18 Tomaré la mitad
El nido estaba instalado en una casa abandonada, rodeada de bosque por ambos lados. Había vecinos, pero lo bastante lejos como para que probablemente no oyesen unos gritos.
El sol se había puesto hacía unos treinta minutos, por eso Foxx estaba agazapado detrás de unos árboles, mirando fijamente la casa.
Estaban a buena distancia, pero con la vista mejorada de Foxx podía verla a la perfección.
Harlow, en cambio, miraba a través de unos binoculares pequeños que había sacado del bolsillo interior de su chaqueta.
Foxx no pudo evitar fulminar con la mirada la casa victoriana de tres plantas.
La pintura era más marrón que el verde claro que debería haber sido.
Estaba sucia y asquerosa. El jardín estaba lleno de maleza, y el tejado…
parecía a minutos de venirse abajo. ¿Por qué mierda esos idiotas tenían que ser tan cliché con la ubicación de sus nidos?
—¿Están todos? —preguntó Harlow.
Foxx se quedó mirando, dejando que uno de los escudos que usaba para parecer más humano se desvaneciera.
Escuchó, los latidos llegaban hasta él. El corazón de un vampiro late a un ritmo más lento que el de un humano.
Lo suficiente como para que, si no supiera que la persona era un vampiro, uno podría pensar que tenía algún problema médico.
Había sido incómodo cuando intentaba ocultarse entre ellos, pero conveniente para distinguir a los de su especie.
Contando a cada uno, le dedicó una sonrisa a Harlow.
—Todos. Veinte en total. Dudo que alguien haya tenido tiempo de escaparse todavía.
Era un misterio que algunos vampiros, pese a la invención de los trajes solares, siguieran negándose siquiera a intentar salir de día.
—Bien, entonces no deberíamos tener que rastrear a alguien más tarde.
Foxx se puso en pie.
—¿Nos ponemos micrófonos? Quiero decir, nos los dieron por algo… y nos vamos a separar.
Harlow se lo quedó mirando.
—¿Es realmente necesario?
Foxx lo pensó un momento y decidió rápido que la situación no era tan grave.
—Vale, nada de micrófono ni auricular. Voy a entrar ahora. Me encargaré de la mitad para ponértelo fácil. —Foxx le lanzó a Harlow una sonrisa coqueta.
Harlow frunció el ceño y apretó los labios. Miraba a Foxx como si dudara de que pudiera hacerlo. Eso le dio ganas de matarlos a todos antes de que el tipo pusiera un pie dentro. Pero eso delataría demasiado su edad.
—Vale… mientras estés allí, levantaré la barrera de fuego para que no tengamos que hacerlo después.
La barrera estaría hecha de ceniza de madera negra imbuida con magia. Hechicería de brujas. Básicamente impediría que el fuego se propagase más allá de la barrera. Una vez que las llamas la alcanzaran, también se apagarían.
Foxx nunca entendería cómo los cazadores originales pensaban que las brujas estaban bien y que todos los demás paranormales eran malvados.
Con todo lo que había visto a las brujas hacer en los siglos que había vivido…
Claro, las brujas seguían siendo humanas, así que Foxx supuso que eso marcaba la diferencia en la mente de los cazadores originales.
—Me encargaré de la mitad —dijo Foxx casi a la defensiva.
—Solo necesito que mates a unos cuantos, quizá que causes un alboroto para confundirlos, y luego entro yo y termino con el resto.
—Sí, sí.
Lo miró indignado y luego echó a correr a toda velocidad hacia la casa.
Ni siquiera se detuvo al salir al claro que rodeaba el edificio.
A mitad del jardín, saltó hacia una de las grandes ventanas del segundo piso.
Por suerte, no se rompió bajo su peso. Agazapado y equilibrado en el alféizar, dejó crecer sus uñas.
Metiéndolas por debajo de la ventana, cortó la suciedad y la cerradura.
Deslizándola en silencio, entró. La habitación a la que accedió estaba oscura.
Nadie estaba dentro… pero alguien estaba cerca.
Sonriendo con malicia, avanzó sigilosamente. Mientras lo hacía, Foxx proyectó una niebla mental a su alrededor. Era un truco, un simple truco mental que no funcionaría con la mayoría de los paranormales de más edad… pero los jóvenes no tenían ninguna posibilidad de verlo.
Giró la manija de la puerta y la empujó. Crujió al abrirse de par en par. El vampiro, que casualmente pasaba por allí, se quedó paralizado en el umbral, con el ceño fruncido. Estaba confuso, ya que obviamente no notaba nada.
Foxx, en cambio, percibía demasiado, pues había abierto sus sentidos a cosas que normalmente ignoraba.
Respirando profundamente, arrugó la nariz ante el olor a muerte que despedía aquel joven.
No había duda de que ese joven había participado en los asesinatos de los que este grupo era acusado.
El olor a muerte era intenso, le decía que ese vampiro había matado a alguien la noche anterior.
