Epílogo
Acid - Un mes después
Sonrío al entrar en nuestra casa, con la mirada puesta en una foto de Perrie, Cassidy y Natalie con la tía Holly, antes de que falleciera, sobre la mesita cerca de la puerta. Me llevo dos dedos a los labios y los poso sobre la imagen de mi tía.
Canine se volvió nómada durante un tiempo después de que ella falleciera, pero afortunadamente ya ha vuelto, y justo a tiempo para ver a Piston convertirse en padre.
Holly Addie Mathews.
Es jodidamente perfecta, y lleva el nombre de su tía abuela y de un hombre que abandonó la seguridad de la caseta de vigilancia para intentar salvar a su mamá, un hombre cuyo chaleco de prospecto cuelga en la capilla.
El nacimiento de Holly ha traído algo de felicidad al club, sobre todo después de perder a la tía Holly y con Aurora aún desaparecida.
Piston no logra localizarla, joder, y Axe lleva quedándose en la sede del club últimamente, desde que el club consiguió rastrear al resto de The Killers y acabar con ellos.
En cuanto tengamos pruebas de que estuvo involucrado con ellos, es hombre muerto.
—¿Tinker? —grito al entrar en la casa, pero frunzo el ceño cuando no responde.
Me dirijo a la cocina, preocupado, hasta que me doy cuenta de que está sentada en el columpio del jardín, con la mirada perdida.
—Hola, cariño —digo al salir por la puerta, recorriéndola con la mirada.
Lleva una de mis camisas y nada más, con el pelo en ondas cayéndole por la espalda.
Joder, mi esposa está buenísima.
Me dedica una sonrisa, pero no le llega a los ojos, y me arrodillo frente a ella, cogiéndole las manos. Mi pulgar va directo a su anillo de compromiso y su alianza.
—¿Día difícil? —pregunto, y ella asiente. Frunzo el ceño y pregunto—: ¿Quieres pelear un rato?
Niega con la cabeza.
—No.
Emito un murmullo de sospecha pero asiento, y ella sonríe y me exige:
—Abrázame.
Sonrío ante eso y, como no soy de los que le niegan nada, me pongo de pie, la levanto en brazos, ocupo su sitio y la coloco de lado sobre mi regazo. Su cabeza va directa a mi cuello y aspira mi olor. Suspiro satisfecho, meciendo el columpio lentamente con el pie.
—Holly Addie Mathews —digo después de unos minutos, y Perrie se incorpora con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
—¿Nat tuvo al bebé? —pregunta con un grito ahogado, y sonrío.
—Sí, Tinker. Ha estado de parto durante dos días.
Se le abre la boca, y asiento.
—Sí, ya lo sé. Por suerte, Steal entró con Cassidy al hombro, y aunque es doctora de urgencias, trajo a Holly al mundo sin ninguna complicación, aunque Medic sí que se desmayó, lo cual fue jodidamente gracioso; se le pusieron los ojos en blanco y todo.
Sonríe.
—Son noticias increíbles, aunque lo de Medic no. Pensaba que tenía formación médica...
Se calla de golpe y espeta:
—¿Qué quieres decir con que Steal tenía a Cass al hombro?
Hago una mueca y admito:
—Sí, algo de que descubrió un secreto que ella guardaba, y Nat lo sabía pero no dijo nada por un favor que le debía. Cass intentó salir corriendo después de que naciera Holly, pero como la bebé todavía estaba en la habitación, no pudo gritar cuando Steal se la volvió a echar al hombro.
El rostro de Perrie palidece ligeramente, y levanto una ceja al ver la culpabilidad en sus ojos.
Se aclara la garganta mientras agarra mi chaleco y tartamudea:
—B-bueno, yo eh, verás. Maldita sea, no puedes enfadarte porque es mi hermana, y no me correspondía a mí contarlo, y, en mi defensa, no lo supe hasta que ella volvió...
Ah, mierda...
Suspiro.
—Suéltalo, Tinker...
Hace una mueca, pero cuando abre la boca, se abre la puerta trasera del jardín y entra Steal hecho una furia.
Joder.
