Capítulo 42
La alianza imposible
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—¿Y por qué deberíamos creerte? —preguntó Sofía, sin bajar la guardia, la desconfianza acumulada de meses reflejándose claramente en cada palabra.
Leonor se detuvo a una distancia prudente, sin intentar acercarse más de lo necesario, consciente evidentemente de la fragilidad de la confianza que intentaba construir.
—Porque he perdido el control de la organización que ayudé a reactivar —dijo, con una honestidad que resultaba desconcertante en alguien que había construido su poder sobre capas de manipulación—.
El verdadero líder, aquel que ha estado dirigiendo todo esto desde las sombras, ya no necesita mi cooperación.
Y ahora se mueve directamente contra mis tres hijos.
—¿Tres? —repitió Mateo, la palabra saliendo con una mezcla de incredulidad y un dolor que apenas empezaba a procesar.
Mateo, escuchando la conversación entre Leonor y sus hermanas recién descubiertas, sintió que el mundo entero se reorganizaba a su alrededor una vez más, cada certeza de su vida anterior desmoronándose para dar paso a una identidad que todavía no sabía cómo habitar del todo.
—Sí. Tú también, Mateo. —Leonor lo miró directamente, algo parecido al reconocimiento genuino cruzando su expresión por primera vez—. Y prefiero perder cualquier poder que me quede antes que permitir que te controlen a ti, o a tus hermanas.
Sofía observó a su madre con una mezcla compleja de emociones: la desconfianza automática construida a lo largo de toda una vida de manipulación, entrelazada con la comprensión más profunda que había desarrollado tras conocer la historia compartida entre Leonor y el padre de Ezequiel.
Leonor, mientras el grupo terminaba de reorganizar la estrategia, se apartó un momento hacia el borde de la propiedad, y Sofía, venciendo la desconfianza acumulada de toda una vida, se acercó a hablar con ella a solas por primera vez desde el ritual.
—¿Por qué ahora? —preguntó, sin rodeos—.
¿Por qué elegir este momento para cambiar de bando?
Leonor la miró largamente antes de responder.
—Porque me di cuenta, viendo a Anselmo moverse contra ustedes tres, que llevo toda mi vida repitiendo el mismo error que cometí con tu padre: dejar que el poder decida por mí a quién protejo. Ya no quiero seguir eligiendo así.
—No confío en ti del todo —dijo Sofía finalmente—. Pero si tu objetivo real ahora es detener a algo peor que tú misma, aceptamos tu ayuda. Por el bien de todos.
Leonor asintió, y en ese gesto simple hubo algo que se acercaba, tal vez por primera vez en la vida de Sofía, a un reconocimiento auténtico entre madre e hija, sin la carga habitual de manipulación estratégica de por medio.
—El verdadero líder de la Orden —continuó Leonor— es alguien que ha permanecido oculto desde mucho antes de que cualquiera de ustedes naciera.
Alguien ligado directamente al origen mismo de todo esto, generaciones atrás.
Yo solo fui, durante todo este tiempo, una pieza más en su plan, aunque creía tener el control.
—¿Dónde está? —preguntó Ezequiel.
—Cerca. Muy cerca. Y viene hacia aquí, ahora que sabe que sus tres herederos potenciales están reunidos en un mismo lugar.
El grupo se reorganizó rápidamente, integrando a Leonor en la estrategia con una cautela evidente pero necesaria, conscientes de que el verdadero enfrentamiento final estaba a punto de comenzar.