TILLY
Me despierto aturdida, con la cabeza palpitante y una extraña sensación entre las piernas. Intento levantar los brazos para frotarme los ojos, pero no se mueven. Confundida, parpadeo varias veces hasta que mi visión se aclara y descubro que estoy atada de nuevo a la cama de Phoenix.
Me siento desorientada y tardo un momento en recordar la intensa noche que compartimos. Mi cuerpo tiene un dolor placentero, y me muevo buscando una posición más cómoda. Entonces noto a Phoenix arrodillado entre mis piernas, con los ojos cerrados y la boca suspendida sobre mi sexo.
Debería estar escandalizada, pero una chispa de placer me atraviesa al darme cuenta de lo que está haciendo. Me está lamiendo, deleitándose con mi lugar más íntimo mientras yazgo indefensa, dormida y atada a su cama. Está mal, y aun así un escalofrío me recorre el cuerpo.
Observo cautivada cómo me lame, con la lengua acariciándome el clítoris. A pesar de mi estado mental confuso, estoy tremendamente excitada.
Un suave gemido escapa de mis labios mientras se acerca más a mi sexo, con su aliento caliente contra mi carne sensible. Estoy completamente a su merced, atada e indefensa, y ser consciente de ello solo alimenta mi deseo.
Su lengua se desliza, trazando círculos lentos y deliberados alrededor de mi clítoris. Me muerdo el labio para reprimir un quejido. El placer es eléctrico.
Abre los ojos mientras lo observo fascinada. Sonríe con suficiencia, claramente satisfecho con el efecto que causa en mí.
—Buenos días, cariño —susurra.
—Phoenix —jadeo, arqueando la espalda en busca de más de su devastadora caricia.
Se ríe con un sonido cálido e íntimo, y se sumerge de nuevo.
Su lengua me provoca, llevándome más cerca del borde.
Sé que debería estar avergonzada, atada e indefensa mientras me devora, pero no consigo que me importe.
Solo puedo concentrarme en el placer que me provoca, en cómo me vuelve loca solo con su boca.
Sus dedos se unen a la danza, deslizándose dentro de mí, estirándome y llenándome mientras su pulgar traza círculos, sumando una deliciosa fricción. Estoy al borde, tambaleándome en el precipicio, y sé que con solo un poco más de estimulación, me romperé en mil pedazos.
—Por favor —suplico con voz ronca y necesitada.
Se ríe de nuevo, y la vibración resuena contra mí mientras succiona mi clítoris. Eso me lleva al límite. Grito y mi cuerpo se arquea mientras me pierdo en la sensación. Mis caderas se mueven contra su boca, buscando más, necesitando surcar las olas de mi liberación.
Phoenix gruñe de aprobación, con las manos apretándose en mis muslos para mantenerme en mi sitio mientras me deshago.
—Eso es, nena —susurra con el aliento caliente contra mi carne sensibilizada—. Déjate llevar por mí.
Estoy flotando, descendiendo de la estratosfera a la que Phoenix me envió, cuando un débil zumbido me llena los oídos. Al principio pienso que son solo los ecos persistentes de mi clímax, pero entonces lo siento. El tráiler se está moviendo. Avanzamos lenta y constantemente.
Abro los ojos de golpe mientras la confusión y el pánico se apoderan de mí.
—¿Qué está pasando? —pregunto con voz teñida de alarma.
Phoenix levanta la cabeza con una sonrisa juguetona en los labios.
—Nos estamos moviendo. El carnaval nunca se queda mucho tiempo en el mismo sitio.
Lucho contra las ataduras, de pronto consciente de lo vulnerable que soy.
—Espera, no puedes simplemente...
Me pone un dedo en los labios.
—Shhh, tranquila, cariño. No pienso dejarte ir.
Veo mis pertenencias cuidadosamente apiladas en una esquina de su tráiler. Se me cae el alma a los pies cuando reconozco mi lámpara favorita, mi pila de videojuegos e incluso la taza que me regaló mi hermana.
—¿Qué... qué hacen mis cosas aquí?
Me desliza el pulgar por el labio inferior sin apartar los ojos de los míos.
—Tuve que drogarte, pequeña. Era la única forma de sacarte de tu casa sin que opusieras resistencia.
Lo miro fijamente, incapaz de procesar sus palabras.
—¿Me has secuestrado?
La diversión se desvanece de sus ojos, sustituida por una intensidad feroz.
—Prefiero verlo como una reubicación estratégica. Verás, Tilly, no podía soportar la idea de estar sin ti, y sabía que nunca dejarías tu vida atrás voluntariamente. Así que tuve que tomar cartas en el asunto.
Trago saliva con la garganta seca.
—¿Me has llevado contigo de gira?
Asiente con la mirada inquebrantable.
—Ahora eres mía. Y pienso mantenerte a salvo y a mi lado, pase lo que pase.
