CAPÍTULO 24
Acomodada en un sofá bastante reconfortante en realidad, continuó con las ilustraciones que debía entregar. La empresa ya parecía sumida en la tranquilidad, quizá porque era viernes, música alternativa, dedujo que independiente, sonaba muy bajo, pero era agradable.
Tenía en frente una Coca-Cola bien fría, que él mismo le había servido mientras hablaba por teléfono, dejándoselo sobre una servilleta de papel, le guiñó un ojo y luego dirigió a unas de sus pantallas.
Lo observó mover con maestría un prototipo a escala, pero hablaba en otro idioma, parecía griego aunque no estaba segura.
Esperaba que Kylian resultara el cabrón despótico que necesitaba para odiarlo sin culpa, pero no era eso lo que iba conociendo, y eso la frustraba.
Necesitaba que aquello cambiara, que se convirtiera de repente en un patán, un cabrón pagado de sí, bueno, eso sí era, pero de esos que no pueden caer bien: un idiota sin cerebro, pero no.
Trataba con cercanía a su asistente, incluso había reído por algo que le dijo minutos atrás, cuando le ordenó que una vez llegada la comida se marchara.
Un par de colaboradores también aparecieron, le preguntaron algo y él respondió con amabilidad y aunque notoriamente era la autoridad, sí era una forma fresca de comunicarse, casi cercana.
Resopló y continuó con lo suyo, pero le costaba trabajo. La comida llegó minutos después, Lola, la asistente, dejó todo sobre las mesas exteriores.
—Yo me hago cargo, ve a descansar, avisa que me retiro en un par de horas más. Nos vemos el lunes —la despidió y le recordó un par de cosas sobre unos contratos. La mujer asintió con eficiencia, luego le sonrió a ella.
En cuanto se quedaron solos clavó la mirada de nuevo en la ilustración. Kylian se sentó a su lado, tan fresco como si fuese lo común. La joven lo miró de reojo, tensa.
—¿Lo hiciste tú? —preguntó asombrado, perdido en la pantalla del iPad.
Samantha asintió un tanto incómoda y es que las palpitaciones de su corazón no bajaban.
Quizá tenía arritmias, había escuchado eso ahora que su padre estuvo mal, meditó—.
Es buena, muy buena. ¿Es para algo de la universidad? —curioseó.
—No.
—¿Entonces? —la interrogó buscando sus ojos, pero ella lo evadía, estaba muy cerca, coño.
—Es para una editorial, una portada —dijo con sequedad.
—Vaya, para un libro infantil…
—Juvenil —le aclaró. Kylian sacudió la cabeza.
—Los tiempos han cambiado —apuntó poniéndose de pie, luego le tendió la mano—. ¿Cenamos? —propuso desafiándola con la mirada.
Samantha observó su mano, luego sus ojos. No le gustaba el calor que la recorría, así que dejó el aparato sobre el asiento y se levantó sin aceptar su gesto, luego anduvo hasta afuera.
Aún estaba fresco, pero ya era agradable. En una mesa para tres estaba dispuesta una pizza a la leña y macarrones con queso. Su estómago rugió.
—Anda, sírvete lo que quieras —le pidió él, abriendo una botella de Perrier, para enseguida servirse en un vaso que tenía hielos y ofrecerle. Aceptó enseguida. Sam tomó uno de los platos y tomó una rebanada y una porción de la pasta que lucía buenísima. Kylian hizo lo mismo enseguida.
—No puedo creer que te guste este tipo de comida —señaló deleitada, siempre necesitaba carbohidratos.
—No es mi preferida pero imaginé que sería de tu agrado. Como puedes ver, que conceda no es tan complicado.
—Vaya, pues gracias —respondió con sarcasmo, aunque sonriendo.
Sam disfrutó de la comida, estaba deliciosa, aún caliente.
Kylian le ofreció más cuando acabó su primera rebanada, ella aceptó, entonces el queso derretido se desparramó, lo intentó mantener en su sitio.
Ambos rieron, Sam lo apresó con los dedos, pronto era un desastre, entonces él tomó su mano con cuidado y pasó una servilleta por sus dedos de una forma sugerente, pero cuidadosa.
—Listo —murmuró mirándola con intensidad.
—Gracias —repuso intentando eludir la presión en el vientre, la manera en la que sus senos se endurecían porque eso no era malditamente normal.
—¿Tienes más trabajos como los de la ilustración? —se encontró preguntando, en medio de aquel momento que se cargaba de tensión sexual, y es que ya era ineludible.
—Solo esto por ahora, llevo algunas cuentas de redes que me deriva una agencia. No estoy atada a ellos, la cuenta es suya, pero yo la trabajo y me pagan por ello.
—Vaya, eso suena una buena estrategia, más hoy en día.
—Sí, somos varios trabajando con ellos, son accesibles y se puede tomar solo lo que necesitamos, además no lidiamos con los influencers de lleno, aunque las cuentas grandes las llevan ellos.
—¿Qué agencia es?
— BranLand —respondió. Kylian sonrió.
