Academia Oscura - Libro Tres (ACADEMIA OSCURA TRILOGÍA nº 3) Capítulo 44
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Capítulo 44

El sacrificio de Leonor

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—¡No! —Sofía se arrodilló junto a su madre, la adrenalina de la batalla desapareciendo de golpe ante la magnitud de lo que acababa de presenciar.

Leonor, pese al dolor evidente, mantuvo una calma que resultaba desconcertante incluso en ese momento extremo.

El silencio que siguió a la muerte de Leonor se sintió, para todos los presentes, distinto al silencio del miedo o de la derrota: era el silencio pesado y extraño que deja alguien que, en sus últimos minutos, decidió finalmente elegir bien.

—No puedes hacer esto —dijo Sofía, la voz quebrándose, sorprendida de la intensidad del dolor que sentía ante la posibilidad real de perder a la mujer que, apenas semanas atrás, la había descartado sin remordimiento aparente.

—Siempre estuve destinada a esto, de una forma u otra —respondió Leonor, la voz débil pero clara—. Prefiero que sea así. Protegiéndote, en lugar de usándote.

El resto del enfrentamiento se desarrolló con una urgencia renovada: Ezequiel, Tomás, Valentina y Mateo concentrando sus esfuerzos en detener definitivamente a Anselmo, aprovechando el momento de distracción genuina que el sacrificio de Leonor había generado incluso en sus propias filas.

Con una combinación de la fuerza física de Ezequiel, el conocimiento ritual de Tomás, y una intervención inesperada de Valentina, que usando los restos de su conexión residual con el linaje logró desestabilizar temporalmente el poder de Anselmo, finalmente lograron neutralizarlo, desarticulando en el proceso la estructura completa de la Orden del Heredero.

Pero para cuando el peligro inmediato había pasado, Leonor ya no tenía fuerzas para sostenerse.

—Sofía —dijo, con la voz apenas un susurro, mientras Sofía sostenía su cabeza con desesperación—. Lamento no haber sido la madre que merecías. Lamento cada decisión que tomé pensando que el poder valía más que ustedes.

—Cállate, no hables así, vas a estar bien —dijo Sofía, aunque las lágrimas que corrían por su rostro contradecían la esperanza de sus propias palabras.

—Cuídalos —dijo Leonor, su mirada moviéndose brevemente hacia Valentina y Mateo—. A los tres. Sean la familia que yo nunca supe construir.

Con esas palabras, la vida se apagó lentamente de los ojos de Leonor, dejando tras de sí un silencio pesado, cargado de un duelo complejo que Sofía no había anticipado sentir con tanta intensidad.

Lloró la pérdida de su madre con sentimientos profundamente contradictorios: dolor genuino, mezclado con la liberación de saber que, finalmente, el ciclo de manipulación generacional había quedado, definitivamente, roto.