Bien, eso le facilitaba mucho las cosas. No tenía reparos en matar a quienes asesinaran a otros sin motivo.
Foxx retrocedió mientras el vampiro entraba a investigar la habitación. Observó el rostro del hombre, identificándolo rápidamente como Ron Desti, uno de los vampiros en la lista.
Siguió los movimientos de Ron, esperando el momento adecuado.
Cuando el joven vampiro se dio la vuelta para marcharse, Foxx atacó.
Se abalanzó hacia él, dejando caer la niebla al hacerlo.
Con las garras, agarró el cráneo del hombre y le dio un rápido giro, partiéndole el cuello y girándole la cabeza por completo para mirarlo.
A medida que las articulaciones y los huesos crujían y se separaban, Foxx sonrió ampliamente ante los ojos del vampiro, sorprendidos y llenos de dolor.
Se mantuvo impasible mientras la sangre brotaba de la boca del otro, salpicándole la cara y la ropa.
Foxx chasqueó la lengua.
—¿De verdad pensabas que podrías seguir como hasta ahora?
El vampiro emitió un gorgoteo. Foxx le arrancó la cabeza y la tiró mientras más sangre lo bañaba y el cuerpo caía casi de forma dramática.
Foxx suspiró. Eso fue un poco divertido, pero podría haber sido más entretenido. Quizá al siguiente dejaría que uno le ofreciera resistencia. Bueno, tendría que hacerlo en algún momento. No puedes causar un alboroto si haces las cosas en silencio.
Foxx dio saltitos por el pasillo, emocionado de poder provocar caos. Sin esconderse, encontró al siguiente vampiro rápidamente.
—¿Por qué cojones haces tanto ruido tan temprano? —el hombre salió gruñendo, deteniéndose al ver a Foxx.
—¡Hola! —Foxx sonrió dulcemente—. Tú eres… Jordy Spat. Sí, eso es. ¿Quieres jugar?
—¿Quién mierda eres?
La sonrisa de Foxx se tornó malvada.
—Tu verdugo. —Avanzó sin darle tiempo a responder, embistiéndolo contra la pared. Lo sujetó por el cuello. Foxx tuvo que levitar un poco, pues el otro le llevaba varios centímetros.
El vampiro pateó, arañando la mano que tenía alrededor de su garganta, sus uñas clavándose en la carne de la muñeca y la mano de Foxx, pero él apenas lo notó.
—Esfuérzate más —ronroneó Foxx.
El vampiro lo hizo, pero no consiguió nada.
Foxx suspiró.
—Aburrido. —Lo soltó, pero antes de que tuviera tiempo de recuperarse, dejó crecer una de sus uñas y le atravesó el cuello a Jordy con ella, cercenándole la cabeza.
Sangre caliente le salpicó la cara y le bajó por el suéter, mientras la cabeza golpeaba el suelo con un sonido nauseabundo y rodaba por el suelo hasta quedar apoyada contra la pared.
—Dos menos, quedan ocho —tarareó mientras veía caer el cuerpo. Se agachó y usó un poco de la camiseta del hombre para limpiarse la cara.
Harlow se puso en pie cuando los gritos rompieron el aire.
—Supongo que llega mi turno —dijo en voz alta.
Avanzando rápidamente hacia la casa, sus ojos se agrandaron al oír súplicas y gritos unirse a los chillidos de terror. ¿Qué coño estaba haciendo Foxx?
Caminando a paso ligero, Harlow llegó a la puerta principal en minutos. Y con un movimiento practicado, la pateó. Al abrirse con estruendo, los residentes apenas le prestaron atención a Harlow. Sus ojos se abrieron más al ver lo que había dentro.
Había un vampiro gritando con todas sus fuerzas, agarrando una cabeza desprendida.
Unos cuantos cuerpos decapitados y sangrientos estaban en el suelo.
Dos vampiros permanecían junto al que gritaba, con cara de sorpresa.
Pero el verdadero circo era… Foxx corriendo detrás de ocho personas con sus pistolas de agua.
La ropa brillante que llevaba ahora estaba cubierta de sangre, manchas amarillas se asomaban entre el rojo.
Era como una imagen sacada de una película de terror.
Foxx sonreía ampliamente, mostrando un colmillo, hoyuelos y pecas, completamente despreocupado, como si no estuviera cubierto de sangre, con la cara y la mano manchadas y salpicadas por un chorro de sangre arterial.
Definitivamente había sido buena idea el haber puesto las fundas para los asientos…
—¡No duele tanto, llorones! —gritó Foxx mientras los seguía, rociándolos de vez en cuando con agua bendita.
—¡Aléjate, demonio! —gritó uno de los vampiros.
Uno de los hombres que había estado de pie miró a Harlow, echó un vistazo rápido a Foxx y luego de nuevo a Harlow, con mil preguntas en los ojos. Harlow se encogió de hombros. Nop, no tenía respuestas sobre la locura de Foxx.