—Uy —susurra Perrie, y agacho la cabeza, sabiendo que, aunque lo más probable es que ella no tenga razón, voy a tener que apoyarla y pegarle a mi presidente si le grita.
—No puedes gritarme; estoy embarazada —suelta Perrie, y levanto la cabeza de golpe, sorprendido, mientras Steal se queda paralizado al instante.
—¿Qué? —exhalo, y las lágrimas le caen por las mejillas.
No me mira, solo mantiene los ojos fijos en Steal, y declara:
—Ya de por sí es un puto lío mental. No hay terapia en el mundo que me haga entender que aborté un bebé porque sabía que no podía llevar en mi vientre al hijo de mi violador, y ahora estoy embarazada de mi marido, y todavía me siento un poco rota por dentro, y estoy aterrorizada de hacerle daño emocional a mi bebé.
Joder...
Steal camina lentamente hacia nosotros y se arrodilla, y agarro a Perrie mientras él le coge las manos.
—Cariño —susurra Steal con voz dolida, mientras mi corazón late con fuerza.
Embarazada. Vamos a tener un bebé.
Joder, ¿seré lo bastante bueno para ser padre?
Embarazada... ¡Joder!
—Le pusiste una pistola en la cabeza —solloza Perrie, y Steal se estremece—.
Ella no lo sabía entonces, pero eso no viene al caso.
Le pusiste una pistola en la cabeza después de arrastrarla del pelo, haciéndole caso a tu follamiga —joder, incluso yo me estremezco ante sus palabras esta vez, por la rabia que destilan—.
Nunca le preguntaste qué había pasado, y ahora ni siquiera yo lo sé, pero fue suficiente para destrozarla.
Le dijiste que la matarías si volvía, así que si hubiera aparecido en tu puerta y te hubiera dicho: «Estoy esperando un hijo tuyo», ¿la habrías escuchado?
Miro a Perrie en estado de shock.
¿Cass estaba embarazada?
¡Pero qué cojones!
Steal baja la mirada, avergonzado.
—¿Tuvo al bebé, Perrie? —pregunto, y ella me mira con los ojos llorosos.
—Lo tuvo —admite, y se me escapa todo el aire de golpe.
Perrie mira a Steal y dice—: Tienes que suplicar, tienes que rogar, no enfadarte.
¡La amenazaste con matarla! No puedes estar furioso porque ella mantuviera a Moira lejos de ti, por proteger a su hija del hombre que dijo que la amaba y luego le puso una pistola en la cabeza.
—Moira —susurra Steal, y los ojos de Perrie se suavizan.
—Sí, por tu madre —suspira—. Tienes que adorar el suelo que pisa, Steal, si quieres tener algo que ver con tu hija, y asegurarte de que esa zorra no se acerque a ella.
Aprieta la mandíbula y espeta:
—¿Y qué pasa con Cass, eh? ¿Y si también la quiero a ella?
Perrie se estremece.
—No lo sé. La heriste, y el hecho de que mantuvieras a Faith cerca...
Steal la interrumpe:
—¡No he tocado a Faith en años!
Alzo una ceja y él suspira, admitiendo:
—No he tocado a ninguna chica en años.
Se me abre la boca de la sorpresa mientras Perrie parpadea y Steal murmura:
—Faith quiso hacerme una mamada aquel día, como castigo para Cass, y por un segundo dejé que se arrodillara, antes de darme cuenta de por qué estaba tan cabreado.
Antes de que sus manos pudieran bajarme los vaqueros, la aparté de un empujón y la amenacé —mira a Perrie—.
Tu hermana es la última persona con la que me acosté, Perrie, pero supongo que ella no podrá decir lo mismo con el hombre que anda rondándola, ¿eh?
Perrie hace una mueca, pero dice:
—No sé quién es ese hombre, Steal, pero, de nuevo, fuiste tú quien le puso una pistola en la cabeza. Si ella ha seguido adelante, solo puedes culparte a ti mismo. Pero sinceramente, no creo que él signifique nada para ella más que un amigo.
Asiente mientras murmura:
—¿Cómo demonios vine aquí a plantarte cara y acabé siendo yo el que recibe la lección?
