acuerdo en todo aquello y se lo había dejado ver días atrás, en los que le advirtió que él también tomaría cartas en el asunto, cosa a la que su marido terminó también accediendo, pero que no compartió con su futuro yerno pues no quería enredar todo aún más, de por sí.

Y ahí estaba, a horas de que su pequeña se casara con ese hombre que tenía una complicada situación con su esposo.

No, Madelene no creía que fuese la mejor manera de empezar, pero también entendía la ansiedad que ambos tenían por vivir lo que sentían, eso que dejaban ver cuando se estaba a su alrededor, que no podían ocultar.

Londo las esperaba abajo, nervioso, mirando una y otra vez el reloj de mano.

Camille, serio, estaba a su lado, observándolo, había llegado temprano y no se había separado de su lado.

Su hijo mayor era un hombre cabal y responsable, pero que se preocupaba mucho por desempeñar bien ese lugar que ocupaba en la familia, lo cierto es que no tenía ni una queja con respecto a él, era un apoyo importante, además de ser visionario y determinado.

Sus demás hijos también lo eran, pero no cargaban con lo que Camille sí, porque aunque no era lo que buscaba inculcarle, el propio ritmo de la vida, de la sociedad, lo fue llevando a ocupar ese lugar donde él parecía ser en quien recaía mucho de la responsabilidad del bienestar de los Streoss.

—Epa, que no es un velorio, se casa nuestra hermana —exclamó Adrien, dándole un golpe en el hombro a Camille, este volteó asintiendo. Luego chocaron las manos para saludarse y darse un abrazo.

—Te lucen los trajes, solo así te metes en uno —replicó su hermano mayor. Él sonrió con su desgarbo habitual, mirando a su padre, sonriendo.

—Por eso no me los pongo —aseguró ahora acercándose a Londo que lo recibió alegre.

—Me alegra que estén aquí —dijo su padre.

—Nos venimos juntos, ¿perdernos a Samantha impoluta?

Jamás, ya hicimos apuestas de cuanto durará blanco el vestido, o ella peinada.

Está reñido —bromeó con ligereza, los otros dos sonrieron y entonces entraron los demás hombres, haciendo alboroto, pero cuando los tacones de Madelene se escucharon todos guardaron silencio, expectantes, con la mirada fija en las escaleras que los habían visto crecer.

Ella era la primera de los Streoss que se casaba, nadie aún daba crédito.

Su madre, ataviada de forma delicada y elegante, apareció en su campo de visión, todos sonrieron, ella también, y enseguida la imagen de su hermana se fue develando, dejaron de respirar.

Ninguno pudo articular palabra hasta que esta se detuvo en el último peldaño, ladeando un poco la cabeza, nerviosa al notar su parálisis.

—¿Están dopados? —preguntó con burla. Adrien fue el primero en acercarse, se hincó frente a ella con galantería y le guiñó un ojo con frescura.

—Eres una aparición, Samy —murmuró deleitado, besando el dorso de su mano. La joven se ruborizó, negando, entonces todos se acercaron, Adrien se levantó y la rodearon, Julien comenzó a brincar haciendo sus típicos ruidos.

—Uh, uh, uh.

Los demás le siguieron y pronto los cinco brincaban a su alrededor, rebozando energía.

—¡Basta, muchachos! ¡Tenemos el tiempo justo! —gruñó Madelene, contenta de verlos así. Esos momentos la hacía feliz, sin duda.

La dejaron pasar y quedó frente a su padre, que tomó aire con fuerza abriendo los brazos, esta enseguida corrió y se escondió en su cuerpo, ansiando esa seguridad que él le daba.

—Estás hermosísima, mi amor —susurró apretándola.

—Te amo, pa —la escuchó decir, sonrió ahogando el nudo en la garganta que crecía.

—Te amo, mi niña —dijo, separándola un poco para buscar sus ojos—. Y tu familia siempre estará aquí para ti —repitió tal como su madre, en respuesta asintió.

—Gracias por todo —logró decir, buscando las manos de sus hermanos, la mirada de su madre, un abrazo cargado de desconcierto y nostalgia surgió en medio de aquel recibidor.

