Capítulo 53
Luna de miel
—¿No te cansas de venir hasta aquí? —pregunto cuando entra sonriendo a la cocina de nuestra casa en Zarofu, envuelta en una toalla y con otra en la mano, secándose el cabello.
Le quito la que tiene en las manos y me encargo yo mismo de secarle el pelo.
La familia y los invitados ya se fueron hace unos días, pero pensamos quedarnos al menos diez más.
Creo que esta isla siempre será la elección de April. Ella ama este lugar.
Me siento en un banco alto cerca de la encimera y la acomodo de espaldas, entre mis piernas, mientras seco sus mechones oscuros.
Nunca voy a entender cómo consigue excitarme de esta forma. April está casi desnuda, sin maquillaje, con el cabello goteando, y aun así estoy seguro de que no existe ni existirá una mujer más hermosa que ella en mi vida.
Había salido a la ciudad porque tenía antojo de baklava[39], que es un postre común tanto en mi país como aquí en Grecia.
Había planeado una tarde tranquila de dulces, película y sexo, pero acabo de decidir que voy a invertir el orden de la programación.
—¿No? ¿Por qué? —pregunta, ajena a lo mucho que su olor a piel recién lavada me está volviendo loco. O a cómo su culo perfecto roza mi miembro sin que ella lo note.
—Podríamos ir a cualquier lugar del mundo. Conocer otras islas incluso. Esta vez ni siquiera podrías ir a la playa. El agua ya está demasiado fría en esta época del año.
Como el deseo de April era casarse aquí en la isla, tuvimos que armar toda una estrategia para lograr la ceremonia al aire libre, y aun así la fiesta terminó siendo dentro de la casa.
Ninguno de los dos quiso muchos invitados. Solo los más cercanos. Fuera de la familia, apenas unos pocos amigos, como Odin y su esposa Elina.
—Soy el tipo de persona que prefiere lo conocido —dice—. La parte aventurera de mi vida la dejo para nuestro matrimonio.
—O sea, nuestras pequeñas batallas diarias —digo.
—Son divertidas —responde.
—¿Te gusta pelear, mujer?
La siento en mi regazo y muerdo su espalda con suavidad.
—¿Cuál es la respuesta correcta para conseguir más de esto que estás haciendo?
La giro y la dejo de frente a mí.
—Suelta la toalla, April.
Por mi tono entiende perfectamente que estoy muriéndome de deseo, así que obedece sin dudar.
Me quedo fascinado mirando sus pechos. Últimamente estoy casi obsesionado con ellos, más grandes por la leche que se acumula para alimentar a nuestro hijo dentro de unos meses.
—No de pelear en sí, pero me gustan las reconciliaciones después de nuestros enfrentamientos. ¿Trajiste mi dulce?
—Sí, pero no vamos a comer comida ahora.
Ella sonríe y se acerca a la bolsa, sacando la bandeja.
—Ah, sí vamos a comer. Solo que yo tengo una idea mejor. También necesito que estés desnudo, marido. Sí quiero la baklava —dice, abriendo el paquete con una lentitud que pone a prueba todo mi autocontrol—, pero quiero comerla sobre ti.