Capítulo 11
Esa noche, conseguí quedarme a solas con Danny un momento mientras Sarah estaba arriba y decidí avisarle de la conversación que nos esperaba durante la cena.
—Danny —dije, poniéndole una mano en el hombro. Estábamos en la cocina, donde Danny estaba echando una mano guardando los cacharros de la cena—. Tengo que contarte algo.
—¿Tienes más fotos picantes de Sarah para enseñarme? —sonrió, pero se puso serio al ver que no reaccionaba a su broma—. ¿Las tienes?
—Más o menos —admití—, pero hay más. Hablé antes con Sarah de que nos echaras una mano con su OnlyFans y, aunque no esperaba que aceptara, lo hizo.
—¿Sí? —Danny volvió a sonreír, ahora con más ganas—. Me encantaría echaros una mano. Suena divertido.
—Le dije que hablaría contigo esta noche del tema, pero quería avisarte antes. Ella no sabe que ya has visto sus fotos.
—Como te dije anoche, fingiré que todo esto es nuevo para mí —Danny me guiñó un ojo—. Te lo prometo. Por cierto, ¿quieres una cerveza?
Había traído un pack de cervezas a casa esa noche, así que acepté encantado una bien fresquita, y cuando Sarah bajó a reunirse con nosotros poco después, también cogió una.
—Bueno, le he preguntado a Danny si te ayudaría con tu página de OnlyFans —dije, una vez que nos acomodamos todos en el salón. Sarah y yo estábamos en el sofá donde habíamos follado antes; Danny, en el sillón de enfrente.
Sarah dio un trago a su cerveza antes de responder a lo que acababa de decir. Noté que de repente se sentía algo incómoda o nerviosa, no sabría decir cuál de las dos cosas. Al final me miró primero a mí y luego se volvió hacia Danny con lo que ahora reconocí como una sonrisa nerviosa.
—¿Qué te parece? —le preguntó, y cuando la miré, vi que contenía la respiración esperando su respuesta.
—Creo que te irá genial —Danny se encogió de hombros y cumplió su promesa de fingir sorpresa—. Tengo que admitir que me ha pillado desprevenido. No sabía que te interesara hacer algo así.
—Bueno, puede que haya muchas cosas que no sabes de mí —Sarah ladeó la cabeza y le lanzó una mirada—. A veces me gusta sorprender a la gente.
—Vale. Si lo dices en serio, claro que te ayudaré —dijo Danny, y luego se volvió hacia mí—. ¿Y tú, Sam? ¿Qué opinas?
—Si puedes hacer que sea algo anónimo —razoné en voz alta—, y que nadie pueda reconocer a Sarah a primera vista, me parece bien. El dinero nos vendrá bien, sobre todo si conseguimos ganar aunque sea una parte de lo que está ganando Abigail.
—Eso depende del tipo de contenido que tengáis pensado hacer —reflexionó Sam.
Me volví hacia Sarah para que le contara ella misma sus ideas.
—Desnudos —mi mujer se encogió de hombros y torció el gesto con algo de vergüenza—. Fotos... y quizás algunos vídeos, como Abigail, supongo.
—¿Desnudos integrales? —dijo Danny, inclinándose hacia nosotros—. ¿Tetas y coño?
Sarah asintió, mirándome de reojo, pero yo no dije nada. Me limité a dar otro trago a mi cerveza.
—Abigail hace algo de softcore con juguetes sexuales. ¿Tú harías eso? —siguió Danny.
—Tengo un par de vibradores —respondió Sarah, ruborizándose ante la confesión—. Eso sí podría hacerlo.
—¿Y más fuerte todavía? —Danny le sostuvo la mirada—. ¿Hardcore? ¿Mamadas? ¿Sexo?
Oí a Sarah respirar hondo antes de volverse hacia mí. —Eso depende de Sam. O sea, ya hemos hecho algunas fotos y esta tarde grabamos un vídeo de una mamada, así que...
