22 #2
Era extraño, días atrás los había visto en la base, en la cantina, sentados con las botas cruzadas bajo la mesa, riendo bajo y compartiendo bromas que ella no siempre entendía.
Habían parecido… humanos y cercanos. Ahora eran otra cosa: movimientos precisos, miradas frías, silencios calculados…
como si hubieran dejado atrás una versión de sí mismos en cuanto el helicóptero tocó el suelo, como si cada uno de ellos fueran dos personas diferentes.
El pensamiento la golpeó con fuerza inesperada.
El piloto, el copiloto y el otro gunner habían muerto. La imagen del impacto volvió sin permiso.
Una presión se instaló en su pecho y, antes de poder evitarlo, notó cómo sus ojos se llenaban de lágrimas. Parpadeó, no quería llorar, no allí.
Miró hacia Jack. Él estaba observando el exterior, pero sabía que la veía. Siempre parecía saberlo todo. Ethan estaba cerca, revisando algo en su mochila, aunque su atención también parecía dividida.
Un tercer hombre vigilaba la entrada, inmóvil como una estatua.
Emma inspiró profundamente.
—Esto es culpa mía —susurró finalmente. Su voz sonó más frágil de lo que quería.
Jack giró la cabeza un ápice, sin dejar de vigilar el exterior.
Ethan levantó la mirada—. Mataron a Tom…
—continuó ella—. Y ahora… el piloto… el copiloto…
el gunner . —Su garganta se cerró—. Lo siento.
—Jack la observó de reojo. No había juicio en su mirada, solo atención.
Emma llevó la mano al bolsillo interior de la camisa y sacó la microSD.
La sostuvo entre los dedos, pequeña, casi insignificante—.
Me buscan por esto —murmuró—. No saben que la tengo…
pero saben que soy el testimonio de lo que ocurre aquí…
no van a permitir que salga del país con vida.
Ethan la miró seriamente, al igual que Jack, y hubo un silencio breve.
—Nosotros nos encargamos de llevarte viva hasta la frontera —susurró Jack.
No fue una promesa emocional, fue una certeza.
Ethan asintió.
—Esto no es culpa tuya —añadió con voz firme—. Es culpa de esos hijos de puta.
Emma bajó la mirada y Jack dio un paso más cerca.
—Tranquila —dijo más bajo—. Este es nuestro trabajo. Sabemos hacerlo. Confía en nosotros.
Ella levantó la cabeza y sonrió apenas un poco, con tristeza.
—Confío… —susurró—. Pero ¿hasta qué punto es justo que arriesguéis vuestras vidas por mí?
Ethan soltó una exhalación.
—Tú no decides eso —respondió con calma—. Nosotros elegimos estar aquí. Esa parte ya la decidimos hace tiempo.
Jack asintió.
—Y ahora estamos contigo —añadió—. Así que deja de cargar con cosas que no te pertenecen.
Emma sostuvo sus miradas unos segundos más. El miedo seguía allí, pero también algo parecido a alivio al escuchar sus decisiones. Se sintió acompañada, y eso era mucho en la situación en la que se encontraba.
Emma sostuvo la mirada de ambos unos segundos más, como si buscara algo que aún no sabía nombrar. Luego bajó ligeramente la cabeza.
—Gracias… —murmuró finalmente—, por no dejarme sola.
El silencio que siguió no fue incómodo, fue breve y sólido.
Ethan fue el primero en responder.
—No es nada personal —dijo, con un tono casi neutro, aunque una pequeña sonrisa suavizaba sus palabras—. Protocolo básico.
Jack soltó una exhalación corta por la nariz.
—Nunca dejamos atrás a nadie… y tú no vas a ser la excepción. —La miró unos segundos—. Contigo ni siquiera sería una opción. No pienso perderte otra vez —sentenció.
La frase sonó firme, casi automática, pero había algo más debajo, algo que no pertenecía únicamente a la disciplina militar.
Ethan sonrió de soslayo al escuchar aquellas palabras por parte de su capitán, pues estaba claro lo que entrañaban en el fondo.
Emma asintió despacio, aceptando esa respuesta tal y como venía.