—Vaya, qué coincidencia.
—¿Coincidencia?
—Sí, las fotografías que tengo son del dueño. Vi su trabajo gracias a un amigo en común, me gustan las cosas sencillas, pero con potencia.
Sam entonces asintió estando de acuerdo, aunque nerviosa por la manera en la que lo dijo. Lo cierto es que no esperaba aquello.
—Entonces conoces a Lucien Brow —asumió intrigada, buscando un puerto seguro.
Ella aún no, pues trataba con un chico de redes que tenía un par de jefes arriba de él, antes que Brow, pero era alguien a quien varios de sus compañeros ansiaban seguirle los pasos, un tipo joven que había sabido hacerla en grande.
Poseía estrategias de marketing agresivas y poco convencionales, además contaba con diseñadores asombrosos y un equipo sólido de trabajo a pesar de llevar cinco años.
—Sí, es muy amigo de un amigo en común de Harvard.
¿Tú lo conoces? —quiso saber, interesado, porque aunque sabía que estaba con el hermano de Cris, no era imbécil, Lucien debía ser la fantasía de cualquier chica, era silencioso pero agradable, derrochaba seguridad eso siempre atraía al sexo opuesto.
De solo pensar que ella pudiese siquiera pensar en otro aunque no tuviera la menor posibilidad, algo incómodo surgió, algo que no debía ser.
—No, no he hablado con él en realidad. Lo que hago no lo revisa directamente, pero en mi ramo es alguien admirado. Sus diseñadores son asombrosos, sus estrategias.
—Sí, eso he escuchado —señaló con sequedad ante la admiración de ella por aquel trigueño al que había convencido de venderle toda una colección de fotografías que no exponía, pero que Cris, el menor de los Walker, le había mostrado en su celular una tarde en el club.
Así que él lo había llevado a aquel bar y los presentó.
Fue una conversación interesante. Cuando le preguntó sobre su trabajo fotográfico Lucien se negó a venderlo, lo hacía por pasatiempo, pero logró convencerlo puesto que negociar era algo que se le daba de manera natural.
Él quería construir su casa, era de gustos sencillos, así que le propuso hacerle el proyecto a cambio de ellas. Accedió y ambos ganaron.
—No sabía que además fuese fotógrafo —expresó para enseguida morder la rebanada.
—No se dedica a eso, pero evidentemente tiene talento en ello. Y dime, ¿tú qué otro talento tienes, además de dibujar tan bien? —preguntó cambiando de tema.
Samantha se encogió de hombros.
—Aún no lo hago taaan bien, pero me gusta eso desde siempre. Diseñar es lo que en realidad me encanta, estar frente a la pantalla en blanco y simplemente tener el poder de crear algo desde ceros —habló con pasión. Kylian asintió.
—Entiendo de lo que hablas.
—Esas maquetas… ¿Son de lugares que tú creaste? —quiso saber, sin percatarse que de nuevo bajaba las defensas.
—Sí, la mayoría aunque no solo, somos un equipo pero sí, la idea es mía.
—Son asombrosos, ¿solo haces hoteles? —quiso saber pinchando macarrones.
—Casi, centros comerciales también, pero he hecho una que otra cosa sencilla, eso es como un plus que disfruto.
—¿Tú creaste este lugar? —continuó haciendo girar su dedo índice.
—¿Te refieres a que sí hice los planos?
Ella asintió masticando.
—Sí.
—Tu penthouse no tiene nada que ver con esto —señaló con franqueza, una que comenzaba a acostumbrarse.
—No, es que esa torre no la planeé yo.
—Oh…
—Oh, ¿no te gusta? O, oh, ¿lo prefieres?
—Oh, y ya. Aunque te esperaba en el veinteavo piso de un rascacielos, la verdad.
Kylian sonrió, despacio se acercó a su rostro y ella dejó de moverse, alterándose, de repente su dedo pulgar pasó con cuidado por la comisura de su labio, comprendió que algo le quitaba y se llevó el dedo a la boca de una forma tan sensual que se encontró absorta observando el gesto.
—¿Quieres algo más? —preguntó él, educado. Ella negó, tensa—. Bien —dijo él poniéndose de pie—. Debo hacer un par de cosas más y luego te quiero enseñar algo, ¿estás de acuerdo?
—Traigo auto —se encontró diciendo, desde su lugar, nerviosa porque no tenía idea de qué podría querer enseñarle. Kylian se acercó a ella, hizo girar su silla arrastrándola por las láminas de madera y sujetó los laterales, dejando su rostro a unos cuantos centímetros.
—Samantha, tu auto no es problema —murmuró mirándola con intensidad, luego acunó su barbilla y repasó su labio inferior con su pulgar, atento, notando como ella dejaba de respirar.
No tenía idea de qué hacía, solo sabía que necesitaba probarla de nuevo así que bajó el rostro y tomó uno de sus labios entre los suyos.
La joven soltó un gemido de sorpresa, pero no se apartó, al contrario, acercó una mano a su rostro y lo aproximó más. Kylian abrió la boca y entonces la besó de verdad.