Parpadeé varias veces, pillado por sorpresa ante su repentina franqueza. Había esperado que fuera mucho más reacia a hablar, que le diera vergüenza y me dejara a mí llevar el peso de la conversación.
—Si tenéis fotos y un vídeo, podemos ponernos manos a la obra —Danny nos miró a Sarah y a mí—. Ya estoy bastante puesto en esto, después de montar el de Abigail. Solo me llevará una o dos horas.
Observé a mi mujer esperando su reacción; la vi tragar saliva antes de asentir. Se removió inquieta antes de hablar, pero al final preguntó: —¿Qué necesitas?
—Vuestro portátil —sonrió Danny. Parecía muy tranquilo con todo el asunto. Me di cuenta de que el corazón me latía con fuerza. El de Sarah seguramente también—. Luego el primer lote de fotos y vídeos. Lo que queráis subir. Os enseñaré cómo se hace, para que luego podáis gestionarlo vosotros solos.
—Ay, Dios —Sarah se llevó una mano a la cara y cerró los ojos un momento—. Esto va a ser muy raro, Danny... Que me veas... desnuda y...
—No te voy a mentir, tengo ganas —se rio—, pero venga, nos conocemos desde hace mucho. Somos amigos. No pasa nada. Seré lo más profesional que pueda e intentaré no avergonzarte. Si quieres, puedes subir mientras lo hago, si así te sientes menos violenta.
Sarah hinchó los carrillos, que aún estaban algo sonrojados, y soltó el aire ruidosamente. —Sam tiene todas las fotos en el móvil. Estaré bien. Te vi la polla el otro día. Supongo que así quedamos en paz.
Danny se rio y eso pareció relajar a Sarah lo bastante para que también se riera ella.
Parte de la tensión acumulada en la habitación se disipó, pero volvió a aparecer cuando envié las fotos nuevas desde el móvil a la nube y luego las descargué en la misma carpeta que las anteriores.
También copié el vídeo, aunque me daba cierto reparo que Danny viera mi polla.
Una cosa era que viera a Sarah, pero ¿que viera mi erección y me viera correrme?
Eso era raro. «Compórtate como un hombre», me dije.
«Es tu amigo. Es solo tu polla. Si Sarah quiere hacer esto, deberías apoyarla».
—Aquí tienes —dije. Abrí la carpeta en la pantalla del portátil y me moví para que pudiera sentarse junto a Sarah a ver las fotos. Sarah me miró con expresión de «¿adónde vas?», pero la ignoré y me senté en el brazo del sofá junto a mi esposa, mientras Danny ocupaba mi lugar al otro lado.
—Vale, vamos a ver qué tenemos aquí —dijo, y colocó los dedos sobre el teclado—. ¿Estás segura, Sarah?
—Hazlo antes de que cambie de opinión —dijo ella, que evitó su mirada y mantuvo los ojos fijos en la pantalla del portátil.
Observé cómo Danny hacía clic en la primera imagen, la primera foto que le había tomado a Sarah con el conjunto de sujetador y bragas negras. —Vaya —dijo en voz baja—. Menudo cuerpo tienes.
No era la primera vez que veía las fotos de Sarah, pero fingía muy bien mientras pasaba a la siguiente imagen, y luego a la siguiente. Cuando llegó a la primera en topless, miré a Sarah, pero ella seguía con los ojos clavados en su propia imagen para evitar nuestras reacciones.
—Estas son buenas —nos dijo a modo de cumplido mientras abría la primera de Sarah completamente desnuda, mi esposa en la cama con las piernas abiertas y el coño a la vista—. Los tíos se van a volver locos con estas.
—¿Tú crees? —dijo Sarah con un hilillo de voz.
—Totalmente —Danny asintió con seguridad—. Tus tetas son fantásticas y tu coño queda genial. Me encanta que vayas depilada del todo.
—Qué vergüenza me da esto —Sarah negó con la cabeza, aunque no pudo ocultar una pequeña sonrisa—. Jamás pensé que acabaría enseñándole mis fotos desnuda al mejor amigo de mi marido.
