Capítulo 76 — La libertad del Loro
Después de cumplir la condena argentina, el Loro recuperó la libertad. Las fuentes públicas consultadas no permitían fijar con seguridad el día exacto; sí dejaban una conclusión: el pedido uruguayo no había producido su regreso.
Durante un tiempo, algunas autoridades llegaron a creer que estaba muerto o que había desaparecido dentro del mundo criminal argentino. La suposición era cómoda. Un prófugo sin movimientos visibles deja de competir por recursos con las amenazas del día.
Ausencia de información nunca fue prueba de muerte.
Años después, la prensa y fuentes policiales volvieron a asociar su nombre con asaltos en Uruguay: una sucursal bancaria, peajes, una remesa y armas. Eran hipótesis de investigación, no una lista de condenas. La repetición mediática no debía transformar sospechas en hechos probados.
Lo comprobable bastaba para producir tensión. Después de una condena en Argentina y de una extradición que no se efectuó, el hombre requerido por Uruguay estaba otra vez libre.
Ferraro ya no tenía autoridad operativa en el país. Su carrera policial uruguaya concluyó formalmente en 2011 y continuó en África y en operaciones de paz. Desde la distancia seguía las noticias mediante antiguos compañeros, portales e informes accesibles.
Nunca entrevistó al Loro. En ocasiones imaginó qué le preguntaría si alguna vez se encontraban: cuánto de Brasil había sucedido como lo contaban las fuentes, qué parte había construido para justificar su regreso y cuándo comprendió que Alazari lo había dejado atrás.
Sabía que no recibiría una respuesta limpia. El Loro había sobrevivido mediante nombres y versiones. Una verdad completa podía ser más peligrosa que otra condena.
La libertad no borró Devoto. Añadió otra puerta a la lista.
El Loro volvió a desaparecer. Reaparecería en 2019 bajo un nombre distinto.