Adoración (El Amor No es lo que Parece nº 2) CAPÍTULO SEIS
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CAPÍTULO SEIS

Alexander

En menos de media semana, Liberty Rain Smith se había convertido en la mujer por la que me obsesioné.

Era inteligente, desafiante, eficiente y sexy sin esforzarse.

Quería encontrar un defecto, un defecto en esa mujer, pero todo lo que veía me gustaba.

Dediqué muchísimo tiempo contactando a mis relaciones para encontrar información sobre ella, pero nada fue suficiente para saciar mi curiosidad.

Las mujeres se desvivían para estar cerca de mí. Esta no soportaba estarlo. De hecho, estaba seguro de que me evitaba.

Miré la carpeta que tenía sobre mi escritorio. Su madre, Lily, era británica, mas ya lo sabía. Sabía más de su madre de lo que me gustaría admitir. Después de todo, ella fue la causa de la ruina de mi padre.

Sacudí la cabeza sutilmente y leí el expediente.

Lily Smith se mudó a Estados Unidos y crio a Liberty allá, y por todo lo que pude investigar, ella había tenido una infancia feliz y despreocupada.

A medida que fue creciendo, ayudó a su madre en la editorial, el negocio familiar, pero luego su madre falleció.

Ella y su hermana, la cual descubrí que era adoptada, se mudaron al otro lado del Atlántico al Reino Unido.

Ahora su hermana estaba casada, tenía un hijo y poseía su propia agencia de servicios administrativos.

Recordé lo felices que estaban todos en el restaurante; se notaba que estaban profundamente cómodos el uno con el otro. Mientras reían juntos, era como si estuvieran en su propio mundo donde solo importaba su familia. Podía ver cuánto quería Liberty al niño.

Volví a abrir su expediente y suspiré, con la mirada fija en la sección relacionada con su vida con Callen McLeod.

Los celos intensos me carcomían cada vez que pensaba en ella con otro hombre.

Había estado comprometida con Callen McLeod.

Estaba bastante seguro de que él era la razón por la que Liberty había construido un muro a su alrededor; prácticamente la dejó en el altar, confesando su infidelidad el día de la boda minutos antes de la ceremonia.

Aunque tuve que admitir que me alegré de que no fuera una mujer casada. Había visto de primera mano el daño que la infidelidad le había hecho a mi familia gracias a mi propio padre… No es que tuviera intención de llegar a eso con Liberty ni nada por el estilo.

Ella era un libro abierto con secretos a su alrededor que ni siquiera ella conocía.

—¿Qué demonios te pasa, Alexander? —Maxim entró a mi oficina sin molestarse en tocar antes. Dejó los informes de Mónaco sobre mi escritorio y se sentó.

—¿Qué quieres, Maxim?

—Estás siendo un imbécil con Liberty —acusó—. No se merece que le grites.

—Qué amable de tu parte ser su caballero —reviré. Sabía que estaba siendo innecesariamente rudo con ella. Y la naturalidad que tenía con Maxim despertó en mí una rabia inesperada.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué no te agrada? —Me miraba como si intentara entenderme—. ¿O el problema es que te gusta?

Sí, me gustaba, carajo. Quería arrastrarla a mi oficina y doblarla sobre mi escritorio. Quería ver el deseo por mí en sus ojos. Quería ver qué tonalidad tendrían mientras la hacía llegar al orgasmo una y otra y otra vez.

—Preocúpate por tu propia vida, Maxim —protesté con brusquedad, hojeando mi informe una última vez—. Y mantén tu distancia con ella.

—¿Por qué?

—Porque hace siete años fue la empresa de su madre, Liberty Publishing, a la que forzamos a cerrar.

Hacía siete años, su madre iba a empezar todo de nuevo.

No podía dejar que manchara el nombre de nuestra familia.

Así que peleé. Primero, intenté hablar con ella.

Cuando se negó, compré todas las deudas de su empresa, soborné a sus inversionistas y luego volví a visitarla.

La obligué a vender la empresa o perderlo todo.

—Ah, mierda. —La expresión de Maxim era angustiada. Sabía que esto no acabaría bien.

—Sí, mierda.

Y que nuestra familia obligara a su madre a vender la editorial apenas rascaba la superficie.

Si fuera un hombre decente, haría que Lena enviara a otra secretaria inmediatamente en vez de tentarme más con su hermana.