—El confinamiento ha sido raro para todos —se rio Danny, y siguió pasando las fotos hasta llegar al segundo conjunto.
—Joder —Sarah se tapó los ojos con una mano al verse desnuda, inclinada sobre el mismo sofá en el que estábamos sentados—. Qué raro es esto. No me puedo creer que esté haciendo esto, que te deje ver estas fotos.
—Yo tampoco —respondió Danny. Me impresionó lo profesional que se estaba mostrando, y se lo agradecí: no quería que Sarah se sintiera avergonzada o incómoda—. Pero la verdad es que me siento muy honrado de que confíes tanto en mí. Significa... Significa mucho para mí.
Vaya, qué labia. No me extrañaba que Danny nunca tuviera problemas para ligar. Siempre sabía qué decir.
Vi cómo pasaba el puntero del ratón sobre el vídeo después de ver las últimas fotos de Sarah desnuda. —¿Este es el vídeo de la mamada que mencionaste? —preguntó.
—Sí —dije, consciente de que me temblaba un poco la voz.
Esperaba que no se diera cuenta. No temblaba solo de nervios, sino también de anticipación y excitación.
Lo surrealista de la situación me golpeó de lleno: estaba sentado con mi mejor amigo y mi esposa, los tres mirando juntos sus fotos desnuda, y ahora estaba a punto de dejarle ver un vídeo de ella haciéndome correr en su boca.
—Todavía no lo he visto —dijo Sarah, que por primera vez miró a Danny a los ojos—. Estoy nerviosa.
—Es solo una mamada —Danny se encogió de hombros y sonrió—. Todas las mujeres las hacen. Bueno, las buenas.
Sarah se lamió los labios nerviosa mientras él volvía a la pantalla y hacía doble clic en el vídeo. Al cabo de un momento, empezó: un primer plano del rostro de Sarah, que primero miraba a la cámara y luego cerraba los labios alrededor de la punta de mi polla y empezaba a chuparla.
Me estremecí, incapaz de creer que estaba dejando que Danny viera esto, y vi a Sarah hacer una mueca, seguramente porque sentía lo mismo.
Mi polla se veía pequeña en la pantalla comparada con la de Tony, pero nadie dijo nada.
Todos nos quedamos en silencio mientras el plano cambiaba en el momento en que dejé el teléfono en la mesita.
El ángulo más abierto quedaba mejor, sobre todo cuando Sarah se quitó la camiseta que llevaba y retomó la mamada.
—¿Te corres? —preguntó Danny, y se volvió para mirarme. Tenía una media sonrisa en la cara.
Asentí, incapaz de hablar.
—¿Dónde? —preguntó Danny.
—En mi boca —respondió Sarah con naturalidad—. Y sí, antes de que hagas la pregunta inevitable, me lo trago.
Miré a mi esposa atónito por su franqueza, aunque supuse que no tenía mucho sentido mentir. Danny estaba a punto de verlo con sus propios ojos. En el vídeo, me vi tensarme y luego empujar la cabeza de Sarah hacia abajo mientras me corría, y después me incliné hacia delante para parar el vídeo.
—Bueno, eso ha sido toda una experiencia —dijo Danny, acariciándose la barbilla mientras cerraba el vídeo y abría un navegador—. Espero que no sea inapropiado decir esto, pero tengo una erección dolorosísima después de ver eso.
Vi a Sarah echarle un vistazo a su entrepierna. Danny llevaba unos pantalones de chándal gris claro y se le marcaba la polla dura bajándole por el muslo. Era grande, como había dicho Sarah. Eso saltaba a la vista.
—¿No me crees? —dijo Danny al notar la mirada nada sutil de Sarah—. ¿Quieres que te lo demuestre?
—Te creemos —dije rápidamente, antes de que el ambiente se pusiera aún más raro y cargado—. Entonces, ¿qué viene ahora?
—Voy a ponerme con la página —respondió Danny. Sus dedos ya tecleaban, abrieron la página de OnlyFans y empezaron el proceso de «Crear una cuenta nueva»—. Vamos a poner esto en marcha, ¿vale?