Capítulo 45
Cinco semanas después
—Escuché tu conversación con la clienta hace un momento. Tu pronunciación ha mejorado día a día —dice mi jefa, la señora Polat, deteniéndose a mi lado.
—¿De verdad? A veces me da miedo estar insultando a alguien mientras creo que estoy diciendo “fue un placer atenderlo”.
Ella sonríe.
—No, los clientes te adoran, April, pero ahora ve a sentarte un poco. Has estado demasiado tiempo de pie durante la mañana.
—Solo terminaré este arreglo y después descansaré un poco. Gracias por recordármelo.
Pasé cinco días en reposo después de salir del hospital y, por primera vez, pensé solo en mí.
En nosotros dos, en realidad, porque todo lo que hice desde entonces fue en beneficio del hijo que estoy esperando.
Como prometió, Kahraman puso a una enfermera para que me cuidara, aunque me pareció una exageración.
También intentó ir a mi casa, pero le dije que todavía no estaba lista para hablar sobre el futuro de nuestro bebé.
A pesar de sentirme tan herida como el primer día en que me lanzó esas mentiras a la cara, en su apartamento, no tengo intención de dejarlo al margen durante el embarazo.
Dijo que le gustaría acompañarme a las consultas médicas y también estar presente desde la primera ecografía, que me haré mañana.
Las conversaciones se dan a través de mensajes, pero Hayden me dijo que él va todos los días a su oficina o lo llama, queriendo saber detalles de mi vida.
Los guardaespaldas ahora solo vienen a llevarme al trabajo y luego a traerme de regreso a casa, porque al principio se quedaban plantados en la puerta de la tienda y mi jefa dijo que estaban espantando a los clientes.
Incluso a la distancia, Kahraman sigue haciéndose presente. Me envía mensajes al menos tres veces al día para saber si desayuné, almorcé y cené.
Aunque en Grecia dijo que si yo quedaba embarazada sería una desgracia, tengo que admitir que ha estado atento a cada uno de mis movimientos, lo que me da tranquilidad, porque significa que será un padre atento para nuestro hijo.
No ha vuelto a mencionar el tema del supuesto novio, probablemente para no ponerme nerviosa.
Ayer no pude resistirme y llamé al señor Özdemir para preguntarle si Kahraman se había puesto en contacto con él para averiguar sobre la transferencia del dinero, ya que lo había autorizado por correo a hablar.
Me dijo que no, lo que me dio una pequeña esperanza de que cree en mí.
¿Y qué importa eso, tonta? Dudó de ti. Te condenó y te juzgó sin siquiera preguntarte.
Aparto esos pensamientos, porque, de lo contrario, caeré en la misma espiral de tristeza de los primeros días de nuestra separación.
Todavía no estoy lista para pensar en eso.
Ayer, para mi sorpresa, recibí una llamada de mi padre. Fue la primera vez que me llamó desde que salió de Turquía y pensé que, por fin, las cosas entre nosotros podrían empezar a calmarse.
No. Una vez más insistió en que buscara a Berat y aceptara su propuesta. Finalmente, llegué a mi límite y le conté que estoy embarazada de Kahraman, para sacarle de una vez por todas de la cabeza esa idea absurda de unirme a ese hombre que detesto.
No sé qué espera. ¿Cree que, al convertirme en su esposa, Berat, a cambio, hará algún tipo de magia y lo librará de todas las acusaciones? Ni siquiera un milagro sería capaz de lograr algo así.
Hayden me dijo que la cuestión no es si será condenado, sino por cuántos delitos.
Mi estómago gruñe y me doy cuenta de que llevo demasiado tiempo sin comer.
—Creo que voy a pasar por la cafetería, señora Polat. Tengo ganas de comer pide[33]. ¿Quiere uno también?
—Querer quiero, querida, pero mis caderas no me lo permiten. Ya no puedo subir de peso. Mi ortopedista fue muy claro con eso —dice, sonriendo.
