Epílogo 2
Cuatro años después
—¡No puedes comerte la flor, Azra! —dice mi primogénito a su hermana de dos años, que sale corriendo con un lirio blanco entre risas, mientras la niñera va detrás de ellos intentando alcanzarlos.
—Tu hijo heredó el carácter controlador de su padre —dice April desde detrás del mostrador de su floristería, que en poco tiempo se ha convertido en la más famosa de Estambul.
Ella la inauguró cuando Hamza cumplió un año y, aunque no pasa todo el día allí porque insiste en dedicar tiempo a nuestros hijos, mantiene su rutina de ir a la tienda, hablar con los clientes y revisar cómo están sus queridas flores.
Al principio me resistí un poco. No puedo olvidar que su padre estuvo involucrado con cárteles de droga mexicanos.
Estoy obsesionado con la seguridad de mi familia, así que el hecho de que April mantenga una rutina diaria me vuelve completamente paranoico. Para cualquiera que la esté observando, sería una oportunidad perfecta.
Además de los guardias de seguridad habituales que ella ya conoce, Luther dirige un pequeño ejército desde las sombras para cuidar de mi mujer y mis hijos.
Jim, mi maldito suegro, enfrenta nuevas acusaciones, así que es improbable que salga cuando cumpla los cinco años de condena, como todos pensaron al inicio.
Él nunca volvió a intentar contactar a su hija y, aunque no lo dice, sé que dentro de ella existe una pequeña grieta: April ya no tiene a nadie de su pasado.
Nosotros somos su mundo.
Hace unos seis meses, Hayden intentó manipular a una joven residente del equipo médico que lo atendía y, cuando ella no se dejó llevar por su interpretación de “buen chico”, en un arranque de furia intentó atentar contra la vida de la mujer.
Solo no la mató porque lo detuvieron a tiempo.
Mi cuñado pasó de ser interno en una clínica a convertirse en un criminal a la espera de juicio. Hablé con los abogados que estoy pagando para su defensa y me dijeron que la condena es prácticamente segura, aunque es probable que cumpla la pena en un hospital psiquiátrico.
Nada comparable al lugar donde estaba. Ya no será un paciente. Será un prisionero.
Su intento de matar a la residente me demostró que las amenazas que nos hizo años atrás, en aquella cena donde Odin lo desenmascaró, no fueron un engaño nacido de la ira. La violencia en él es real y solo espera el momento de salir a la superficie.
April recibió la noticia de lo que intentó hacer con la residente con mucha más calma de la que habría tenido años atrás.
Finalmente entendió que la condición de Hayden no es su culpa y que él nunca podrá volver a vivir entre nosotros.
Mi cuñado no representa solo un peligro para su hermana o para mis hijos, sino para toda la sociedad.
—¿Kahraman? —me llama, y solo por el tono sé que me atrapó con las manos en la masa.
Cuando estás enamorado de alguien hasta la locura, como lo estamos nosotros dos, no puedes ocultarle nada a esa persona.
Diría que, actualmente, April me conoce mejor que mi propia madre y mis hermanos.
—Controlador es mi segundo nombre, mujer —digo, respondiendo a su comentario mientras le quito de la mano la tijera que estaba usando para terminar un lazo.
La atraigo hacia mí en un abrazo firme.
—No estaba pensando en eso.
Le doy un beso en la frente.
—No.
—Dime.
—Estaba pensando que probablemente este año salga en la Forbes como el hombre más rico del mundo —digo.
Ella sonríe, negando con la cabeza.
—Odiarías ese tipo de publicidad. Tampoco era eso. Dime la verdad.
—Estaba pensando en nuestra familia —confieso, sin revelar del todo en qué sentido.
A pesar de todo, mencionar a Hayden siempre la entristece.
Veo que no me cree del todo, pero no insiste. Se pone de puntitas y me besa.
—Forbes, ¿eh?
—Soy el más rico, sin duda. El tesoro que tengo es incalculable, bitanem[40].
—¿Los tres somos incalculables? Sí, lo somos. O mejor dicho… —hace una pausa— ¿los cuatro?
—¿Uno más?
—Uno más.
—Soy el más rico, sin duda. Ningún hombre jamás podrá alcanzar mi fortuna, esposa.
¡FIN!