A las Dos de la Mañana Capítulo 74 — El nombre Abergil
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Capítulo 74 — El nombre Abergil

Años después, los fragmentos que Interpol había recibido adquirieron forma judicial. Documentos estadounidenses describieron una organización criminal con alcance internacional, dirigida por Itzhak Abergil y vinculada a extorsiones, lavado, homicidio y tráfico de éxtasis.

Ese marco permitía comprender por qué el nombre provocaba atención. No autorizaba a adjudicar a Alazari cada delito de la organización. Las relaciones criminales pueden ser comerciales, temporales o indirectas. La precisión impedía convertir la sospecha en acusación sin prueba.

Algunas publicaciones presentaban a Alazari como antiguo hombre importante de la banda o responsable de operaciones especiales. Otras lo describían como enlace entre la organización israelí, redes rusas y operadores brasileños. El lenguaje periodístico variaba y debía conservarse como atribución.

Ferraro pensó en la seguridad con que Alazari hablaba dentro del blindado. Un millón por cada custodio. La cifra ya no parecía únicamente una provocación cuando se la colocaba junto a organizaciones capaces de mover grandes cantidades de drogas y dinero entre continentes.

Aun así, la capacidad no garantizaba disponibilidad. Nadie mostró ocho millones esperando en 18 de Julio. Los montos incautados después de la fuga fueron muy inferiores. La oferta podía haber sido seria y, al mismo tiempo, imposible de ejecutar de la manera prometida.

El poder de Alazari residía también en convencer a otros de que el dinero existía.

Un funcionario corrupto no necesita ver toda la fortuna; necesita creer que el primer pago conduce al resto.

La reconstrucción oficial habló de cien mil dólares y los procedimientos de Libertad y Kiyú permitieron recuperar sumas que, consideradas en conjunto, se acercaban a esa cifra.

La organización Abergil ofrecía un fondo real a la reputación. Éxtasis, préstamos usurarios, extorsión y violencia no eran decorado de novela. Formaban parte de acusaciones y condenas públicas. Alazari podía utilizar esa cercanía para negociar incluso cuando su papel exacto no estuviera claro.

La duda sobre el Mossad adquiría otra dimensión. Si había trabajado para inteligencia, podía haber conocido métodos, contactos o coberturas. Si no había trabajado, la historia seguía siendo una herramienta eficaz para presentarse como alguien protegido y capaz de anticipar a la policía.

Ferraro nunca obtuvo la prueba definitiva.

Con los años dejó de buscar una respuesta binaria.

Los informantes, agentes y delincuentes pueden cambiar de función.

Una colaboración ocasional no convierte toda una vida criminal en misión oficial, del mismo modo que una mentira no vuelve falsos todos los detalles.

La incomodidad permanecía. Había demasiadas coincidencias para descartar la versión con una risa y demasiadas contradicciones para aceptarla como revelación.

El nombre Abergil no resolvería el misterio. Explicaría por qué Estados Unidos perseguía una estructura y no únicamente a un hombre que discutió en un casino uruguayo.

Washington había emitido acusaciones federales, Israel había extraditado integrantes de la familia y Brasil investigaba sus posibles vínculos locales. Montevideo, sin proponérselo, había detenido durante un incidente menor a una persona situada en el cruce de esas rutas.

Ferraro recordó el primer silencio al teléfono cuando respondió porque acabamos de arrestarlo. Años después comprendía mejor aquella pausa. El operador del otro lado no reaccionaba únicamente a un nombre. Veía encenderse un punto inesperado dentro de un mapa internacional.

La Seccional Décima había encontrado ese punto porque pidió huellas. Todo lo demás comenzó con tinta, paciencia y una pregunta bien formulada.