A través de la tormenta 26 #2
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26 #2

Hasan sonrió malhumorado.

—¿Dónde irías tú si quisieras desaparecer? —Nadie respondió, así que él golpeó el mapa—. A Jordania. —La última palabra cayó pesada—. A la frontera.

Faris asintió.

—Ya estamos aumentando vigilancia en esa dirección.

—¡No lo suficiente! —gruñó Hasan—. Peinad cada wadi , cada ruina, cada elevación…

no dejéis un solo rincón sin revisar. —Se inclinó más cerca de Faris para que su voz sonase más baja y peligrosa—.

Esa mujer no puede salir del país. —Sus ojos brillaron con furia—.

Lo que vio… lo que grabó… su testimonio… no deben existir.

Faris sostuvo su mirada.

—Estamos haciendo todo lo posible.

Hasan golpeó la mesa con el puño.

—¡No es suficiente! —Los hombres se tensaron mientras el viento agitaba la lona—.

Quiero patrullas móviles sin parar —continuó—.

Drones vigilando rutas de salida y si veis cualquier rastro…

cualquier señal… —Se inclinó más aún—. La traéis viva —rugió y sus labios se curvaron en una sonrisa maquiavélica—. Yo mismo acabaré con ella.

El silencio fue absoluto, incluso el viento parecía haberse detenido. Todos allí sabían que no era una amenaza vacía, era una promesa.

Hasan no volvió a mirar a sus hombres inmediatamente, se quedó en silencio observando el mapa, pensando.

El viento movía las esquinas del papel, pero él lo sujetaba con mano firme, como si pudiera obligar al desierto a revelarle sus secretos.

—No… —murmuró finalmente.

Faris frunció el ceño.

—¿Qué?

Hasan levantó la mirada lentamente.

—No siguen el camino directo. —Los hombres intercambiaron miradas confusas. Hasan sonrió, una sonrisa fría—. Eso es lo que haría un hombre normal. Ir directo hacia Jordania. —Señaló una línea recta sobre el mapa—. Y por eso mismo ellos no lo harán.

Faris inclinó la cabeza.

—¿Crees que rodean?

—No lo creo —respondió Hasan—. Lo sé. —Se inclinó más sobre el mapa y sus dedos comenzaron a trazar líneas irregulares—.

Un equipo profesional evita rutas evidentes, evita pasos naturales, evita cualquier lugar donde yo pondría un checkpoint .

—Golpeó suavemente varios puntos—. Aquí…

aquí… y aquí. —Sus hombres lo observaban en silencio—.

Buscarán terreno roto —continuó—. Wadis secundarios, ruinas abandonadas…

lugares donde puedan desaparecer. —Faris sintió un escalofrío porque describía exactamente lo que haría un operador entrenado.

Hasan levantó la mirada hacia el horizonte oscuro—.

Eso significa que no avanzan en línea recta. Buscan cobertura constante.

Faris asintió lentamente.

—Entonces…

Hasan marcó un punto en el mapa: un wadi menos evidente, un rodeo natural demasiado cerca de la ruta real.

—Aquí.

El silencio se volvió pesado.

—Enviaré hombres ahora mismo. —Faris dudó—. Hasan… si nos dividimos demasiado…

Hasan lo interrumpió.

—No se trata de buscar en todas partes. —Señaló el mapa otra vez—. Se trata de pensar como ellos. —Hubo una pausa y sus ojos brillaron con determinación—. Y yo sé exactamente cómo piensa un soldado que intenta escapar.

El viento levantó arena alrededor del campamento y las órdenes comenzaron a darse en voz baja. Los motores arrancaron y mientras las pick-ups se preparaban para moverse Hasan sonrió ligeramente, porque por primera vez desde el derribo sentía que se estaba acercando.

El viento golpeaba la lona con ráfagas irregulares mientras Hasan permanecía inclinado sobre el mapa. Nadie hablaba ni se movía más de lo necesario.

Sabía que cuando Hasan entraba en ese silencio… estaba pensando algo peligroso.

—No siguen el camino directo —repitió finalmente, más bajo, como si lo confirmase. Señaló una línea recta hacia la frontera jordana—. Eso es lo que esperaría un hombre desesperado. —Su dedo se desvió, trazando una ruta irregular—. Pero ellos no están desesperados. Están entrenados.

Faris asintió.

—Rodean para evitar nuestros checkpoints .

—Exacto.

Hasan comenzó a marcar más puntos sobre el mapa con rapidez creciente.

— Wadis secundarios… ruinas… terreno roto.

—Se detuvo un segundo—. Se mueven de noche.

—Uno de los hombres murmuró algo afirmativo.

Hasan levantó la mirada—. Si yo estuviera allí…

sabiendo que no habrá rescate aéreo… —Golpeó suavemente el mapa—.

Intentaría cruzar la frontera en menos de cuarenta y ocho horas.

—El número quedó suspendido en el aire—.

Antes de que podamos cerrar completamente el cerco.

Faris frunció el ceño.

—¿Crees que tienen fuerzas para eso?

Hasan lo miró con desdén.

—Los soldados americanos no esperan a estar cómodos para sobrevivir.

—Se incorporó lentamente—. Ordena patrullas móviles cada veinte kilómetros hacia el este.

Rotaciones constantes. Nadie permanece quieto demasiado tiempo.

—Faris asintió y empezó a transmitir órdenes—.

Quiero vigilancia en todos los accesos naturales a Jordania.

Wadis , pasos estrechos, zonas rocosas… todo.

—Se detuvo pensando—. Y vigilad también a los americanos.

Faris lo miró.

—¿Cómo?

—Movimientos desde su base —respondió Hasan—. Si envían equipos terrestres… será porque sospechan dónde están los supervivientes. —Sus ojos brillaron—. Eso nos dará la dirección.

Uno de los hombres preguntó con cautela.

—¿Y si se esconden más tiempo?

Hasan negó lentamente.

—No pueden. La periodista es su debilidad.

—El silencio se tensó—. Si está herida… ralentiza al equipo.

Eso significa que tomarán riesgos para acortar distancia.

Si no lo está, harán rodeo para sacarla lo antes posible.

—Se acercó más a Faris, demasiado cerca—.

Los errores siempre llegan cuando el tiempo se acaba.

Faris tragó saliva.

—Peinaremos toda la zona.

Hasan levantó la mano y un silencio absoluto lo inundó todo. Luego habló. Su voz sonó más grave, más peligrosa.

—Escuchad bien. —Los hombres se tensaron—.

Esa mujer no puede salir de Siria. —Hubo una pausa—.

Cuando la encontréis… la traéis viva. —Sus labios se curvaron—.

Quiero verla comprender que no hay escapatoria.

—El viento agitó la lona con fuerza. Hasan recorrió con la mirada a cada uno de sus hombres—.

Y si pasan cuarenta y ocho horas… y ella sigue viva…

—Se inclinó hacia Faris y su voz fue apenas un susurro, aunque todos lo oyeron—.

Elegiré a uno de vosotros cada día… hasta que aparezca.

—El silencio fue total. Nadie respiraba—.

Y empezaré por el que haya fallado primero.

—Faris mantuvo la mirada fija, pero su mandíbula se tensó.

Hasan sonrió, aunque no había humor en ello—. Ahora moveos.

Los motores comenzaron a rugir y el desierto volvió a llenarse de cazadores.