El recinto estaba lleno, los invitados ya estaban ahí, Sam buscaba no morderse las uñas para arruinar el brillo que le habían puesto, sin querer soltar el celular, rogando porque Kylian reaccionara a última hora. Pero no ocurría nada.

Keyra había entrado al pequeño vestíbulo para verla, lloró importándole poco el maquillaje, pero su madre la reprendió por ser tan imprudente, eso era lo común.

Madelene consiguió darles un tiempo a solas, mismo que su mejor amiga se dedicó a alabarla y parlotear sin sentido.

La realidad era que no conectaba con ese momento, se sentía sumergida en una piscina, escuchaba y veía todo tras una capa difusa.

—Ya está todo listo —anunció Madelene, entrando con Londo a un lado.

—¿Ya llegó Kylian? —quiso saber, con los ácidos reverberando en su esófago. Su madre sonrió con ternura, tomando su mano entre la suya.

—Claro, mi amor, y luce guapísimo —murmuró con picardía, sin saber que las esperanzas de su hija se hacían añicos justo en ese momento.

Samantha asintió tomando aire, sabiéndose observada por sus padres.

—Vamos, entonces —determinó con el corazón roto. Londo colocó su mano delicada sobre su antebrazo, serio.

—Nunca dejes de ser quien eres, ¿de acuerdo? Por nadie, huracán —pidió sin mirarla, mientras el fotógrafo hacía su trabajo y su esposa sonreía con los ojos anegados.

—Por nadie, pa —aceptó caminando despacio.

Kylian la vio aparecer, pasó saliva más nervioso que nunca.

Algo duro y frío rugía en su interior y si era justo, no era nuevo, aquello llevaba semanas alojado en su pecho.

Por otro lado, la ansiedad que esa pelirroja le despertaba no le parecía sana, no estaba bien dejarse llevar ni manipular de esa manera, las cosas debían seguir su cauce, estaban claras y si daba pasos a los lados, eso solo mostraría la debilidad que no quería sentir por esa mujer.

Su corazón sufrió un revés cuando la música de violín comenzó y Samantha avanzó hacia él.

No podía siquiera describirla. Era, sin duda, una mujer bellísima, de rasgos simétricos, delicados, adornados por esas pecas, una aparición vestida de aquella manera, pero lo que logró sacudirlo era la manera en la que lo miraba, ese fuego que la caracterizaba estaba de nuevo latiendo, pero no era como el de antes: de expectación, esperanza, sino oscuro, lleno de desilusión.

En ningún momento se cuestionó presentarse, no entendía esa necesidad de ella por hacerlo.

Las cosas podían marchar bien entre ellos si seguían con lo acordado.

Samantha ya era su mujer de todas maneras, podrían tener accesos a sus cuerpos ahora las veces que quisieran sin restricciones, estudiaría lo que ansiaba y seguiría con su vida, pero dándole rienda suelta al deseo, a las actividades que tanto les gustaban a los dos.

Podrían tener el mundo a sus pies, pero para ella eso no era suficiente y no comprendía la razón.

Pronto la tuvo frente a sus ojos, estrechó la mano de Londo, agradecido, y luego tomó la de ella, entre las suyas.

La joven estaba fría, la observó un tanto desconcertado, pero decidido y orgulloso de que todo estuviera saliendo tal como lo ideó, o mejor aún porque Samantha era mucho más de lo que se planteó en un inicio y, además, Kasha estaba convencida de que el fraude era planeado por un empleado de Streoss Services , solo faltaba completar las pruebas, de ser así, aceptaría la remuneración que se le propuso y se haría de acciones en la mesa directiva.

—Te ves hermosa… —susurró maravillado, dejándose llevar al sentirse exitoso, poderoso. Ella sonrió con suavidad, ladeando su bello rostro.

—Acabas de rompernos, Kylian —dijo tan bajito que solo él la escuchó. Su quijada se tensó, molesto, el significado de esas palabras recorrió su piel. Y sin darle tiempo, ella le guiñó un ojo, burlesca—. También te ves hermoso.