Sacando su pistola, Harlow disparó una bala al techo.
El ruido hizo que todos se quedaran paralizados. Bueno, el grupo de ocho se congeló antes de retroceder y ponerse a cierta distancia de Foxx.
Foxx se giró hacia él, su sonrisa seguía en su sitio.
—¡Oh, Harlow! Has llegado.
—¿Qué coño estás haciendo?
—Me dijiste que montara un alboroto —señaló Foxx.
Harlow asintió.
—Cierto, dije eso… —Probablemente debería haber empezado a dispararles, pero se había quedado tan inquieto por lo que había visto… necesitaba una explicación.
Harlow no tuvo tiempo de decir mucho más, porque aparentemente el breve momento de calma bastó para que esos idiotas recuperaran el valor y atacaran en masa.
—¡He matado a mis diez! —oyó a Foxx gritar mientras caía bajo tres vampiros.
Dos le mordían los brazos, mientras el de delante lo arañaba.
Apuntando con la pistola al pecho del de delante, disparó rápido antes de sacar un cuchillo de la funda en su antebrazo derecho y clavárselo en el cráneo al que tenía enganchado al antebrazo izquierdo.
Esbozó una sonrisa satisfecha mientras el vampiro al que disparó se tambaleaba con un chillido agudo, y el que apuñaló se desplomaba.
Las balas que llevaba en su arma estaban cargadas de agua bendita.
Al impactar, los casquillos estallaban, dispersando el líquido.
Ninguno moriría por las heridas, pero quedarían lo suficientemente incapacitados como para que atacar fuese difícil. Al que apuñaló, sus movimientos y acciones se verían entorpecidos.
El tercero retrocedió, probablemente intentando evitar un destino similar. Pero no sirvió de nada. Sin dudarlo, lo derribó y se lanzó sobre él. Sacando la espada corta de la funda en su espalda, la descargó con rapidez, seccionando la cabeza del hombre.
A Harlow lo sujetaron por detrás y gruñó al verse estrellado contra la pared. Se golpeó con fuerza la cabeza y cayó al suelo con un golpe seco. La cabeza le latía y se sentía algo aturdido. Parpadeó confuso al ver a Foxx sentado en un pequeño rincón, observando con una sonrisa. ¿Qué coño?
Los siete vampiros aún enteros se lanzaron sobre él entonces, pues aparentemente ninguno tuvo el valor de atacar a Foxx. Gracias a Dios por las pistolas, pensó, y disparó a tres de ellos en la cabeza mientras los otros forcejeaban con él.
Le llevó unos buenos treinta minutos dejar a todos fuera de combate. Foxx no se había lanzado de lleno a la pelea, pero le había arrancado a unos cuantos de encima alguna que otra vez.
Al final, Harlow tuvo que decapitar al último vampiro con un cuchillo, tras haber perdido la espada hacía rato.
Cuando el cuchillo por fin lo atravesó, Harlow dejó escapar un suspiro mientras se sentaba en el suelo cubierto de barro para tomar aire.
Estaba cubierto de sangre, le dolía la cabeza y el cuerpo le dolía incluso más que antes de entrar en esa pelea.
Un silbido y varios aplausos rompieron el silencio.
—Bien hecho, bien hecho. ¡Por la Diosa, eso ha sido caliente! —dijo Foxx con voz ronca al acercarse.
Harlow arqueó un poco la ceja al notar el bulto que tenía a la altura de los ojos. Foxx… al parecer no había mentido sobre que la violencia le excitaba…
—¿Te divertiste viéndolo? —dijo Harlow arrastrando las palabras.
—Sí. —Foxx soltó una risita.
—¿No pensaste en matar a unos cuantos más?
—Oh, no necesitabas la ayuda de este pobrecito, ¿no? ¿No se suponía que vendrías a acabar con el resto? —el vampiro comentó con dulzura.
Él lo miró con rabia.
—Me mentiste sobre tu jodida edad.
Foxx parpadeó varias veces.
—Es de mala educación especular sobre la edad de alguien.
—Entonces voy a dejar de especular. ¿Cuántos años tienes en realidad?
—Es de mala educación preguntar la edad de alguien —exclamó Foxx con falso escándalo.
—No eres mujer. Eso no aplica. —Con un gruñido, Harlow se incorporó forzosamente. Dio un paso tambaleante mientras la cabeza le daba vueltas.
—Mujer o no, ¡sigue siendo de mala educación! —dijo Foxx mientras alzaba las manos para sujetar a Harlow.
Él apartó al vampiro con un gesto.
—Sigues siendo un mentiroso y le mentiste al gobierno sobre tu edad.
—Me acojo a la quinta enmienda.
Harlow resopló.
—Quememos esta mierda y vayámonos a casa.
—¡Voy por el acelerante! —Foxx casi saltó alejándose.
Habría negado con exasperación… pero le dolía demasiado. Suspirando, se quedó allí y esperó.