Capítulo 6 El nombre falso de Nathan #3
Vivía en una pequeña casa en Gloucester, cerca del mar. Elena no la veía con frecuencia. Nathan nunca la había soportado demasiado. Decía que Clara era “demasiado desconfiada” y que hacía preguntas incómodas.
Elena, en los últimos años, había permitido que la distancia creciera.
Ahora entendía que quizá Nathan la había empujado suavemente hacia esa distancia.
—Tengo una tía —dijo.
Daniela la miró.
—¿Nathan la conoce?
—Sabe que existe. Pero no tenemos mucha relación.
—Eso puede ser bueno.
—No sé si puedo meterla en esto.
Daniela soltó una risa amarga.
—Elena, esto ya está dentro de todo lo que usted ama. La pregunta no es a quién mete. La pregunta es quién todavía puede ayudar antes de que sea tarde.
Elena asintió.
Usó el teléfono de Daniela para llamar a Marta.
Contestó rápido.
—Estamos fuera de la biblioteca —dijo Marta—. Cambiamos de lugar. Evan está conmigo.
Elena dejó salir el aire.
—Necesito que vayas a Gloucester. A casa de mi tía Clara.
—Dame la dirección.
Elena se la dio de memoria.
Marta no preguntó nada más.
—Nos moveremos ahora.
—No uses autopista directa.
—Ya entendí cómo se juega este juego horrible.
—Marta, dile a Evan que…
La voz se le quebró.
Marta suavizó el tono.
—Le diré que su mamá va a encontrarlo pronto.
Elena cerró los ojos.
—Gracias.
—Elena.
—Sí.
—No tardes demasiado en volver a ser su mundo.
La llamada terminó.
Elena se quedó mirando la oscuridad al otro lado de la ventana.
No tardes demasiado en volver a ser su mundo.
Eso era lo que Nathan había intentado arrebatarle.
No solo la vida.
No solo el dinero.
No solo la verdad.
Quería convertirla en una historia que Evan recordara con miedo, confusión o vergüenza.
Una madre inestable.
Una madre culpable.
Una madre ausente.
Elena no lo permitiría.
Daniela condujo por calles secundarias. La noche se espesaba. Las luces de la ciudad aparecían y desaparecían entre los árboles. Elena revisó la cámara. El archivo estaba allí. La grabación había durado casi siete minutos.
No la reprodujo completa.
Solo unos segundos.
La voz de Nathan se escuchaba baja, pero clara:
“La identidad Harper ya no sirve.”
Elena cerró los ojos.
Esa frase era una llave.
No abría una puerta física.
Abría la mentira.
—Con esto podemos ir a la policía —dijo Daniela.
Elena asintió lentamente.
—Sí. Pero no con cualquier policía.
—¿Tiene a alguien?
Elena pensó en todos los rostros de su vida. Vecinos. Padres de la escuela. Antiguos compañeros. Nadie parecía suficiente.
Entonces recordó un nombre de los archivos de Nathan.
No uno marcado como aliado.
Uno marcado como problema.
En la carpeta E.H. había visto una lista de personas relacionadas con su familia. Una de ellas estaba subrayada en rojo:
Detective Rafael Moreno — Unidad de Delitos Especiales. Evitar contacto.
En ese momento no había entendido por qué aparecía allí.
Ahora sí.
—Nathan tiene miedo de un detective —dijo Elena.
Daniela la miró de reojo.
—Entonces ese es el hombre que necesitamos.
—Rafael Moreno.
Daniela frenó un poco.
—Conozco ese nombre.
—¿Por Lucas?
—Investigó el caso al principio. Lo apartaron después de insistir demasiado.
Elena sintió que una pieza más encajaba.
—Nathan lo tenía marcado en sus archivos.
—Entonces Moreno vio algo.
—Y quizá todavía está esperando una prueba.
Daniela apretó el volante.
—Tenemos una prueba.
Elena sostuvo la cámara.
—Tenemos el principio de una prueba.
En ese momento, el teléfono de Daniela vibró.
Un número desconocido.
Daniela y Elena se miraron.
No contestaron.
El teléfono dejó de sonar.
Luego llegó un mensaje.
Daniela lo abrió.
Solo decía:
“No lleves a Elena con Moreno. Él también perdió.”
Daniela palideció.
Elena sintió que el estómago se le cerraba.
Nathan sabía.
Otra vez.
Sabía que estaban juntas.
Sabía que pensaban en el detective.
O quizá no lo sabía. Quizá solo conocía todos los caminos probables y había dejado mensajes esperando en cada uno.
Ese era el verdadero terror de Nathan.
No necesitaba estar delante.
Había construido tantas posibilidades que parecía adelantarse incluso cuando improvisaban.
Elena miró la carretera.
—Siga conduciendo.
—¿A dónde?
Elena apretó la cámara con fuerza.
—A un lugar con gente, cámaras y salida trasera. Luego buscaremos a Moreno desde allí.
Daniela asintió.
—¿Y si es una trampa?
Elena miró el mensaje otra vez.
Él también perdió.
Quizá lo era.
Quizá todo lo era.
Pero una cosa había cambiado.
Elena ya no buscaba al esposo que había perdido.
Ahora buscaba al enemigo que había usado su apellido.
Nathan Harper era una tumba vacía.
Héctor Vale era una máscara.
Y el hombre sin nombre real había cometido el error de creer que, al quitarle la verdad a Elena, la dejaría sin suelo.
Pero la verdad, incluso terrible, le había dado algo nuevo.
Dirección.
Evan estaba vivo.
Marta lo llevaba hacia Clara.
Daniela estaba a su lado.
Había una grabación.
Había un detective que Nathan quería evitar.
Y por primera vez desde que encontró la llave en la chaqueta, Elena no sintió que caminaba dentro del plan de Nathan.
Sintió que empezaba a escribir una versión que él no había previsto.
La carretera se abrió frente a ellas, oscura y fría.
Detrás quedaba la casa de la puerta roja.
Dentro, una mochila pequeña seguía esperando a una madre desesperada.
Pero Elena ya no iba a entrar por las puertas que Nathan le abría.
Iba a encontrar las que él había cerrado con más miedo.