Capítulo 12. La mañana después
Marcos le preparó tostadas. Las quemó.
—Arquitecto brillante —dijo Clara.
—Editora exigente.
—No soy editora.
—Todavía.
El optimismo de él le dolió más que cualquier insulto. Clara no quería que alguien creyera en ella cuando ella misma todavía no podía hacerlo.
Marcos no insistió. Solo puso delante de ella la tostada menos quemada.