Capítulo 31 — Dudas de última hora
(Presente — Juliana)
La noche antes de que Alejandro llegara con sus maletas, me entró un pánico repentino que no había anticipado, un miedo frío que me despertó a las tres de la madrugada con el corazón acelerado.
¿Y si esto es demasiado rápido? ¿Y si estamos repitiendo el mismo error, solo que con una velocidad distinta esta vez?
Lo llamé, incapaz de contener la ansiedad hasta la mañana.
—¿Estás segura de esto? —le pregunté, sin preámbulo alguno, en cuanto contestó, con la voz pastosa de quien acaba de despertarse—. ¿No es demasiado precipitado que te mudes así, tan rápido, solo unas semanas después de reencontrarnos?
Hubo un silencio del otro lado, no de duda, sino de alguien procesando cuidadosamente cómo responder.
—Entiendo el miedo, Juliana. De verdad lo entiendo.
Pero creo que hay una diferencia importante entre "precipitado" y "decidido".
La primera vez fuimos precipitados en el sentido de que no hablamos suficiente sobre lo que la distancia realmente significaría.
Esta vez, llevamos semanas hablando de esto todos los días, examinando cada posible obstáculo, siendo honestos sobre nuestros miedos. Eso no es precipitación. Es claridad.
—¿Y si me equivoco? ¿Y si esto no es claridad sino solo desesperación disfrazada de decisión?
—Entonces lo vamos a descubrir juntos, y vamos a ajustar el plan si hace falta.
—Su voz sonaba tranquila, firme, sin ninguna irritación por mi pánico repentino—.
No estoy pidiéndote una garantía de que esto va a funcionar perfectamente, Juliana.
Nadie puede darte eso. Solo te estoy pidiendo que confiemos en el proceso que ya empezamos: hablar, ser honestos, ajustar cuando algo no funcione, en vez de asumir en silencio que sabemos lo que es mejor para el otro.
Respiré hondo, sintiendo que el pánico, lentamente, empezaba a ceder ante la solidez de su respuesta.
—Perdón por llamarte a las tres de la mañana con una crisis existencial.
—Para eso estoy, Juliana. Para las tres de la mañana y para todas las horas del día que hagan falta. Eso es, literalmente, lo que significa hacerlo distinto esta vez.
Colgamos poco después, y aunque el miedo no desapareció por completo, sí encontré, por primera vez en mucho tiempo, la capacidad de sostenerlo sin dejar que tomara todas las decisiones por mí.