El tráiler se balancea mientras seguimos avanzando, y cada bache y vaivén me sacude el cuerpo. Las acciones de Phoenix son desquiciadas, posesivas y completamente irracionales.
—Pero... mi vida, mis amigos, mi familia —balbuceo.
Phoenix me toma la mano y se la lleva a los labios.
—Me he encargado de todo, nena. Creerán que te has ido a perseguir un nuevo sueño. Eres libre de empezar de cero conmigo a tu lado.
—Estás loco, Phoenix. ¡Suéltame! ¡Exijo que me sueltes ahora mismo! —intento sonar autoritaria, pero las palabras me salen arrastradas, con los efectos de las drogas nublándome el cerebro.
La ira destella en sus ojos.
—No estás pensando con claridad. Descansa por ahora. Hablaremos cuando vuelvas a ser tú misma.
—No, no lo entiendes —digo, luchando por pensar—. No puedo estar aquí. Mi vida, mis amigos... estarán preocupadísimos. Y mi familia, ¿qué estarán sufriendo?
—Shhh —me calma acariciándome el cabello—. Ya te lo dije, me he encargado de todo. Nadie va a venir a buscarte, Tilly. Nadie excepto yo.
—¡Pero lo harán! —insisto con la voz elevándose de desesperación—. Vendrán a buscarme. ¡No van a aceptar sin más que he desaparecido!
Aprieta la mandíbula y su mirada se endurece.
—Los he estado vigilando, Tilly. A tus amigos, a tu familia. Tuve que hacerlo, por tu seguridad y la mía. Y puedo asegurarte que no vendrán a por ti. Ya no.
Sus palabras me caen como una losa mientras me pregunto si les habrá hecho daño. —¿Qué quieres decir? ¿Qué has hecho?
Sus dedos me rozan la mejilla, sin apartar la mirada de mis ojos. —Tuve que cortar esos lazos. Era la única manera de garantizar tu protección y nuestro futuro juntos. Me aseguré de que nunca vuelvan a molestarnos.
Se me corta la respiración y mi mente se desboca imaginando horribles posibilidades. —¿Qué... qué les hiciste?
Niega con la cabeza mientras una expresión de dolor le cruza el rostro. —Descansa, Tilly. Necesitas recuperar fuerzas. Tenemos mucho de qué hablar sobre nuestra vida.
—¡No, Phoenix, dímelo! —intento soltarme, pero la cuerda no cede—. ¿Les... les hiciste daño? Dios mío, por favor, dime que no has hecho daño a mi familia.
Se estremece. —Nunca les haría daño físico, Tilly. Solo fingí tu muerte. Era necesario para protegernos.
¿Fingió mi muerte?
Mi mente da vueltas mientras intento comprender lo que dice. —¿Tú... fingiste mi muerte? ¿Creen que me han enterrado?
—Era la única manera. Llorarán tu pérdida, pero no vendrán a buscarte. Para ellos, estás muerta y enterrada. Ahora, descansa. Crearemos nuevos recuerdos, solo tú y yo.
Este psicópata ha fingido mi muerte y ha cortado todos los lazos con mis seres queridos. Para ellos, me he ido para siempre, convertida en un trágico recuerdo.
—¡No, no, no puedes hacer esto! —grito mientras me debato contra las ataduras—. Mi familia, mis amigos... ¡estarán destrozados! Tienes que dejarme volver. ¡Tienes que decirles la verdad!
Phoenix niega con la cabeza. —Lo siento, pero ya está hecho. Para que nuestro futuro funcione, tu pasado tenía que quedar atrás.
—¡Estás loco! —grito mientras las lágrimas de rabia me corren por las mejillas—. ¡Lo has arruinado todo, me has alejado de todos los que quiero! ¿Cómo has podido hacer esto?
Su rostro se endurece. —Era necesario.
Abro la boca para seguir protestando, pero una extraña somnolencia se apodera de mí. Noto las extremidades pesadas, los pensamientos confusos.
—¿Qu-qué hiciste? —balbuceo al darme cuenta de que debe de haberme drogado otra vez.
Phoenix me acaricia la mejilla con suavidad. —Shh, tranquila. Solo vas a descansar un rato. Cuando despiertes, verás las cosas con más claridad.
Intento luchar contra la oscuridad que me invade la visión, pero es inútil.
Las drogas son demasiado fuertes y me arrastran hacia un olvido profundo, sin sueños.
Lo último que veo es el rostro de Phoenix, con una expresión mezcla de preocupación y posesividad, antes de que todo se desvanezca en negro.
Me deslizo hacia un vacío, con los sentidos embotados, los pensamientos dispersos. El tiempo carece de sentido en este abismo interminable. ¿Estoy despierta? ¿Dormida? ¿Viva o muerta? La línea entre la realidad y la pesadilla se difumina hasta que ya no distingo la diferencia.