Miró la pequeña tarjeta de memoria entre sus dedos y, durante un segundo, pareció dudar.
Luego la volvió a guardar en el bolsillo interior de la camisa, asegurándose de que quedaba bien oculta.
Jack siguió el movimiento sin querer y sus ojos se detuvieron en ese gesto, en lo pequeña que era esa tarjeta de memoria, en lo insignificante que parecía algo capaz de cambiarlo todo.
Un trozo de plástico negro, nada más. Sin embargo…
Habían derribado un helicóptero por ella, habían matado a hombres por ella: Tom, el piloto, el copiloto, el gunner …
Su mente reconstruyó la cadena de consecuencias con una claridad fría.
No era solo una misión de extracción, no era solo poner a salvo a una periodista, era una amenaza real para alguien con suficiente poder como para disparar misiles en pleno desierto… y eso lo cambiaba todo.
No lo dijo, no hacía falta, pero algo dentro de él se ajustó silenciosamente.
Un nivel más de alerta y una decisión más profunda.
No solo debía llevarla viva hasta la frontera, debía asegurarse de que aquello, lo que llevaba escondido contra su pecho, sobreviviera también.
Levantó la mirada hacia ella.
Emma no vio el cambio, nadie lo habría visto, pero estaba ahí y ya no iba a desaparecer.
Jack miró a Ethan y señaló hacia la puerta para que él tomase su posición. Ethan se movió rápidamente hacia él ante la atenta mirada de Emma.
Jack salió al exterior sin hacer ruido, apartando apenas una piedra suelta para no dejar rastro visible.
El aire del desierto lo golpeó de inmediato, caliente y seco, muy distinto al frescor engañoso de la madrugada.
El sol ya había ganado altura suficiente para hacer vibrar el horizonte y la luz caía sobre las ruinas sin piedad, arrancando sombras y escondites con cada minuto que pasaba.
Se detuvo junto a una formación rocosa elevada desde donde podía observar el wadi y las ondulaciones del terreno más allá. El silencio era profundo, casi irreal, roto solo por el viento y el eco lejano de algún animal invisible a los ojos.
Por primera vez desde el impacto, permitió que sus pensamientos avanzaran más allá del siguiente movimiento táctico.
Emma.
Su nombre apareció en su mente con una claridad que no había tenido tiempo de aceptar antes. No era solo el activo, no era solo la misión… la quería.
La certeza llegó sin dramatismo, sin sorpresa, como algo que había estado creciendo en silencio hasta que el desierto lo dejó sin distracciones para negarlo.
Inspiró profundamente. El calor del sol comenzaba a atravesar el chaleco pesado sobre sus hombros y con él llegó el peso real de lo que estaba ocurriendo.
La vida de Emma dependía ahora de cada decisión que tomara, cada ruta elegida, cada pausa y cada orden.
Un segundo mal calculado podía significar exposición, un movimiento en línea recta podía llevarlos directos a una emboscada, una elección equivocada sobre cuándo moverse o cuándo esperar podía convertir el desierto en una trampa sin salida. No había margen para errores, no para él.
Ya no se trataba solo de sobrevivir, se trataba de llevarla fuera de aquel lugar, de atravesar kilómetros de territorio hostil con un equipo reducido, sin comunicaciones, perseguidos por hombres que ya habían demostrado estar dispuestos a disparar misiles para detenerlos.
Y aun así, lo que más le inquietaba no era el enemigo, era la posibilidad de fallarle a ella, de tomar una decisión equivocada y verla caer por algo que él hubiera podido prever.
El pensamiento le atravesó el pecho con una precisión fría.
Miró hacia el horizonte, obligándose a regresar al presente.
Respiró una y otra vez, lentamente, intentando calmarse.
Volvió a las ruinas y ordenó a Ethan que volviese a tomar su posición.
Emma lo miró un segundo, aunque rápidamente bajó la mirada quedándose pensativa.
Jack la miró de reojo mientras volvía a tomar posición, vigilante. Ahora cada cálculo tenía un nombre y cada paso hacia la frontera era también un paso para no perderla.