Me contó que sufrió un accidente en la adolescencia y hasta hoy tiene dolores en los tobillos. Como está un poco por encima de su peso ideal, se le exige aún más, ya que nuestro trabajo consiste en pasar buena parte del día de pie.
—Está bien, entonces. Ya vuelvo.
Me toma un tiempo hacer el pedido, porque a esa hora la cafetería está llena.
Sonrío al ver a una madre acomodando a su bebé en el cochecito. Como no había estado en una relación antes de Kahraman, nunca me había imaginado como madre. Sin embargo, parece que ahora el instinto maternal (que ni siquiera sabía que tenía) ha despertado.
No puedo ver a un bebé sin imaginar cómo será cuando nazca el mío, dentro de unos meses.
Minutos después, salgo del lugar con la bolsa del almuerzo en la mano, ya anticipando lo delicioso que será el primer bocado, cuando alguien se detiene frente a mí.
Al principio creo que la persona venía distraída, como yo, que no estaba mirando al frente sino al suelo, pero cuando dice mi nombre, siento que la sangre se me hiela, porque reconozco la voz.
Berat Demirci.
Pensé mucho en los mensajes que Kahraman encontró en mi teléfono y llegué a la conclusión de que solo pueden haber sido puestos ahí por orden de él. ¿Quién más intentaría perjudicarme de esa forma? Hasta donde sé, no tengo enemigos.
Debió haber deducido que fue Kahraman quien me dio el dinero para pagar la deuda de Hayden.
—Sabía que no eras muy inteligente, April, pero no pensé que fueras completamente estúpida. ¿Embarazarte de un hombre que te usó y te dejó cuando podrías tenerlo todo conmigo? Si fueras mi esposa, jamás permitiría que trabajaras en una floristería de mala muerte.
Dios, mi padre no perdió el tiempo en contarle sobre el bebé. No debí decir nada. En mi intento de cerrar ese asunto de una vez por todas, terminé atrayendo la atención de ese desgraciado otra vez hacia mí.
Retrocedo, asustada por la rabia que veo en su rostro.
—Mi vida y mis decisiones no son asunto suyo.
—Ahí es donde te equivocas. Te quiero y no voy a rendirme. Fue el trato que hice con tu padre. Él recibió su parte y ahora quiero la mía.
—¿Su parte? ¿De qué está hablando? Yo no soy un objeto del que él pueda disponer. No sé en qué realidad vive, señor Demirci, pero definitivamente no es la mía. Ahora, por favor, déjeme pasar.
—Está claro que Aydin no va a hacerse cargo de ti. Si lo que querías era ser su esposa, puedes olvidarlo, pero yo tengo una solución. No voy a criar al hijo de otro hombre, pero aún estás a tiempo de deshacerte del bebé.
—¿Qué?
—Piensa en todo el lujo que puedo darte.
—No quiero lujo.
—Lo dudo. Solo apuntaste demasiado alto y ahora estás con un hijo en el vientre sin un padre que lo críe.
Empiezo a marearme y la bolsa con la comida cae de mi mano.
—Quítese de mi camino.
Él me agarra del brazo, apretándolo.
—Ven conmigo.
—No.
En mi cabeza creo que grité, pero cuando nadie a nuestro alrededor parece prestar atención, me doy cuenta de que no fue más que un susurro.
—¡No! —repito, esta vez lo más fuerte que puedo, y con un tirón logro soltarme de su agarre.
Alguien me pregunta si estoy bien, pero calculo mal el movimiento al apartarme y pierdo el equilibrio.
Siento un golpe en la parte baja de la espalda y caigo al suelo. Todo mi cuerpo duele y no consigo abrir los ojos, por más que lo intento.
No sé cuánto tiempo pasa hasta que oigo la voz de mi jefa.
—April, ¿qué ocurrió?
—Llame a mi hermano, señora Polat. Necesito que le avise a Hayden.