A través de la tormenta 6 #2
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En la pared del fondo, una pantalla de gran tamaño se mantenía apagada, lista para proyectar mapas, imágenes o vídeos y, a su lado, un panel de control con botones y luces parpadeantes permitía manipular las comunicaciones de la base y los enlaces con satélites o drones.

Había un par de estanterías con carpetas, informes y algunos binoculares, además de mapas desplegados sobre soportes metálicos.

El coronel Harper se situó al frente, de pie, junto a la pantalla apagada, con los brazos cruzados y los ojos fijos en la puerta mientras Jack y su equipo entraban.

Jack tomó asiento en el centro de la mesa, con Mark a su derecha y Luke a su izquierda.

Alex y Daniel se sentaron en un extremo, revisando discretamente sus equipos de comunicación, y Ethan se acomodó al lado de Jack, su postura era tranquila pero alerta.

Cada uno sabía exactamente dónde debía colocarse para que todos pudieran escuchar y ver cualquier proyección.

El suboficial cerró la puerta detrás de ellos y la luz fluorescente se reflejó en los mapas y los monitores.

La sala estaba lista para el briefing , cada elemento dispuesto para maximizar la concentración, la rapidez de decisiones y la coordinación en la misión que estaba a punto de ser presentada y que mantenía a su equipo alerta.

La sala estaba en completo silencio. El coronel Harper se adelantó unos pasos mientras el oficial de inteligencia encendía la pantalla.

—Vamos a mostrarles algo importante antes de entrar en detalles —dijo Harper con la voz firme y sin levantar el tono.

El vídeo comenzó a reproducirse. La calidad era mala, la imagen temblaba y estaba iluminada de manera irregular.

En ella, Emma aparecía sentada, con el pelo despeinado, cubierta con una chaqueta gastada y un pañuelo atado al cuello.

Detrás de ella se veía un paredón de cemento y sombras de hombres armados moviéndose.

Uno de los milicianos al fondo hablaba hacia la cámara.

—Este es un aviso —pronunciaba con un acento sirio muy marcado—. La próxima vez que alguien venga a entrometerse en nuestra zona, sabrán las consecuencias. La mujer que ven aquí es estadounidense. Cuiden de que el mensaje llegue a quienes corresponda.

Emma, forzada a mirar hacia la cámara, habló con voz temblorosa pero clara:

—Por favor… escuchad lo que os están diciendo —pronunció con voz temblorosa.

El equipo de Jack quedó inmóvil.

Jack se echó hacia delante para fijarse en la mujer correctamente, sin dar crédito a lo que veía, con los ojos clavados en la pantalla y su mandíbula apretada.

Alex, con cautela, se inclinó hacia Jack.

—¿Todo bien, capi?

Jack respiró hondo intentando recomponerse y asintió sin apartar la vista de la pantalla.

—Sí… todo bien —respondió con voz firme, intentando controlar los latidos de su corazón.

Mientras el vídeo continuaba, se escuchaban los pasos de los milicianos acercándose a Emma, la cual miraba con miedo a la cámara.

—Escuchad con atención. Esta mujer está bajo nuestro control.

Exigimos el desalojo inmediato de la base estadounidense más cercana a Alepo.

No negociamos, no avisaremos dos veces. Tenéis setenta y dos horas.

Si no recibimos una respuesta afirmativa…

le cortaremos la cabeza y el mundo lo verá.

—La imagen a continuación provocó que Jack tuviese que respirar hondo para controlarse.

El secuestrador tiró del cabello de Emma hacia atrás, obligándola a alzar el rostro.

Emma jadeó con los ojos llenos de terror.

El brillo de un cuchillo apareció junto a su garganta, amenazando con cortársela—.

Setenta y dos horas —repitió despacio—. El tiempo ya ha empezado a correr.

Jack intentó controlar su respiración y calmar los sentimientos que se abrían paso en su pecho.

Se fijó en su equipo mientras el coronel volvía a iluminar toda la estancia.

Mark frunció el ceño, Luke cruzó los brazos, Ethan respiraba hondo, tratando de contener la ira y la impotencia.

Daniel apretó la mano sobre su rodilla, consciente de que la única forma de responder a esa escena era mediante acción táctica, no con palabras.

Aquellos videos siempre les afectaban, pues ahora mismo sabían que aquella mujer, Emma, solo viviría si ellos actuaban correctamente.

Cuando el vídeo terminó, la pantalla quedó en negro y un silencio pesado llenó la sala. Jack se reclinó un segundo, cerrando los ojos, antes de volver a mirar al coronel Harper. Todo el equipo entendió que, a partir de ese momento, la prioridad era clara: rescatar a la periodista a toda costa.

El coronel no habló de inmediato, dejó que el impacto se asentara. Luego avanzó un paso, apoyó ambas manos sobre la mesa y empezó, con una voz firme, comedida.

—Su nombre es Emma Carter. Ciudadana estadounidense.

Periodista independiente. El hombre que aparece en el vídeo pertenece a una milicia local con presencia activa en el este del país —continuó el coronel—.

No afiliada formalmente a ISIS, pero con vínculos operativos y rutas compartidas con varios grupos armados de la zona.

Activó el mando y apareció un mapa. Puntos rojos, líneas y zonas marcadas.

—La primera señal nos llegó hace cuatro días —prosiguió—.

Un contacto local de confianza, Khalid, reportó la desaparición de dos occidentales en Alepo, ambos periodistas.

Su última ubicación confirmada es una carpintería abandonada, utilizada como punto de espera.

Khalid activó la alarma en cuanto perdió contacto.

—El coronel cambió de diapositiva—. Veinticuatro horas después, recibimos este vídeo.

Fue enviado a través de un canal cifrado y distribuido simultáneamente a varias agencias y a un intermediario con acceso a Washington.

No es una petición económica. Es una amenaza política directa.

—Alzó la vista, recorriendo los rostros del equipo—.

Exigen el desalojo de una de nuestras bases cercanas a Alepo en setenta y dos horas, si no hay respuesta, ejecutarán a la rehén.

—Hizo una pausa breve antes de añadir—. El segundo periodista, Tom Miller, fue asesinado durante el secuestro.

Confirmado por fuentes locales, dado que se encontró su cadáver en Deir ez-Zor, en su complejo industrial.

—Se puso firme—. Creemos que la mujer sigue con vida y que se encuentra en una instalación semiurbana bajo control de esta milicia.

Se mueven rápido, pero no lejos. Necesitan visibilidad y necesitan que la veamos.

—Se enderezó—. Esto ya no es solo una amenaza.

Es un reloj en marcha, una cuenta atrás. Vamos a intervenir.

La pantalla mostró de nuevo el rostro congelado de Emma, justo antes del fundido a negro. Jack apretó los dientes. En su cabeza ya no había mapas ni cronologías, solo tiempo, y no tenían mucho para sacarla de allí con vida.

El coronel volvió a pulsar el mando. El mapa cambió de escala. La zona se centró sobre el este de Deir ez-Zor, un entramado de barrios dañados, polígonos abandonados y edificios industriales a medio derruir.