Sonrío con suficiencia antes de que se incline, le bese la cabeza a Perrie y susurre:
—Este bebé te va a querer con locura. Y recuerda, si pierdes el rumbo, tienes un club entero detrás de ti para volver a encaminarte.
A Perrie se le escapan las lágrimas mientras asiente, y entonces Steal me mira. Hace una mueca al ver mi ceja levantada, sabiendo que está en mi lista negra por irrumpir así, y suspira:
—Te veo en el ring por la mañana, hermano.
Asiento mientras se levanta y camina hacia la puerta, pero antes de que pueda irse, Perrie pregunta:
—¿Dónde está mi hermana?
Steal se gira con una sonrisa y admite:
—En mi casa, donde debe estar, y nuestra hija también estará allí más tarde cuando la recojamos de la guardería. No pienso dejarlas escapar, y no te preocupes, tu madre no tendrá acceso a ellas.
La madre de Perrie la ha dejado en paz, pero con Cass es otro cantar. La mujer parece creer que puede convencerla de que le entregue la mitad de su parte del dinero de la casa. Si se entera de lo de Moira, no me sorprendería que intentara alguna estupidez para que Cass acepte.
Perrie asiente y dice:
—Bueno, es un comienzo, pero recuerda que ella sabe pelear...
Steal se ríe y dice:
—Sí, pero yo también.
Sale por la puerta y vuelvo a mirar a Perrie.
Me mira de reojo y levanto una ceja antes de que suspire y pregunte:
—¿Estás enfadado conmigo?
Ladeo la cabeza y pregunto:
—¿Por soltar lo de tu embarazo delante de mi presidente o por ocultarme que tenemos una sobrina?
Me dedica una sonrisa avergonzada y suspiro, atrayéndola hacia mí.
—Deberías haberme contado lo de Moira.
—Lo siento... —susurra, pero asiento, comprensivo. Cass es su hermana, y yo habría estado obligado a contárselo a mi presidente, aunque considero a Cass parte de la familia.
—¿Y el bebé? —pregunto, y se le llenan los ojos de lágrimas.
—Ayer ya lo sospechaba. El médico confirmó que estoy de cinco semanas. Pero tengo miedo, Ol. Tengo mucho miedo —admite con un sollozo, y la atraigo hacia mí y le beso la frente.
—Yo también tengo miedo, Tinker —le admito, y ella hunde la nariz en mi cuello—. Pero podemos tener miedo juntos, y como dijo Steal, tenemos un club entero detrás de nosotros, y este bebé será muy querido.
Poso la mano sobre su vientre y me invade una sensación de plenitud. El miedo desaparece y la ilusión se apodera de mí.
—Ojalá tengamos una niña igualita a ti —susurro, y ella resopla.
—Puede que quiera pelear —responde, esbozando una sonrisa mientras me mira.
Me quedo paralizado un momento antes de negar con la cabeza.
—No, no, eso no va a pasar. Ya tengo una mujer en mi vida que pelea. Mi hija no lo hará. Si acaso, llevará vestidos rosas y organizará fiestas de té...
Perrie se ríe y sonrío al oírla antes de besarla con fuerza, metiendo la lengua en su boca. Gime y se mueve para quedar a horcajadas sobre mí, y llevo las manos a sus muslos.
Padres, vamos a ser jodidos padres...
—Te quiero —susurra contra mis labios, y sonrío, respondiendo:
—Yo también te quiero, Tinker, y te prometo que estaré contigo a cada paso, y este bebé, con todas sus tías y tíos, será adorado. Podemos con esto, tú y yo, siempre.
Asiente, con los ojos llenándosele de lágrimas otra vez, antes de besarme, y gimo mientras la rodeo con los brazos, estrechándola contra mí.
Buscar ayuda y afrontar mi pasado fue la mejor decisión que tomé.
Me devolvió a esta chica, que tiene mi corazón desde que era un crío, que me ha dado equilibrio...
que me da cinco hijos, la primera de ellos una niña que adora pelear igual que su mamá.
Y sinceramente, no lo habría cambiado por nada del mundo.